Artes visuales y exposiciones

Robert Lebeck, cronista de una época

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 4 de abril de 2018
Robert Lebeck 1986 © 2018 by Steidl Verlag Robert Lebeck 1986 © 2018 by Steidl Verlag
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Una muy reveladora exposición sobre el conocido reportero gráfico alemán Robert Lebeck, nacido el 21 de marzo de 1929 en Berlín y fallecido en esta misma ciudad el 14 de junio de 2014, tiene lugar en estos meses (desde el 4 de marzo al 22 de julio) en el Kunstmuseum de Wolfsburgo.

La exhibición, titulada Robert Lebeck 1968, reúne, a medio siglo de distancia de los convulsionados hechos políticos y sociales de aquel año, ocho de los 24 reportajes que realizó para la revista Stern este periodista, quien además se destacó por coleccionar fotografías del siglo XIX y publicaciones de las primeras épocas del periodismo gráfico. El catálogo, de 320 páginas y 150 ilustraciones, es de la editorial Steidl Verlag, de Göttingen.

En 1944, casi al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Lebeck tenía 15 años tuvo la desgracia de ser reclutado a la fuerza como soldado (carne de cañón) por la Wehrmacht (en retirada) para pelear en el ya casi entregado frente oriental (Rusia), donde cayó prisionero del Ejército Rojo en 1945. Tras ser puesto en libertad al término de la conflagración bélica, concluyó su bachillerato y aprendió fotografía de forma autodidacta, antes de comenzar a trabajar durante tres décadas a partir de 1952 sucesivamente para diversas publicaciones alemanas como Kristall, Revue, la referida Stern y GEO.

Acerca del '68 en Europa, él mismo admitiría tiempo después, en su libro Recuerdos de un reportero gráfico, que había perdido la oportunidad de ser testigo presencial de sus acontecimientos más destacados: el año de las revueltas estudiantiles tuvo lugar sin mi. Cuando las barricadas ardían en París, yo trabajaba en Florida (Estados Unidos) en una serie sobre dos estudiantes asesinadas; mientras los estudiantes manifestaban ante el rascacielos (de la editorial) Springer (diarios Bild y Die Welt, en Berlín Occidental), yo fotografiaba el bautismo del hijo de (la actriz alemana) Hildergard Knef; cuando los rusos marchaban sobre Praga, yo me encontraba acompañando al papa (Pablo VI, Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini) a Bogotá (el primer viaje de un Sumo Pontífice de la Iglesia Católica a Iberoamérica).

Sin embargo, contrariando sus afirmaciones y haciendo un minucioso análisis de las imágenes legadas por él a la posteridad, pueden apreciarse puntualmente los enormes y significativos cambios que se operaron en las sociedades de la época, tanto en Europa, como en Iberoamérica y en Estados Unidos. Trabajaba entonces para Stern, a la sazón la revista ilustrada de mayor tirada de Alemania. Muchas de las fotos que captó en Nueva York, Bogotá, Belfast o en Wolfsburgo (donde tiene su asiento el consorcio automotor Volkswagen y la Fundación Volkswagen para las Artes que financia a este museo) son inéditas y casi desconocidas por la opinión pública en general.

En algunas de las 110 fotografías presentadas aquí, seleccionadas entre más de 8.900, vemos al asesinado líder estudiantil y de la oposición extraparlamentaria Rudi Dutschke pronunciando un discurso durante la Primavera de Praga en la universidad de esa ciudad o el entierro en el cementerio de Arlington del también inmolado candidato presidencial y secretario de Justicia estadounidense Robert F. Kennedy o el conflicto en Irlanda del Norte o las protestas y acciones antiestadounidenses de artistas, entre ellos Joseph Beuys, en la exposición Documenta, de Kassel o un reportaje sobre famosas mujeres divorciadas o acerca del caso de una mujer que asesinó a otra por celos, tuvo un hijo en prisión y escribió su autobiografía. El reportaje sobre la Checoslovaquia del '68 se convertiría en un libro ilustrado de un país que descubría entonces su libertad y que debía redefinirse como nación.

Lebeck fue testigo de la era del líder socialdemócrata alemán Willy Brandt, lo acompañó durante su campaña electoral para los comicios de 1972 y lo siguió durante dos años más en sus funciones. Además de las series políticas y sociales, el fotógrafo retrató asimismo a escritores, artistas plásticos, músicos y actores. Las imágenes íntimas que captó de la actriz Romy Schneider lo catapultarían a la fama y a la realización de varias exposiciones de sus trabajos en Hamburgo y en Berlín. El Museo Ludwig, de Colonia, le compró en 1994 su precioso archivo de incunables de la historia de la fotografía entre 1839 y 1974.

