España - Cataluña

El debut de una magnífica Julieta

Jorge Binaghi

jueves, 1 de marzo de 2018
Barcelona, miércoles, 14 de febrero de 2018. Gran Teatre del Liceu. Roméo et Juliette (París, Théâtre Lyrique –Châtelet-, 27 de abril de 1867), libreto de J. Barbier y M. Carré, música de Ch. Gounod sobre la obra de Shakespeare. Puesta en escena: Stephan Lawless. Escenografía y vestuario: Ashley Martin Davis. Coreografía: Nicola Bowie. Iluminación: Mimi Jordan Sherin. Maestro de armas: Christian Kelly-Sordelet. Intérpretes: Aida Garifullina (Juliette), Tara Erraught (Stéphano), Saimir Pirgu (Roméo), David Alegret (Tybalt), Gabriel Bermúdez (Mercutio), Rubén Amoretti (Capulet), Nicola Ulivieri (Frère Laurent), y otros. Coro (preparado por Conxita García) y Orquesta del Teatro. Dirección: Josep Pons.
Aida Garifullina © 2018 by Antonio Bofill

Al parecer la famosa ley dantesca del ‘contrapasso’ sigue vigente. Hasta ahora –particularmente aquí, pero también en otros sitios- había visto esta ópera con muy buenos o grandes tenores, pero con sopranos mucho más ‘discretas’(hubo un solo caso de empate hace mucho tiempo, pero no fue aquí y no digo nombres para evitar herir susceptibilidades). Ahora se ha producido el caso inverso. Hubo una magnífica Julieta, en el debut de Garifullina, que esperemos tenga un gran futuro. Elegancia, porte, dicción, buen fraseo (profundizará, es joven), correctas agilidades y trinos; tal vez el aria del veneno es algo fuerte para su actual volumen y densidad en centro y grave, pero salió más que airosa de ella.

Frente a ella, un ex tenor lírico ligero, que entonces era bueno o muy bueno, y ahora, cambiando su repertorio a lírico pleno, sin tomar en consideración su propio volumen, las dimensiones del teatro y las características de la orquestación de Gounod, ha salido del paso como ha podido. Pirgu ya no tiene una figura juvenil, de fraseo o valentía y arrojo quedaron por demostrar (tomó sus precauciones y quizás hizo bien), su timbre ha perdido esmalte, carece de squillo, las medias voces son falsetes blanquecinos, los agudos o se descontrolan o salen en forma de pito aunque la boca se abra desmesuradamente, y así y todo es apenas audible (el final del segundo acto fue aun peor que su famosa aria, que no convenció a todos por lo que se pudo oír y aunque al final se salvara por los pelos de una intervención que sería piadoso calificar de mediocre). Es extraño (aunque no sé por qué me asombro todavía) que si bien, tardíamente, a ella le han hecho compartir funciones con otra colega, él tenga que asumirlas todas. Se me ocurren varios nombres mucho más interesantes y seguros que él, incluso alguno de España, pero parece que a quien lo contrató no. En la función a la que me refiero a continuación estuvo algo mejor en los dos primeros actos, pero bastante peor en el último.

En otras funciones posteriores hubo otra Juliette, Katerina Tretyakova, que este año había debutado en el segundo elenco de Un ballo in maschera como Oscar, el paje, de forma muy halagüeña. Ciertamente este personaje es de otra envergadura, y aquí se evidenció un problema en los sobreagudos, estridentes, y en general en una emisión abierta en toda la zona aguda. Frente a eso, la voz tiene más cuerpo –relativamente siempre- que la de su antecesora, en particular en el centro y su figura y actuación son igualmente convincentes, pese a que su jovencita ingenua es en los dos primeros actos un tanto descarada. Por las características mencionadas brilló más a medida que pasaba la ópera y de su mejorable vals del primer acto llegó a un tercero, y especialmente a los dos últimos, muy bien resueltos (me estoy refiriendo a la función del 19 de febrero).

