Bajo la alfombra de Enrique Granados

La Cartuja de Porta-Coeli, una carta perdida y otras historias feéricas

Xoán M. Carreira

viernes, 9 de febrero de 2018

La investigación biográfica sobre Enrique Granados se ha convertido en una tarea ardua a pesar de lo sencillo que resulta consultar las fuentes primarias y secundarias, en gran parte disponibles on-line. Sin embargo, por obra y gracia de la fascinación hispánica por el género hagiográfico, llegar a conocer los detalles más nimios de la vida de Granados es un camino plagado de obstáculos sembrados por presuntos especialistas en Granados, más dados a la práctica de la musicología creativa que al ejercicio académico de la historia. 

Tal es el caso, por ejemplo, del matrimonio entre Enrique Granados Campiña y Amparo Gal Lloveras, de quien los presuntos especialistas en Granados no han sido capaces de decirnos ni el lugar ni la fecha exacta de su nacimiento (Valencia: 1870) a pesar de ser una información que consta en el registro de bautismo en la parroquia de San Martín de Valencia así como en la documentación administrativa del matrimonio de Amparo y Enrique. Una documentacion que diversos autores afirman haber consultado personalmente sin haber reparado en los datos vitales y civiles sobre los contrayentes que el registro matrimonial proporciona. Por ejemplo, que al menos desde octubre de 1888, la familia Gal Lloveras residía en la calle Trafalgar 8, entresuelo, de Barcelona, ciudad en la que habían nacido el padre y la madre de Amparo. Segun se deduce de las cartas de Amparo a Enrique, en esa misma finca estaba la empresa familiar, probablemente una fabrica textil a tenor de su ubicación urbana, y que en ella trabajaba como encargado José Achón Bitz, esposo de Paulita Gal Lloveras.

Del mismo modo, ignoramos casi todo sobre los padres de Granados -apenas la condición militar de la familia y algún dato aislado sobre los destinos del coronel Calixto Granados- y no sabemos casi nada sobre los padres de Amparo (las especulaciones no son información, son opiniones a menudo gratuitas). 

De modo que la primera y única fuente de información sobre cómo y dónde (que no cuándo) se conocieron Amparo Gal y Enrique Granados es el libro Papeles íntimos de Enrique Granados (1966) de Pablo Vila. Puesto que esta fuente ha sido plagiada sin pudor ni rubor por numerosos autores desde hace medio siglo, creo necesario reproducirla aquí:

En Valencia, Enrique Granados para, como ya lo hizo otras veces en casa de los amigos de su padre señores de Carbajosa. Estos Carbajosa son gente de posición que poseen el bello lugar llamado Porta-Coeli, magnífico monasterio rodeado de bosques y jardines que más tarde cedieron o traspasaron a la Diputación Provincial.

En casa de los Carbajosa, se dan fiestas familiares donde Granados toca el piano ante el asombro de todos. Una familia muy amiga de los Carbajosa y que no falta a una sola de sus reuniones está compuesta por el comerciante valenciano don Francisco Gal, su esposa doña Francisca Lloberas, que es catalana y sus hijas Amparo y Paulita que son dos muchachas preciosas y simpáticas.

Entre Amparo Gal y Enrique Granados se establece pronto una comunicación juvenil que empieza en identidad de gustos musicales y poco a poco va transformándose en amor, que interrumpe el regreso de Granados a Barcelona terminados sus compromisos artísticos. 

Pero aquel muchacho melancólico, de larga melena, ojos claros y adormilados y bigotes lacios que flotan sobre una boca en constante rictus de escéptico, tiene puesto el pensamiento constantemente lejos. Cuando no se entrega totalmente a su música, a sus composiciones, no piensa más que en la muchacha valenciana que ha absorbido su interés e inflamado su corazón.

Y el destino le favorece.

A don Francisco Gal, no le van bien los asuntos comerciales en Valencia, razones económicas y particulares que no tienen sitio en este libro, le deciden a abandonar la capital del Turia, y como su mujer doña Francisca Lloberas es catalana y tiene parientes en Barcelona deciden trasladarse a esta ciudad en busca de acomodo y mejor suerte.

Enrique Granados recibe la noticia de la llegada de los Gal como un favor del cielo. Corre a visitarles a la calle de Tallers, frente a lo que fue Hospital Militar y hoy es Plaza de Castilla, les pone en contacto con los suyos, organiza alguna reunión familiar y de todo ello resurge avasallador el cariño de Amparo y Enrique hasta el punto de que pronto hablan de casamiento.1

Como es obvio, la emotiva narración de Vila debe ser considerada como una muestra de literatura, a duras penas tangente con la historia, más concretamente con el género de la biografía científica. Vila no considera necesario comunicarnos cuáles son las fuentes de su información sobre la familia Carbajosa, sus actividades sociales y su labor de mecenazgo, tampoco lo hace sobre su relación con la familia Gal-Lloveras, cuál era la actividad comercial de esta y manifiesta su voluntad de ocultar las "razones económicas y particulares" de su traslado a Barcelona en una fecha que no menciona pero que, como minimo, se produjo tres años antes que el supuesto recital de Granados en Porta Coeli.

