Artes plásticas y exposiciones

Karl Marx, la Iglesia Católica y la dignidad del trabajo

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 14 de marzo de 2018
Sello soviético de Karl Marx © Dominio público

La Iglesia Católica ha decidido, sin mucha alharaca ni controversias públicas sobre si procede o no, adherir también al bicentenario del nacimiento del filósofo y economista alemán Karl Marx (1818 – 1883) en Tréveris. El Museo Episcopal y Diocesano de la Catedral de esta ciudad se sumará a la conmemoración con una muestra de arte titulada LebensWert Arbeit (Trabajo, dignificador de vida), en la que precisamente abordará este aspecto esencial en el pensamiento de Marx.

La exposición sigue con total fidelidad la línea apostólica y pastoral del papa Francisco, para quien el trabajo es sagrado (…) fuente de dignidad, no solo para la persona, sino también para la familia y sobre el cual se edifica todo el pacto social que sostiene a la democracia, según sus más recientes discursos catequéticos.

Hoy debemos constatar que en el antiguo conflicto entre el trabajo y el capital se ha dado una superioridad de poder estructural del capital sobre el trabajo. El Hombre no tiene lugar en un sistema económico signado exclusivamente por el aumento del beneficio y en el que los intereses del capital son prioritarios. La persona está subordinada y degradada a un homo oeconomicus, un sujeto orientado solo a la productividad, la eficiencia y el aumento del capital. 

Afirmó el prepósito de la catedral de Tréveris, Werner Rössel, al presentar en conferencia de prensa el programa de actividades de su diócesis con motivo de la celebración.

Crece al mismo tiempo un malestar latente sobre el modo y la forma de considerar esa visión del trabajo, agrega Rössel. Cada vez son más las personas que se cuestionan sobre el valor personal y social del trabajo más allá de los valores que se miden monetariamente. Sobre todo los jóvenes desean un trabajo que tenga sentido, en el que cumplan no solo una función, sino que ejerzan un papel renovadamente creativo; un trabajo que tome en cuenta su situación personal.

Ante este panorama, el episcopado de Tréveris quiere sensibilizar sobre una comprensión integradora de economía y humanidad, de valores materiales e inmateriales, de eficiencia y creatividad, y estimular a la reflexión precisamente en la actual evolución de nuestro mundo laboral, subrayó el prelado.

Hace algunos meses, el papa expresaba ante trabajadores y ejecutivos durante una visita a una empresa siderúrgica en Génova:

Trabajando nos volvemos más personas. Nuestra humanidad florece, los jóvenes se vuelven adultos trabajando. Sobre la tierra hay pocas alegrías más grandes que aquellas que se experimentan trabajando, al igual que se experimentan pocos dolores más grandes que aquellos dolores del trabajo cuando el trabajo explota, aplasta, humilla y mata. El trabajo puede hacer mucho mal porque puede hacer mucho bien.

No sabemos si Francisco habrá leído alguna vez El capital o el Manifiesto del Partido Comunista (que está cumpliendo 140 años por estas fechas), de Marx y Friedrich Engels. Suponemos que sí, porque en las universidades jesuitas, entre las mejores del mundo, se estudian todas las ideas de la humanidad, y más aún si ellas han sido de gran influjo en la historia, como ocurre con este profundo y controvertido análisis de la economía y de las relaciones entre capital y trabajo. Precursores cristianos de Marx, los ha habído ya siglos antes, inspirados por la miseria y la injusticia, graves realidades cotidianas de entonces, y por la creciente toma de conciencia de una lucha de clases.

El jefe de la Iglesia Católica ha ido más allá aún al críticar no solo los excesos del capitalismo, sino al capitalismo en si mismo. Ya en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (El anuncio del Evangelio en el mundo actual)del 24 de noviembre de 2013, el papa había expresado a su grey que

Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía, pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.

Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, prosigue el obispo de Roma, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

Vale la pena leer y releer enteramente la exhortación del sucesor de San Pedro. De más está decir que sus palabras desataron predeciblemente ira, hostilidad y protestas de los centros de poder financiero y económico, principalmente en Estados Unidos, pero también en otros países occidentales, al ver expuestas al desnudo las inequidades y la alienación que generan sus políticas neoliberales.

Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países —en sus gobiernos, empresarios e instituciones— cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.

Por supuesto, a sabiendas de que es como tratar de convencer a un león o a un tigre a que se hagan vegetarianos y que en lugar de carne devoren hortalizas, el papa prosigue su exhortación apostólica, llamando a esas poderosas estructuras capitalistas a reflexionar sobre sus acciones:

Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética —una ética no ideologizada— permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad (San Juan Crisóstomo [Antioquía, 347 – Comana Pontica, 407]) : «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».

Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

Ojalá que estas palabras y estos empeños lleven algún día a un cambio de mentalidad.

El Museo Diocesano de la Catedral de Tréveris exhibirá en este contexto del trabajo como elemento dignificador de la vida, de la persona y de la familia, obras de numerosos artistas internacionales, entre ellos la boliviana Narda Alvarado, así como de Andreas Gursky, Claus Bach, Haroun Farocki/ A. Ehmann, Jochen Fischer, Vincent Fournier, William Kentridge, Laas Köhler, Bodo Korsig, Hervé Lesieur, Natja Kasprik, Kai Löffelbein, Chidi Kwubiri, Darius Ramazani, Hermann Recknagel , Horst Sakulowski, Nina Schmidtbauer, Ingrid Schmitt-Fassbinder, Paul Schumacher, Conny Theis, Pierre Weber y Susanne Windelen.

En el 200º aniversario del natalicio de Karl Marx y bajo el lema de Lebens Wert Arbeit, el obispado de Tréveris se centrará en el foco de tensión entre la vida laboral y la dignidad humana, así como en un aspecto esencial del pensamiento marxiano: el trabajo. El elemento medular de las actividades (conferencias, ponencias, discusiones...) programadas y dirigidas a un amplio público será: el trabajo es algo más que ganarse el pan de cada día, explica a mundoclasico.com el portavoz del Museo Episcopal y Diocesano de la Catedral de Tréveris, Markus Groß-Montag. 

Bronce de Karl Marx en Tréveris

La gran estatua de Karl Marx, donada por la República Popular de China a Tréveris, con motivo del bicentenario del nacimiento de este destacado filósofo y economista alemán, se encuentra ya en la ciudad a orillas del Mosela. Un representante del gobierno comunal recibió el bronce en una dependencia municipal. La obra, esculpida por el artista chino Wu Weishan, llegó, antes de lo esperado, el pasado viernes 1 de marzo por vía aérea desde Pequín al aeropuerto de Frankfurt. La figura, de 2,4 toneladas de peso y 5,5 metros de altura (incluida su base), se erigirá cerca de la emblemática Porta Nigra, símbolo de la urbe fundada por los romanos en el 16 dC. Después de haber sido cumplidas en Frankfurt las tramitaciones aduaneras pertinentes, la pieza fue transportada por autopista hasta Tréveris. Marx, uno de los más influyentes pensadores alemanes desde el siglo XIX hasta el presente, quien descifró en su tratado El capital las relaciones entre las clases acaudaladas dueñas de los medios de producción y los trabajadores, y fue coautor asimismo del Manifiesto del Partido Comunista junto al también filósofo y economista Friedrich Engels, nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818, donde pasó los primeros 17 años de su vida. La ciudad celebrará el acontecimiento con una serie de exhaustivas exposiciones, conferencias y actos especiales programados a partir de esa fecha.

Con motivo del bicentenario, Tréveris se prepara ya para la apertura de sus exposiciones con un acto central el 4 de mayo al que asistirá, entre otras personalidades de la política y la cultura de Alemania y Europa, el presidente de la Comisión Europea, Claude Junker.

La estatua de Karl Marx donada por China (un país donde cada niño en edad escolar sabe quienes fueron Marx y Engels) ha llegado entretanto por vía aérea a Alemania, mucho antes del plazo del 15 de marzo anunciado en la misma convocatoria de prensa por el alcalde de Tréveris, Wolfram Leibe, y será muy pronto emplazada muy cerca de la emblemática Porta Nigra romana y del Museo Simeonstift (ex convento de San Simeón). Allí y en el Landesmuseum de Tréveris tendrá lugar la exposición principal titulada Karl Marx 1818 – 1883. Leben, Werk, Zeit (Karl Marx 1818 - 1883. Vida, obra, tiempo).

