Alemania

La ponderada sensibilidad de Schaghajegh Nosrati

Juan Carlos Tellechea

jueves, 8 de marzo de 2018
Düsseldorf, lunes, 29 de enero de 2018. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Johann Sebastian Bach (1685 – 1750), Concierto en do menor para dos pianos, BWV 1060, Concierto en do menor para dos pianos BWV 1062, Ricercar a 3 (piano solo), de Musikalisches Opfer BWV 1079, Ricercar a 6 (cuerdas), de Musikalisches Opfer BWV 1079. Wolfgang Amadé Mozart (1756 – 1791), Bläserserenade en do menor KV 388, Nacht Musique, Concierto para piano en do menor KV 491. Sir András Schiff, piano y dirección. Schaghajegh Nosrati, piano. Cappella Andrea Barca (violines 1: Erich Höbarth, Kathrin Rabus, Yuuko Shiokawa, Mary Ellen Woodside, Georg Egger, Alison Bury, Erika Töth, Jiri Panocha; violines 2: Andrea Bischof, Zoltán Tuska, Albor Rosenfeld, Susanne Mathé, Armin Brunner, Regina Florey, Pavel Zejfart, Eva Szabó; violas: Hariolf Schlichtig, Alexander Besa, Louise Williams, Anita Mitterer, Annette Isserlis, Miroslav Sehnoutka; violonchelos: Christoph Richter, Xenia Jankovic, Rafael Rosenfeld, Heidi Litschauer, Jaroslav Kulhan; contrabajos: Brita Bürgschwendtner, Beatriz García Panach; flauta Wolfgang Breinschmid; oboes Louise Pellerin, Reinhold Malzer; clarinetes: Riccardo Crocilla, Toshiko Sakakibara; fagotes: Claudio Alberti, Christoph Hipper; trompas Marie-Luise Neuenecker, Irene López del Pozo; trompetas: Neil Brough, Simon Gabriel; timbal: Stefan Gawlick). Organizador Heinersdorff Konzerte Klassik für Düsseldorf. 100% del aforo.
Schaghajegh Nosrati © Irene Zandel

Sir András Schiff (Budapest, 1953) es un Señor, así con mayúsculas; un auténtico caballero, como hemos podido apreciar nuevamente en el exquisito concierto que presenciamos el pasado lunes 29 de enero en el gran auditorio de la Tonhalle, de Düsseldorf selecto por los cuatro costados.

El maestro no solo fascinó a la platea por su singular ejecución, sino también por su hábil conducción de la Cappella Andrea Barca y por haber compartido su prestigio, en este doble concierto con obras de Johann Sebastian Bach, con la pianista Schaghajegh Nosrati (Bochum, 1989), todo un talento, treinta y seis años más joven que él.

Schiff se siente en su salsa en medio de la música; gracias a ésta se mantiene joven y animado a emprender nuevos proyectos. La velada está íntegramente dedicada a la tonalidad en do menor, por lo que Sir András prescinde exprofeso de poses y protagonismos en la dirección orquestal. Todos los músicos de la Cappella son también excelentes solistas (entre ellos su mujer, la violinista Yuuko Shiokawa), y él los eligió personalmente, uno por uno, para integrar el conjunto a sabiendas de que le harían más facil aún la tarea.

Nosrati, nacida en el seno de una familia iraní radicada en Alemania, es desde 2015 profesora de la Escuela Universitaria de Música, Teatro y Medios, de la ciudad de Hannover, y cultiva un amplio repertorio que a Schiff le debió haber parecido muy próximo a su ponderada sensibilidad, de ahí esta invitación especial. El maestro dejó en manos de Nosrati la parte solista del Concierto en do menor para dos pianos, cuerdas y bajo contínuo BWV 1060, mientras él ponía en movimiento a la orquesta y tocaba de pie los primeros compases.

Schaghajegh Nosrati, algo retraída al príncipio, encontró instantes después el tono, la seguridad y el tempo justos, así como la postura correcta, siguiendo a Schiff con nítidos fraseos en esta exquisita pieza. Solista, director y orquesta (formada entre 1999 y 2005 para ejecutar todos los conciertos para piano de Mozart, durante las Semanas Mozartianas de Salzburgo), disfrutaban muchísimo de la ejecución, muy bien ajustados en el Allegro, así como en el muy delicado y reflexivo Largo ovvero (con pizzicato), y en el vivaz Adagio – Allegro. La música sonaba a veces austera y severa, pero jamás estéril en los movimientos más rápidos, ni pegajosamente romántica en los más lentos.

Los retardos y silencios, perfectamente calculados, tuvieron su muy buen efecto. El Bösendorfer con tapa abierta de Nosrati, permitía escuchar claramente su prolongada ejecución. El piano de Schiff, cerrado, sonaba más apagado. Ella estaba más pendiente de la partitura que tenía delante y algo nerviosa daba vuelta presurosamente las páginas; el maestro, casi sin mirar las notas, seguía de cerca muy satisfecho la labor de su invitada y la acompañaba elegante y magistralmente.

A continuación la Cappella interpretó la Bläserserenade en do menor de Wolfgang Amadé Mozart KV 388, Nacht Musique, con dos oboes (Louise Pellerin y Reinhold Malzer, dos clarinetes (Riccardo Crocilla y Toshiko Sakakibara), dos fagotistas (Claudio Alberti y Christoph Hipper) y dos trompas (Marie-Luise Neunecker e Irene López del Pozo). Schiff y Nosrati, con sus pianos cerrados no abandonaron el escenario y escucharon con sumo interés la ejecución.

