Alemania

Sexo, napalm y copas de vino

Juan Carlos Tellechea

jueves, 8 de febrero de 2018
Düsseldorf, domingo, 28 de enero de 2018. Deutsche Oper am Rhein (Ópera de Düsseldorf). La valquiria (Die Walküre), ópera en tres actos con música y libreto de Richard Wagner (1813 – 1883), inspirada en la mitología escandinava, especialmente en la Volsunga y la Edda poética, estrenada el 26 de junio de 1870 en el Königlichen Hof-und Nationaltheater, de Múnich; es la segunda de las cuatro óperas que componen el ciclo de El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen), compuesto, con intervalos, entre 1848 y 1874. Régie Dietrich W. Hilsdorf. Asistente Dorian Dreher. Escenografía Dieter Richter. Vestuario Renate Schmitzer. Iluminación Volker Weinhart. Dramaturgia Bernhard F. Loges. Intérpretes: Simon Neal (Wotan), Corby Welch (Siegmund, hijo mortal de Wotan), Elisabet Strid (Sieglinde, hija mortal de Wotan y hermana melliza de Siegmund), Sami Luttinen (Hunding, esposo de Sieglinde), Renée Morloc (Fricka, esposa de Wotan y diosa del matrimonio). Las valquirias: Linda Watson (Brünnhilde, hija de Wotan y Erda, la Tierra); sus hermanas: Josefine Weber (Helmwige), Jessica Stavros (Gerhilde), Katja Leven (Ortlinde), Katarzyna Kuncio (Waltraute), Zuzana Šveda (Siegrune), Maria Hilmes (Roßweiße), Katharina von Bülow (Grimgerde), Evelyn Krahe (Schwertleite). Comparsas de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director Axel Kober. 100% del aforo.
Sami Luttinen © 2018 by Michel HansJoerg

No cabe la menor duda de que Fricka (sobresaliente la mezzosoprano alemana Renée Morloc), la mujer de Wotan (el barítono inglés Simon Neal, perfecto en su rol de vulnerable dios), es quien lleva verdaderamente los pantalones en el Valhalla, tras haber visto la excelente producción de La Valquiria del regisseur Dietrich W. Hilsdorf, estrenada entre ovaciones este domingo 28 de enero de 2018 en la Ópera de Düsseldorf.

Hilsdorf se vale de una escenografía unitaria (Dieter Richter) para representar en el primer acto la cabaña de Hunding (esposo de su hija Sieglinde) y después el sombrío reino de los dioses germánicos en épocas mitológicas. ¿Pero, qué es unitario en este ámbito? Un par de semanas antes del estreno visitamos los grandes talleres de la Deutsche Oper am Rhein, en Duisburgo y pudimos constatar la complejidad de una construcción que requiere cambios importantes dentro de su estructura, así como un piso especial para que la acción se desarrolle sin contratiempos. Razones de sana economía presupuestaria llevaron forzosamente a Hilsdorf y Richter a la austeridad en los decorados, cosa que no le ha venido del todo mal a la obra. Cuando el bajo finlandés Sami Luttinen canta el papel de Hunding, el recinto se torna más siniestro aún.

El Valhalla debió de haber practicado ya en aquellos pretéritos tiempos el comercio con la Duat de los egipcios y con el Olimpo de los griegos, pese a las remotas distancias que los separaban, porque es notable la abundancia de vino que Hilsdorf deja correr, como agua, sobre la mesa de estas divinidades nórdicas. Wotan y los suyos tuvieron que haber mantenido especiales contactos con Hepu y Dioniso, aunque en su reino no predominaran ni la verdad ni la justicia ni el equilibrio ni la armonía cósmicos (maat) de los panteones de aquellos proveedores, a juzgar por las infernales discusiones conyugales que mantiene con Fricka. Parece que en definitiva el vino y no la hidromiel del libreto wagneriano lubrica mejor las gargantas del elenco. La diosa del matrimonio que controla sus celos con elegancia y con muy buena carga en la voz, es quien logra mantener el orden en el hogar, pese a las escapadas de un Wotan que finalmente constata que de nada le sirven esos experimentos adúlteros. Los aplausos y ovaciones en medio de las escenas preludian ya las estruendosas aclamaciones al final de la representación.