Desde su invención, la fotografía vive bajo la promesa de que todo lo que muestra es exactamente lo que pasó alguna vez. Esa pretensión testimonial se ha escorado un poco en los tiempos que corren (fake news). Sin embargo, su efecto inmediato sigue siendo el fundamento de todo reportero gráfico que se precie de serlo. Este género periodístico suminista el material que nos permite hacernos una idea de lo que pasa en el presente y de lo que ocurrió en el pasado. En la década de 1960 ese diluvio de fotos alcanzaría una dimensión desconocida hasta entonces.

Los comisarios de la muestra, Ralf Beil y Alexander Kraus, se empeñan en poner en evidencia aquí esas transformaciones sociales, a través de una selección e intercalacion de las fotos de Lebeck con las mejores técnicas museísticas actuales. Pero viéndolas a uno le asaltan las dudas sobre si este cambio está realmente presente aquí. ¿O será que lo estamos proyectando a posteriori? Si se contemplan con las limitaciones de cognitivas de quienes nacieron después de esa época, existe el peligro de que se conviertan en reflejo de sus propias suposiciones y de que siga encementándose el mito de 1968.

Lo que sin duda documentan esas imágenes es la formación de una opinión pública global. Los acontecimientos sociales llevaban a la gente a las calles, aunque fuera por motivos diferentes. Las fotos de la República Federal de Alemania muestran a jóvenes protestando contra la americanización (yanquización) de la Documenta, de Kassel, o contra un acto de juramentación de soldados en Wolfsburgo. Las tomas captadas en América testimonian la unificación de fuerzas en torno al culto a la personalidad; ya sea en Estados Unidos, por el pesar que causara la muerte del hermano del presidente John F. Kennedy, o en Colombia, por la fe religiosa exacerbada con la visita del papa Pablo VI y su bendición.

Si nos despegamos del relato que hacen los comisarios de la exposición, la visión se abre a otros aspectos marginales que fueron captados asimismo por la camara de Lebeck, como si se tratara de un detective. Por ejemplo la foto de un visitante de la Documenta que podría ser perfectamente un doble de Bob Dylan o la de una mujer que cuida de unos setos en lo que sería su jardín y que, captada desde el techo de una casa vecina, parece como si accediéramos al patio de una carcel.

Impresionantes son las imágenes en las que el espectador es arrancado de su pasividad voyerista al observar a alguien que desde la multitud retribuye la mirada del fotógrafo a través del objetivo. Esto ocurre, por ejemplo, con esa foto en la que se ve a un joven afroamericano con gafas de sol como las de John Lennon, esperando frente a la catedral de San Patricio, de Nueva York, para rendir su último homenaje a Kennedy. El hombre, con cabello alisado, lleva de forma abstracta la bandera estadounidense: una camisa con puntos y un chal a rayas, un chaleco y un sombrero como los de los vaqueros del lejano oeste.

Con esos distintivos de la sociedad blanca de Estados Unidos (WASP, acrónimo de White Anglo-Saxon Protestant, blanco anglo-sajón protestante) la foto relata mejor que mil palabras la compulsión cultural de su sociedad. En el otro extremo, la cámara capta una escena totalmente diferente: cuando los que portaban el ataúd en Arlington se apartaban erróneamente del camino correspondiente, se encaminaban desconcertados hasta el lugar donde se encontraba apostado Lebeck, y Edward Kennedy miraba muy molesto a la lente del reportero alemán. Las escenas quedaron inmortalizadas en un filme analógico.

La exhibición ha sido ordenada cronológicamente, por lo que se producen efectos desconcertantes al pasar de una ciudad a otra, muy lejanas entre sí. Pero, por otra parte, esas rupturas aguzan la mirada sobre lo que las une y consiguen reflejos, no solo en la estética y la composición de las imágenes, sino también sobre el sujeto fotografiado. Verbigracia, a los periódicos se los lee de pie en Praga, se los pliega en Colombia como máscara para dormir o se los convierte en un sombrero de forma cónica en Nueva York para protegerse contra el sol.

De paso, la exposición permite echar un vistazo al trabajo periódistico en aquellos años predigitales. Con las ediciones de Stern exhibidas, se puede enteder mejor cómo seleccionaba y reelaboraba la redacción gráfica las fotos que llegaban a su mesa. En una de ellas, en la que puede apreciarse a la comitiva del papa, le crece una tercera mano a uno de los custodios, debido al fotomontaje realizado. Es realmente una cosa seria, esto de las evidencias y los testimonios fotográficos inexorables. Pero, el reportero Lebeck no tenía poder de decisión sobre lo que debería ser publicado o no. A pesar de esas limitaciones, el fotógrafo pudo materializar sus aspiraciones estéticas. Tenía muy buen ojo para los pequeños detalles y para las instantáneas de momentos casuales, irrepetibles que son los que hacen tan interesante y elocuente esta muestra. Su estilo de trabajo, como cronista de una época, influye hasta hoy a la fotografía periodística moderna.

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