Parece obvio que ignora que Carbajosa era un perito agrónomo y que su propiedad en los terrenos de la antigua Cartuja, era una granja, no una mansión. Por otra parte en 1900 el domicilio en la familia Gal-Lloveras estaba situado en el municipio de Ripollet, donde falleció Francisco Gal y Sabatés el 30 de agosto de 1901. Un modesto lugar de residencia que casa mal con la imagen de próspero comerciante que se nos ha transmitido sobre Francisco Gal.

En medio de tanta bruma es fácil encontrar algunos espejismos como el idílico lugar en el cual se enamoraron Amparo y Enrique, la Cartuja de Porta-Coeli, que no consta que haya sido propiedad de la familia Carbajosa. Desamortizada en 1835, la Cartuja fue adquirida en 1867 por el banquero Vicente Bertrán de Lis, embargada por el Estado en 1872 y revendida a Lino Alberto Reig. Hacia 1900 se convirtió en hospital antituberculoso, en 1939 en campo de concentración franquista, y en 1943 fue devuelta a la orden cartuja. En relación a la Cartuja de Porta-Coeli, Perandones afirma que la cartuja había sido vendida durante las desamortizaciones y que Francisco Carbajosa Amorós, adquirió parte de la misma para convertirla en granja y residir en ella. Según Perandones, en 1898 Francisco Carbajosa arrendó su propiedad al gran fisiólogo Francisco Moliner quien la destinó a sanatorio antituberculoso.2 Sin que conste el propietario de las dependencias, sabemos que:

El Dr. Francisco Moliner, consciente de la deficiente atención sanitaria que se dedicaba a las clases más humildes y en especial directamente relacionado con las deficientes condiciones de los locales en los que trabajaban, favoreciendo la propagación de las enfermedades, en particular de la tuberculosis, propuso la creación de “granjas-sanatorios” en las que se ingresaran a los enfermos más pobres, donde mediante un tratamiento combinado de reposo, helioterapia, dieta y vigilancia médica, los afectados de la “peste blanca” pudieran conseguir la recuperación de la salud. La necesidad de estas medidas terapéuticas se vio grandemente acrecentada, siendo el Dr. Moliner presidente de la Comisión de la Cruz Roja de Valencia, y con motivo de la repatriación del ejército que luchó en la Guerra de Cuba. En este sentido, Moliner organizó en el Grao la posta sanitaria que recibía a los soldados enfermos más graves cuando llegaban al puerto. Como eran muchos los que padecían enfermedades pulmonares y venían a morir cerca de sus familias, consideró que un sanatorio donde respirasen aires puros y cálidos, con los convenientes cuidados médicos, arrancaría de la muerte a muchos de estos enfermos.

La idea inicial contemplaba que el sostén económico del proyecto derivase de la financiación mixta proveniente de fondos públicos y bonos de suscripción popular.

Relacionado con este planteamiento, en 1898 arrendó parte del edificio perteneciente a la Cartuja de Porta-Coelli, en la Sierra Calderona (Serra, Valencia), creando un consejo de administración, donde estaban representadas las primeras autoridades civiles y eclesiásticas. Además, organizó una comisión que juntamente con una “estudiantina”, viajó a Madrid, donde fue recibida por la Reina María Cristina. La Soberana fue muy favorable a las peticiones plateadas, dando un donativo en metálico para la creación del sanatorio. En este sentido, el 21 de febrero de 1899, tres días después de la visita, firmó un decreto mediante el cual el Sanatorio de Porta-Coeli quedaba bajo su protección y la de su hijo Alfonso XIII. El 3 de Marzo del mismo año, por Real Orden, fue declarada “Institución de Beneficencia Particular”

Una de las iniciativas que con gran efectividad actuó, en relación con la creación y el mantenimiento del Sanatorio, fue la denominada “suscripción del céntimo al día”, propuesta por un obrero, iniciativa que el Dr. Moliner puso en práctica y que dio como resultado la suscripción de miles de trabajadores, 14.000 según Moliner. Teóricamente 14.000 céntimos/día, significan el ingreso de 140 pesetas/día, 4.200 pesetas/mes y 50.400 pesetas/año, pero para recaudarlos se necesita un equipo administrativo cuyos costos son posiblemente superiores a los ingresos.