El espectáculo viene de Santa Fe (Estados Unidos) y Lawless ha decidido que, como el drama es universal (y es cierto), podía muy bien pasar en la guerra de secesión norteamericana. Es su única idea nueva, ya que por lo demás es tradicional (estatua de Cupido incluida) con buenas luces, muy buenos trajes (pero no llegan a nunca a los de Lo que el viento se llevó), una escena única mortuoria –en demasía- ya que se trata de urnas negras con los nombres de difuntos (como hay mujeres, supongo que no sólo de la guerra civil. Si se trata de la bóveda particular de la familia Capuleto en la escena final tenemos, en vez de los ataúdes que sin embargo menudean en la representación, unas hileras de calaveras tipo mártires cristianos no muy elegantes, pero sobre todo nada siniestras). Con el agregado de que si todo resulta así demasiado mortuorio o mortífero, el baile inicial y los supuestos momentos felices resultan muy ‘puritanos’, poco ‘veroneses’ (o lo que sea que era en el Renacimiento, pero seguramente nada comparable con los estados sureños de los EEUU), y haber pedido al coro que baile y se cambie de vestidos con velocidad supersónica no debería haber sucedido. Tampoco que el padre Laurent (que ciertamente es un sacerdote un tanto irregular en sus procedimientos) sea al mismo tiempo médico de campaña y tenga en su convento instalado un hospital y esté adecuadamente ensangrentado, y se fume su puro y se beba su whisky. Menos que el escenario siempre tenga mucha más gente que la que tiene que haber, aunque nunca tanto como en el acto final, que, me parece, Gounod pensó en forma muy íntima y aquí, menos algunos de los difuntos que han quedado por el camino, se presentan todos con lo que el suicidio se convierte en una mera representación teatral. Hay algunas buenas ideas en la dirección de artistas, en particular en los secundarios.

Pons dirigió bien al principio, un poco plúmbeo en las danzas y el ritmo de vals (incluido el de Juliette, todos ellos muy franceses y poco yanquis o confederados), pero pasó a notable en los demás actos, en especial los tres últimos. La orquesta le respondió muy bien y el coro cantó muy entregado y en buena forma (en la función del 19 hubo vacilaciones en el principio del segundo cuadro del cuarto acto).

Es larga la lista de los personajes ‘secundarios’, comenzando por los dos bajos principales. Amoretti (Capulet) estuvo pero qué muy bien y en esa parte endemoniada y poco grata salió con la cabeza bien alta aunque algún agudo lo apuró hasta el límite. Ulivieri fue un buen Laurent pese que a en su primera intervención (el casamiento) sus graves resultaron cortos e insuficientes. Palatchi resultó un adecuado Duc (no sé cuál sería su equivalente en tierras del nuevo mundo, ¿gobernador?, aunque estaba vestido como lo que se suponía en su origen). También el miembro del coro que encarnó al hermano Jean, Dimitar Darlev, aportó buen canto.

Bermúdez hizo el Mercutio que ya le había escuchado en Viena y de igual forma. Buena figura, excelente movimiento, rendimiento vocal por debajo de lo que sus medios prometen porque sigue con emisión engolada. Aunque de ser por ello fue preferible al París de Galán, que también tiene buena voz, pero allí se queda. Una pena que Beñat Egiarte (Benvolio) tenga un papel tan exiguo. En cambio, muy relevante el criado de los Capuleto, Grégorio, un excelente Germán Olvera. Si dejamos las voces graves masculinas, queda el Tybalt de Alegret, muy correcto pese a su voz pequeña y nasal: muy bien actuado y fraseado.

Las otras dos damas, mezzosopranos, debutaban. La Gertrude (nodriza) de Resmark fue notable escénicamente, de voz importante y de francés discutible (las ‘r’ eran un suplicio). Erraught en Stéphano, el paje, tuvo que luchar con una marcación algo exagerada (y aún más ridícula por las otras dos damas ‘pajes’ que la acompañaban en sus evoluciones) y una figura poco adecuada, pero cantó muy bien, con gran aplomo y musicalidad; ahora bien, si se trata de una mezzo, como tendría que ser la parte, es otro caso de una voz tan clara que más bien parece de soprano corta.

El público, muy numeroso (fue un alivio ver el Liceu tan lleno), estuvo bastante parco en sus aplausos. Cuando un grupo estridente de seguidores de Pirgu manifestó su entusiasmo tras una versión de la gran aria del segundo acto que fue, digamos, desconcertante, naturalmente provocaron la reacción contraria, aunque al final del espectáculo todos tuvieron su buena ración de aplausos (que raleó al aparecer el equipo escénico, pero sin ninguna manifestación airada).

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.