Discos

Délicatesse

Raúl González Arévalo

viernes, 9 de febrero de 2018
Marin Marais: Sémélé, tragédie lyrique en cinco actos (1709). Shannon Mercer (Sémélé), Bénédicte Tauran (Dorine), Jaël Azzaretti (La grande prêtresse de Bacchus), Hjördis Thébault (Junon), Anders J. Dahlin (Adraste), Thomas Dolié (Jupiter), Lisandro Abadie (Mercure), Marc Labonnette (Cadmus/Le grand prêtre de Bacchus). Le Concert Spirituel. Hervé Niquet, director. Grabado en Nôtre Dame du Liban de París (Francia) en febrero de 2007. Dos CD (DDD) de 137 minutos de duración. GLOSSA GCD 921631. Distribución en España: Semele.

Como todo en la vida, hay músicas para todos los públicos y otras son bocados exquisitos para oídos exigentes y preparados. La producción de Marin Marais pertenece a este segundo grupo. Ya lo avanzó en 1991 su presentación ante un público más amplio, esa memorable película que es Tous les matins du monde (Todas las mañanas del mundo) y su maravillosa banda sonora liderada por Jordi Savall. Los esfuerzos del joven Marin Marais (intenso Guillaume Depardieu) por perfeccionar su domino de la viola da gamba con Monsieur de Saint Colombe (inmenso Gérard Depardieu) pusieron en el mapa un instrumento poco conocido fuera de los círculos musicales específicos, así como un compositor de producción extraordinaria pero prácticamente invisible para el gran público. 

Al igual que ocurría con Vivaldi, cuyos conciertos para violín y orquesta (con Las cuatro estaciones a la cabeza) eclipsaron hasta hace poco más de una década su producción lírica, el nombre de Marais quedó ligado a la viola da gamba y poco más. A diferencia del Prete Rosso, sus óperas siguen siendo prácticamente desconocidas, no solo porque su catálogo es más reducido (Alcide, Arianne et Bacchus, Alcyone y Sémélé) sino porque además tiene poca presencia discográfica. Alcyone, unánimemente reconocida como la mejor, tiene una extraordinaria grabación de mano de Mark Minkowski (MusiFrance, 1990), descatalogada en la actualidad hasta donde sé. Sémélé cosechó un cierto fracaso que hizo que su autor abandonara el género. Sin embargo, la fortuna es caprichosa y la grabación de Hervé Niquet para Glossa revela una música de calidad estratosférica. De ahí también la oportunidad de la reedición para quien no la tenga. Es de agradecer además que, en un momento en el que las grandes discográficas, de Warner (con el fondo de Emi y Virgin) a Sony, están tirando de catálogo con reediciones que no traen no ya el libreto de las óperas, sino tampoco las notas originales, Glossa haya optado por mantenerlo todo. Tanto por su altísima calidad y la dificultad para encontrarlo fuera, como por el acabado final del producto que adquiere el melómano. 

Marais es el eslabón entre Lully, el creador de la tragédie lyrique francesa, y Rameau, que la llevó a un nuevo momento de esplendor. Su conocimiento es tan obligado para conocer la evolución musical en el país vecino durante el siglo XVIII como el de Cavalli para entender el desarrollo posterior a Monteverdi en Italia. Además, como siempre en la ópera barroca francesa, la importancia otorgada al aspecto teatral hace que el texto sea de una calidad literaria magnífica, no en vano es obra del gran Quinault, equivalente francés de Busenello. Para los que aprecien el francés antiguo es un regalo. Respecto a la música, quienes conozcan la obra de Lully observarán inmediatamente que hay un mayor desarrollo melódico, con más presencia de arias sobre recitativos y mayor ligereza en las propuestas musicales, especialmente por la abundancia inusual de danzas.

En el reparto no destaca ningún intérprete de manera individual, ni por calidad de voz ni por interpretación; antes bien, funciona a una, con un verdadero espíritu de equipo, con un alto nivel de canto y, fundamental en la tragédie como en Monteverdi, un dominio de la palabra, de la pronunciación y de los recursos dramáticos sobresaliente. La dirección de Hervé Niquet no deja caer la tensión un solo instante, avanza sin parar con un ritmo constante, aunque flexible según los momentos musicales y variado en la paleta de colores y dinámicas, con un Concert Spirituel magnífico como siempre. Lo dicho, un bocado exquisito.

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