El Sanatorio de Porta-Coeli, futuro Hospital Doctor Moliner, se inauguró el 15 de Julio de 1899 en los locales de la antigua Cartuja. Fue necesario para ello una inversión de 25.000 pesetas, para adaptar las dependencias del antiguo convento, a las necesidades de un hospital, convirtiéndose en sanatorio benéfico para enfermos tuberculosos, una mitad de ellos soldados repatriados de la Guerra de Cuba y la otra mitad obreros.3

Por su parte, en su libro Enrique Granados. Poeta del piano (2016), Clark publica la siguiente narración:

Durante un viaje de concierto a Valencia, probablemente en el año 1891, Granados se hospedó en casa de unos amigos de su padre, la familia Carbajosa. Gente de clase alta y adinerada, los Carbajosa vivían en Porta-Coeli, un antiguo monasterio rodeado de bosques y jardines en donde celebraban fiestas con regularidad. La familia, a la que le encantaba la diversión, invitaba a Granados a tocar el piano. En uno de estos eventos, la lista de invitados incluía al empresario valenciano Francisco Gal Sabater, a su esposa, Francisca Lloveras Foix, de origen catalán y a sus hijas Amparo y Paulina.

Enrique y Amparo rápidamente experimentaron una atracción mutua, y aunque el joven pianista tuvo que volver a Barcelona, se llevó un grato recuerdo de ella. El incipiente romance podría haberse terminado en este punto, pero un cambio de circunstancias lo mantuvo vivo. Los negocios de Francisco pasaban por momentos difíciles, motivo por el cual la familia se trasladó a Barcelona. Enrique y Amparo se reencontraron y después de un breve noviazgo, él le propuso matrimonio. La diferencia de clase social podría haber sido un obstáculo, porque a pesar de la circunstancial mala racha económica de la familia de Amparo, su situación era considerablemente mejor que la de la familia Granados 4

Al igual que Vila, Clark nos oculta las fuentes de su información sobre la economía de las familias Carbajosa, Gal y Granados, así como sobre los detalles del romance entre Amparo y Enrique. Puesto a omitir, omite incluso citar el libro de Vila lo cual nos invita a creer que Clark prefirió investigar personalmente la narración de Vila. De hecho existen divergencias entre ambas, según Vila el segundo apellido de Francisco Gal era Sabatés y el primero de su esposa era Lloberas, mientras que según Clark estos apellidos eran Sabater y Lloveras. 

Tras afirmar que los apellidos reales eran Sabatés y Lloberas, Perandones otorga especial atención a la ideología de Francisco Gal y a su papel como mecenas musical:

Amparo, junto a su familia burguesa de posición acomodada, brindará al compositor el apoyo económico y personal necesario en los primeros años de su vida profesional, y Francisco Gal desempeñará el papel de padre que el compositor había perdido a temprana edad. Este empresario hacía gala de un progresismo ideológico que se ejemplifica en el apoyo incondicional a su yerno, de condición social mucho más humilde, y a su profesión de músico. Acepta de buen grado que su hija se case con él, e incluso le apoya, le aconseja y le llama "hijo". La esposa de Francisco y madre de Amparo, Francisca Lloberas, también participa de ese espíritu poco común en la burguesía decimonónica. Es significativo que, en las misas celebradas "por el alma de D. Francisco Gal", el 30 de octubre de 1901, se interpretase un repertorio en consonancia con el espíritu regeneracionista de Granados y de la burguesía catalana progresista, ya que en la Casa provincial de la Caridad "La capilla de San Felipe Neri cantó los improperios de Palestrina, los de Victoria y algunas obras de Bach".5

Al igual que Vila y Clark, Perandones oculta sus fuentes de información y nos deja en la ignorancia sobre la posición social de la familia Gal-Lloveras y sus empresas. Lo cual no evita que yerre en la cronología. El funeral de Francisco Gal se celebró el 30 de septiembre de 1901, al cumplirse el primer mes de su fallecimiento, tal y como informa La Vanguardia:

Pasado mañana lunes, a las diez de la misma, tendrán lugar en la Casa provincial de Caridad las misas por el alma de don Francisco Gal, padre político de nuestro particular amigo don E. Granados. La capilla de San Felipe Neri cantará los improperios de Palestrina, los de Victoria y algunas obras de Bach.6

En la iglesia de la Casa provincial de Caridad se celebraron ayer solemnes exequias por el alma de don Francisco Gal y Sabatés, que falleció en Ripollet el día 30 de agosto último. Numerosa y selecta concurrencia asistió al religioso acto en testimonio de condolencia por tan irreparable pérdida.7

En cuanto a la presunta ideología de Francisco Gal, tal y como expliqué en Incontinencia opiniariael repertorio cantado en su funeral era el habitual de la Capilla San Felipe Neri, al margen de que dicho repertorio rara vez es elegido por el difunto, esté o no de cuerpo presente (don Francisco no lo estaba, pues había muerto treinta días antes).

