Alemania

Und es ward Licht

Juan Carlos Tellechea
viernes, 16 de febrero de 2018
Thomas Hengelbrock © Florence Grandidier Thomas Hengelbrock © Florence Grandidier
Düsseldorf, martes, 6 de febrero de 2018. Gran auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. (La Creación), oratorio para solistas, coro y orquesta, Hob. XXI:2, de Joseph Haydn (1732 - 1809). Camilla Tilling (Gabriel), Lothar Odinius (Uriel), Tareq Nazmi (Rafael), Marie-Sophie Pollak (Eva), André Morsch (Adán). Balthasar-Neumann-Chor & Solisten. Preparación Detlef Bratschke. Balthasar-Neumann-Ensemble. Director Thomas Hengelbrock. Organizador Heinersdorff Konzerte, Klassik für Düsseldorf. 100% del aforo.
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El maestro Thomas Hengelbrock (Wilhelshaven, 1958) no deja nunca costuras abiertas, opta siempre por la extrema puntillosidad en sus maravillosas interpretaciones históricas al frente del Coro y el Ensemble Balthasar-Neumann de Friburgo que él mismo fundara en 1991 y 1995, respectivamente. Así también en esta nueva producción del oratorio Die Schöpfung (La Creación), de Joseph Haydn presentada el pasado martes 6 de febrero en el gran auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf, con los auspicios de Heinersdorff Konzerte. Hengelbrock, los solistas, músicos e integrantes del coro alcanzaron en esta velada un gran momento estelar.

La Creación no ha perdido ni un ápice de su enorme atractivo desde que fuera estrenada oficialmente el 19 de marzo de 1799 en el Wiener Burgtheater, de la capital austríaca. Todo lo contrario, mantiene sin mengua su encanto, su fascinación pese a todas las versiones realizadas hasta ahora. Ya en tiempos de Haydn la obra de 105 minutos gozaba de gran popularidad, como lo atestiguan relatos del solemne concierto que tuvo lugar el 27 de marzo de 1808 en la antigua Universidad de Viena y que dirigiera Antonio Salieri. Haydn, entonces de 76 años, fue llevado en litera hasta la sala, donde los espectadores, entre ellos Ludwig van Beethoven, lo recibieron con aplausos y vítores. Sería aquella la última vez que el compositor se mostraba públicamente; en mayo de 1809 fallecería en esa misma ciudad. Entre 1791 y 1792, así como entre 1794 y 1795 había visitado Londres, donde fue aclamado. Allí compuso asimismo no solo sus últimas obras sinfónicas, las Sinfonías Londinenses, sino que tuvo la oportunidad de conocer los oratorios de Georg Friedrich Händel y de inspirarse para componer The Creation/Die Schöpfung entre 1796 y 1797.

Para la gente de su generación Haydn alcanzaba entonces una venerable edad, casi matusalénica. Sobrevivió a Wolfgang Amadé Mozart, aún cuando podría haber sido su padre. Colocó en su juventud la piedra fundamental de la época clásica vienesa y ya septuagenario rasguñó el portón de entrada del romanticismo del siglo XIX. Música de la Ilustración hubo muy poca en su tiempo, pero en La Creación Haydn aprieta fuertemente los tubos de pintura de todos los colores; por eso gusta tanto esta obra.

En cuanto a Hengelbrock, este fue nuestro tercer encuentro con él en casi año y medio, desde que dirigiera a la orquesta NDR-Elbphilharmonie aquí mismo el 13 de octubre de 2016 y volviéramos a verlo en la inauguración de la Elbphilharmonie, de Hamburgo, el 11 de enero del año pasado. Pero esta vez hemos podido apreciar los frutos del genial trabajo que desarrolló en todos estos años con el Coro y el Ensemble que lleva el nombre del célebre arquitecto del barroco del sur de Alemania, Balthasar Neumann (Cheb/Bohemia, 1687 – Wurzburgo/Baja Franconia/Baviera, 1753). Fue precisamente en Wurzburgo donde Hengelbrock comenzó su carrera musical, primeramente como violinista, tras su formación en Friburgo con Rainer Kussmaul.

El libro del Génesis, a todas luces, no parece ser del todo exacto desde el punto de vista científico en lo que tiene que ver con la formación de nuestro planeta. Pero no se le puede negar que posee mucho de poético y de gráfico en sus descripciones. Para domar el caos, los medios clásicos no eran suficientes y debía ser  refrenado  pausadamente, con una disonancia detrás de otra por la orquesta; hasta que los ángeles pudieran recitar y cantar, el sol brillar en do mayor, las vaquitas pastar con total tranquilidad, los pajarillos trinar felices y hasta el estado del tiempo ser de total previsibilidad. Haydn compuso este oratorio en edad ya avanzada, entrando así en una fase religiosa de su vida. Como también se servía de la ópera de su tiempo, por momentos La Creación pudiera sonar algo exagerada, casi como una parodia, pero sin que esa fuera su verdadera intención. Basada en textos del Antiguo Testamento, la obra expone a través de fundamentaciones estrictamente religiosas la evolución de la Tierra con una devoción musical impresionante.

Los exquisitos solistas, la soprano Camilla Tilling (Gabriel), el tenor Lothar Odinius (Uriel), el bajo-barítono Tareq Nazmi (Rafael), la soprano Marie-Sophie Pollak (Eva) y el barítono André Morsch (Adán) contribuyeron enormemente, con gran entrega y enorme sensibilidad al éxito de esta representación, muy aplaudida al término de cada una de sus tres partes. La obra sonaba excelsa bajo la estricta batuta de Hengelbrock.

En el pasaje Es werde Licht! Und es ward Licht. (Llegue a haber luz. Entonces llegó a haber luz), en la primera parte, el director fustigó a la orquesta y al coro hasta conseguir una luminosidad deslumbrante, resplandenciente en todo el orbe. También a la luna le dió voz propia el compositor, con una expresión muy suave, dulce, queda. Todos estos elementos llegaron a la platea de forma plástica y elocuente. Los extremos se tocaban, los pianissimos, los fortissimos, los frecuentes cambios del tempo fueron prodigados con mucho cuidado y control. Hengelbrock logró extraer con gran acierto la dimensión romántica de este oratorio clásico, aumentando así todavía más la tensión.

No solo la orquesta de 120 músicos tocó excelentemente bien (brillantes cuerdas, maderas, metales y percusión), sino también el coro mixto de 50 integrantes alcanzó niveles sobresalientes. En esta senda de estrellas bajo la cúpula de la Tonhalle se destacaron las claras, bien articuladas y expresivas voces de Tilling, Pollack, Odinius, Nazmi y Morsch, cada uno en su registro y en su papel. Todos, absolutamente todos estaban exultantes, mostraban de forma radiante su gran alegría, gozo y satisfacción con esta velada musical.

Los aplausos y ovaciones fueron muy prolongados al término del concierto. El público no quería desalojar la sala así como así. Hengelbrock, el Coro y el Ensemble Balthasar-Neumann dejaron dos propinas maravillosas: el fragmento "Denn er hat seinen Engeln befohlen über dir", del Elías, de Felix Mendelssohn Bartholdy, y el Abendlied para coro a capella, de Josef Rheinberger, con una entonación precisa, majestuosa, celestial, inigualable.

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