Otra muestra importante se realizará en la casa natal de Marx bajo el título de Von Trier in die Welt: Karl Marx, seine Ideen und ihre Wirkung bis heute (Desde Tréveris al mundo: Karl Marx, sus ideas y su influjo hasta hoy).

Kurt Beck, presidente de la Fundación Friedrich Ebert, próxima al Partido Socialdemócrata alemán (SPD), habló en la rueda de prensa sobre los trabajos de remozamiento que se practican en el histórico edificio de estilo barroco y que se espera quedarán listos haca finales de febrero. Beck presentó asimismo un nuevo libro sobre Marx, Karl Marx: Weltgericht. Dichtungen aus dem Jahre 1837 (Karl Marx: Tribunal mundial. Poesías del año 1837), de la editorial Dietz-Verlag (www.dietz-verlag.de), de Bonn, con reproducciones fascímiles de manuscritos preciosamente conservados en el Archivo central de la Socialdemocracia alemana, en la sede central de la Fundación Friedrich Ebert.

Para 2020 la ciudad de Wuppertal prepara las celebraciones por el 200º aniversario del nacimiento del filósofo, teórico social y revolucionario Friedrich Engels, el 28 de noviembre de 1820 en Barmen (hoy un distrito de la referida ciudad). Hijo de un importante fabricante textil, Engels tuvo la oportunidad de conocer de cerca en Manchester (Gran Bretaña), corazón de la revolución industrial donde su padre tenía una filial, las condiciones de vida indignas que soportaban los trabajadores fabriles. Esta observaciones lo llevaron a escribir entre 1842 y 1844 un libro destinado originalmente al público alemán. Publicada en 1845, Engels títuló su obra Die Lage der arbeitenden Klasse in England (La situación de la clase trabajadora en Inglaterra).

Engels y Marx, éste ya exiliado, se conocieron en París en 1844 y desde entonces mantuvieron una amistad y cooperación que duró toda la vida y de la que emanó el concepto del socialismo científico. Las autoridades comunales de Wuppertal, ciudad a la que el Partido Comunista de China obsequió también una estatua en bronce de Engels, preparan un programa de conmemoraciones y exposiciones en el que pondrán su acento en la obra de este filósofo y en la evolución de la historia económica y social de la región. La casa natal de Engels está siendo remozada en estos meses y será unida mediante un pasaje cubierto y acristalado al contiguo edificio del Museo de la Revolución Industrial que abarca el convulsionado período entre 1750 y 1900.

Muchas publicaciones han aparecido en los últimos meses sobre Marx, entre ellas Die Poesie der Klasse (La poesía de clase), del filólogo especializado en literatura Patrick Eiden-Offe, por la editorial Matthes & Seitz, de Berlín. Eiden-Offe, formado en las universidades de Tubinga y Hamburgo, trabaja actualmente en el Centro de Investigaciones sobre Literatura y Cultura, de la capital alemana. El autor adopta una postura más bien crítica en su obra, al rehabilitar el fermento preproletario del proletariado. Esto es, el de los jóvenes aprendices que iban de un lado a otro, el de los artesanos en el Vormärz (el período que va entre el final del congreso de Viena, en 1815, y las revoluciones de 1820, 1830 y 1848 en Francia, primeras muestras organizadas del movimiento obrero), el de los incendiarios fatuos que asaltaban fábricas y campos para destruir máquinas protoindustriales y agrícolas, respectivamente, así como el de los soñadores líricos de abajo, todos denigrados más tarde por Marx por considerarlos utopistas no científicos o Lumpenproletarier. En numerosos autores, desde Johann Ludwig Tieck (1773-1853), pasando por el también revolucionario Karl Georg Büchner (1813–1837), hasta llegar al teórico comunista Wilhelm Christian Weitling (1808-1871), Eiden-Offe descubre precisamente a través de sus textos sobre la situación social un anticapitalismo romántico que pronto crearía al poderoso y muy influyente proletariado. Incluso hoy en día cree ver el filólogo esa poesía en nuevas y peligrosas variantes de clases sociales, la de los trabajadores precarios globales y la de los jornaleros de la era digital, entre otras, que abundan ya en todo el planeta.

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