"Mi hijo es pobre, muy pobre"

Siguiendo la senda de Clark, Perandones afirma que la familia Granados era de "condición social mucho más humilde" que la familia Gal. Tal afirmación es como mínimo aventurada cuando no existe la menor información sobre la condición social de los Gal, mientras que no existe la menor duda acerca de la condición social de los Granados que desde luego no puede ser etiquetada como humilde ni en la época de la Restauración Borbónica ni en nuestros días. Los Granados era una familia de larga tradición militar, el padre de Enrique había sido un coronel con carrera brillante y en 1892 dos de sus hermanos eran oficiales. Las opiniones de Clark y Perandones son fruto de su ignorancia acerca de la vida cotidiana en la España de la Belle Époque, tantas veces exhibida en las publicaciones de estos autores. Si bien el desconocimiento es la causa de sus peregrinas perspectivas sociológicas, la fuente de este dislate concreto bien puede ser una anécdota relatada por Fernández-Cid:

Como madre -escribe la de Granados en 1892- tengo que hablar con toda la verdad a otra madre. Mi hijo es pobre, muy pobre. Por ahora no tiene más que un buen nombre. No dudo que con el tiempo podrá crearse una posición, mas ésta no se improvisa y la campaña será ruda. Por lo demás, ustedes le conocen. Si tal como es lo aceptan, ahí lo tienen. Yo se lo cedo de buena voluntad. Mi primer abrazo, para mi nueva hija Amparo; los que siguen, para usted y Paulita, y hasta me atrevo a decir para su esposo de usted y su buen hijo. A todos estoy reconocida por su cariño a mi Enrique."7

Fernández-Cid no dice dónde consultó este documento que jamás ha aparecido y nunca ha sido descrito por nadie a pesar de los muchos autores que lo han reproducido, sea como investigación original o sea citando a Fernández-Cid. Vila (1966, p 80) afirma haberlo descubierto, "aquí aparece otro papel", añade que la madre de Granados lo ha escrito con letra firme y corrige la transcripción de Fernández-Cid de la frase "la campaña será dura". Clark (2016, p 22) ignora a Fernández-Cid, cita a Vila y reproduce literalmente la transcripción de este, al igual que hace Perandones (2016, pp 84-85), quien afirma que se trata de un fragmento de una carta de Elvira Campiña a Francisca Lloveras, escrita en Cerdanyola en abril de 1892, añadiendo en nota marginal que:

La carta fue escrita tras haber comunicado la noticia del compromiso matrimonial a Enriqueta Elvira Campiña, lo que debió de ocurrir alrededor del 19 de abril de 1892.8

De la profusión de datos nuevos que proporciona Perandones se induce que tuvo en sus manos el documento. Sin embargo, oculta donde se encuentra y no aclara los motivos por los cuales en vez de publicar la integridad del mismo, se limita a reproducir la transcripción de Vila a pesar de reconocer que se corresponde a un fragmento del texto. Claro está que existe una explicación sencilla de este proceder, que Perandones no haya consultado el documento y se haya inventado toda esa información aparentemente novedosa.

Notas

1. Pablo VILA San-Juan, "Papeles íntimos de Enrique Granados", Barcelona: Amigos de Granados, 1966, pp 78-80

2. Miriam PERANDONES, 'La relación de Enrique Granados con Valencia hasta 1899 a través de su epistolario inédito', en Jorge GARCÍA, Miscelánea musical en homenaje a Josep Climent, canónigo prefecto de música de la Catedral Metropolitana de Valencia, con motivo de su octogésimo aniversario", Valencia: Institut Valenciá de la música, 2009, pp 325-344

3. Amando PEYDRÓ Olaya, 'Recuerdo histórico académico del Excmo. Sr. Prof. D. Francisco Moliner Nicolás, fundador del Sanatorio Antituberculoso de Portacoeli, con motivo del centenario de su fallecimiento', en "Anales" (Reial Acadèmia de Medicina de la Comunitat Valenciana), nº 16, 2015, pp 3-4

4. Walter Aaron CLARK, "Enrique Granados. Poeta del piano", Barcelona: Editorial de música Boileau, 2006, pp 21-22

5. Miriam PERANDONES, "Correspondencia epistolar (1892-1916) de Enrique Granados", Barcelona: Editorial Boileau, 2016, p 31

6. La Vanguardia, 28 de septiembre de 1901, p 2

7. La Vanguardia, 1 de octubre de 1901, p 3

8. Antonio FERNÁNDEZ-CID, "Granados", Madrid: Samarán Ediciones, 1956, p 70

9. Miriam PERANDONES, "Correspondencia epistolar (1892-1916) de Enrique Granados", Barcelona: Editorial Boileau, 2016, p 84, nota

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