Oboístas, a la izquierda, y clarinetistas, a la derecha, dialogaban de forma constante, (en el Allegro con gran energía, en el Andante de modo más ensimismado, en el Minuetto in canone con elegancia y refinamiento, y en el Allegro con fluidez, soltura y vivacidad) mientras en el centro fagotes y trompas practicaban vigorosas incisiones, pero también emocionantes, sabrosas intervenciones solísticas. El primer oboe sonaba tal vez algo comprimido al comienzo, al contrario de los clarinetes que llegaron de inmediato al alma del público.

En el segundo Concierto para dos pianos en do menor de Bach, BWV 1062, Schiff y Nosrati trocaron puestos y como era de esperar la interpretación de Sir András denotaba la claridad y precisión de un gran maestro, la madurez de un buen conocedor de la obra; de quien incluso un prometedor talento como su invitada tiene todavía mucho que aprender, por supuesto.

El pianista británico de origen húngaro, concentrado en su instrumento y dirigiendo a la vez a la Cappella Andrea Barca, nos entregó una maravillosa versión de Bach (su compositor preferido, junto con Mozart), muy efusiva y vivaz en el Allegro, muy romántica, tierna y delicada en el Andante e piano, así como con gran virtuosismo y toda la fuerza de su espíritu en el Allegro assai. Las transiciones y puntos culminantes quedaron más o menos autónomamente en manos de la orquesta que tocaba con suprema consagración. Las ovaciones y exclamaciones de ¡bravo, bravo, bravo!!! cerraron los conciertos de Bach, mientras Schiff abrazaba afectuosamente a la solista.

Tras el intervalo, la segunda parte del concierto estuvo enteramente consagrada por Sir András y la Cappella Andrea Barca al Concierto en do menor de Mozart, KV 491, y al Ricercar a 3 (piano solo), de Musikalisches Opfer (Ofrenda musical), de Bach, BWV 1079, así como al Ricercar a 6 (cuerdas), del mismo ciclo, fruto de un encuentro a comienzos de julio de 1747 con el rey prusiano Federico II, el Grande, en el palacio de verano de Sans Souci que acababa de ser inaugurado en Potsdam, para quien improvisó al vuelo, ante el asombro de todos los presentes, una fuga en el clavecín que más tarte transcribió en una partitura.

El hijo de Bach, Philipp Emanuel era por aquel entonces clavecinista del rey y se había casado con una berlinesa. De ese matrimonio nació el primer nieto de Johann Sebastian que éste quería conocer al igual que a su nuera. Bach recogió en Halle (Sajonia-Anhalt) a su hijo mayor, Friedemann, quien era organista en esa ciudad, y juntos viajaron en carruaje hasta Berlín, desde donde se dirigieron de inmediato a Potsdam.

De algún modo, el genial compositor debió haberse sentido aguijoneado por la falta de reconocimiento de parte del monarca, quien tampoco lo retribuyó monetariamente por haber venido expresamente a su nueva residencia y haber probado durante un fin de semana los diferentes clavecines y fortepianos distribuidos en varias de las salas palaciegas. Bach compuso entonces magistralmente esta serie real que mandó grabar en planchas de cobre y que en realidad era más un disimulado homenaje a su propia majestuosa genialidad no correspondida por el austero rey, rayano en la tacañería, de la casa de los Hohenzollern.

Recogiendo enorme fuerza de la orquesta, Schiff, con mucha sensibilidad, le quitó en el Bösendorfer severidad e impenetrabilidad al complicado tema de seis minutos de duración que el monarca prusiano entregó a Bach para demostrarle sus habilidades musicales y ponerlo a prueba. Sin que mediaran aplausos entre ellas, el conjunto interpretó la otra pieza, de ocho minutos, con gran exquisitez.

Musikalisches Opfer tituló Bach este ciclo integrado por diez cánones, una sonata para trío (flauta, violín y bajo contínuo) y dos Ricercare, es decir Regis Iussu Cantio Et Reliquia Canonica Arte Resoluta (El tema encargado por el rey y algo más de forma canónica). Ricercare significa en italiano buscar o investigar, y ese motivo básico se refleja en todo el ciclo, especialmente en los mencionados a 3 y a 6, donde se cruzan y entrecruzan maravillosamente sutiles tonalidades mucho más adjudicables a Bach, por su estilo, que a Federico II.

De pie y con las manos en alto, el maestro puso de nuevo en marcha a la Cappella para interpretar el Concierto de Mozart. La ejecución fue maravillosa. Entre los solos, magníficamente ejecutados por Schiff, éste impulsaba con gran vigor a la orquesta cuando todas las secciones debían intervenir al unísono y, en otros pasajes, indicaba las entradas de las maderas con los dedos extendidos. Todo ocurría con mucha exactitud, con suma precisión, con mucho cariño por Mozart.

Al final, al maestro no se lo veía en absoluto cansado y como propina para coronar esta tarde en do menor eligió la tonalidad paralela de mi bemol mayor para rendir homenaje a Düsseldorf y a su eximio compositor, Robert Schumann (1810 - 1856), con Geistervariationen (1854), una de sus últimas piezas, muy sentida, y lamentablemente muy poco conocida y tocada. Largos, larguísimos minutos de aplausos, ovaciones y más gritos de ¡bravo, bravo!!! le pusieron cierre definitivo a esta selecta (en todos los aspectos) tarde musical.

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