El estadounidense Corby Welch le presta heroicas cualidades de tenor a Siegmund y la soprano sueca Elisabet Stried hace una Sieglinde sacrificada y conmovedora hasta las lágrimas. Del viejo tronco de fresno que se yergue en el lugar, extrae Siegmund la mítica espada Nothung para defenderse de Hunding. Sin saber que son hermanos mellizos, ambos han mantenido una relación amorosa a espaldas de éste, de la que nacerá Siegfried, el héroe de la próxima ópera de El anillo (prevista para el 7 de abril aquí en Düsseldorf).

Es Fricka quien ordena a Wotan que los mate para castigarlos por adulterio e incesto. La diosa sabe que son hijos de las aventuras extramaritales de su cónyuge. La desesperación y la tristeza del quebrantado dios padre, acorralado por su mujer, es más que evidente cuando confía sus problemas a una Brünnhilde de la talla de la experimentada soprano dramática californiana Linda Watson. ¿Cómo puede imaginar Wotan que una valquiria como ella (hija bastarda de su fornicación con Erda, la Tierra) pueda obedecerle? No tendrá más remedio que hacerse cargo él mismo, personalmente, con su lanza de la aberrante acción de desarmar a su amado vástago y dejarlo inerme hasta que sucumba ante Hunding.

Brünnhilde y sus ocho hermanas, excelentemente interpretadas por las sopranos Josefine Weber (Helmwige), Jessica Stravros (Gerhilde) y Katja Levin (Ortlinde); las mezzopranos Katarzyna Kuncio (Waltraute), Zuzana Šveda (Siegrune) y Katharina von Bülow (Grimgerde); así como las contraltos Maria Hilmes (Roßweiße) y Evelyn Krahe (Schwertleite), cabalgan muy firmes, extraordinariamente versadas en sus respectivos personajes, pero no sobre auténticos corceles. Las valquirias recogen las almas de los héroes caídos en combate en un helicóptero militar que, antes de que comience el último acto, sobrevuela la platea con el atronador sonido de sus rotores, en una evocación reverente que se permite Hilsdorf a la varias veces laurada película bélica Apocalypse now (1979), de Francis Ford Coppola, quien utilizó la célebre cabalgata de las hijas de Wotan en la terrible escena del cobarde y abominable bombardeo con napalm de un poblado vietnamita.

Los atuendos de los personajes femeninos (vestuario Renate Schmitzer) son bellísimos; no es el caso de la indumentaria de estilo castrense de Wotan, Siegmund y Hundling. El elegante vestido negro, largo y escotado de Fricka gusta tanto a Renée Morloc, según hemos oído durante el segundo intervalo de muy buena fuente, que la cantante preferiría quedarse con él para siempre y no devolverlo nunca más al almacén de la producción. 

Axel Kober dirige magistralmente a la orquesta Düsseldorfer Sinfoniker. El maestro sabe extraer de la partitura de Wagner innumerables, mágicos matices que permiten mantener la tensión y el suspense de la obra hasta el último instante. Así es como va tomando cuerpo con gran éxito este Anillo de la Deutsche Oper am Rhein (la comunidad de teatros de Düsseldorf y Duisburgo), tras el estreno de El oro del Rhin el año pasado. Es una gran fortuna para la compañía haber podido reunir un elenco musical tan extraordinario como éste. Más estruendosos aún que los motores de la aeronave valquiriana fueron los aplausos, las ovaciones, las exclamaciones y silbatinas de aprobación, con varios cierres y aperturas de telón de esta representación memorable.

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