Alemania

Música de la Belle Époque en Baden-Baden

Juan Carlos Tellechea

martes, 3 de abril de 2018
Baden-Baden, domingo, 25 de marzo de 2018. Festspielhaus Baden-Baden. Richard Strauss, Don Juan opus 20. Alban, Siete canciones tempranas. Maurice Ravel, Shéhérazade. Igor Stravinsky, Petrushka, suite-burlesque en cuatro cuadros (versión de 1947). Solista Elīna Garanča (mezzosoprano). Orquesta Berliner Philharmoniker. Director Sir Simon Rattle. 100% del aforo.
Elina Garanca © 2018 by Holger Hage

Es esta la sexta temporada de la orquesta Berliner Philharmoniker en el Festival de Pascua de Baden-Baden y tanto los músicos como los organizadores del evento están tan satisfechos con el éxito alcanzado hasta ahora que han decidido prorrogar su cooperación contractual hasta 2022. El próximo festival de Semana Santa será inaugurado por la Filarmónica de Berlín con una nueva producción de la ópera Otello, de Giuseppe Verdi, bajo la batuta de Daniele Gatti y la régie de Robert Wilson. El nuevo director principal de la orquesta, Kirill Petrenko, quien asumirá funciones en otoño de 2019, dirigirá a partir de 2020 las producciones operísticas de Baden-Baden. Pero antes lo veremos en abril de 2019 dirigiendo a la Berliner Philharmoniker en un concierto que promete ser estupendo, con obras de Arnold Schönberg (Concierto para violín, opus 36, con la solista Patricia Kopatchinskaja) y Piotr Chaicovski (Sinfonía número 5 en mi menor, opus 64).

Estamos en un elegante balneario de aguas termales que fue residencia veraniega de los zares de Rusia, frecuentado por otras testas coronadas, como la reina Victoria, o por cortesanas como Marie Duplessis (la Dama de las Camelias), genios y ludópatas como Fiódor Dostoyevski o por músicos, artistas plásticos y dramaturgos como Niccoló Paganini, Carl Maria von Weber, Franz Liszt, Johannes Brahms, Gioacchino Rossini, Hector Berlioz, Enrico Caruso, Mark Twain, Isadora Duncan, Baden Powell Aquino, Jean-Pierre Ponnelle, Oskar Schlemmer, Bertolt Brecht, Frida Kahlo, Josephine Baker, Greta Garbo y Marlene Dietrich o por políticos, como Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, entre una extensísima lista de personajes desde el siglo XIII.

Históricamente soplan desde tiempos pretéritos aires esotéricos, teosóficos y ocultistas en esta encantadora y tolerante ciudad, así como en su entorno. No en vano tiene aquí su sede la Gran Logia para el área de habla germana de los Rosacruces (AMORC), Antiquus Mysticus Ordo Rosae Crucis. La institución afirma seguir tradiciones que se remontan a Tutmosis III, el sexto faraón de la dinastía XVIII del Antiguo Egipto (1479 – 1425 aC) y uno de los monarcas más importantes y poderosos de aquella civilización. Iniciados en sus misterios fueron, entre otros, Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles, Cícero y Séneca. Adoptaron asimismo sus rigurosas interpretaciones masones y espiritistas británicos a mediados del siglo XIX.

Disquisiciones aparte, el concierto de este domingo 25 de marzo con la Filarmónica de Berlín bajo la batuta de Sir Simon Rattle y la mezzosoprano Elīna Garanča fue asimismo todo un acontecimiento de primer orden. Si bien la tristeza se trasluce inevitablemente en el rostro de Sir Simon por la cuenta atrás de su despedida del Festival y de la orquesta, los músicos, los organizadores y el público lo quieren mucho y esperan su regreso al evento en las próximas temporadas, quizás al frente de la London Symphony Orchestra, cuya dirección asumió en septiembre pasado. No es un adiós, sino un hasta pronto el que se oye en Baden-Baden. El recital transmitido por el canal cultural europeo Arte el domingo de Resurrección (1 de abril) y quedará en su mediateca fue ovacionado de pie por los 2.500 espectadores presentes y aclamado con silbidos de aprobación y sonoras expresiones de ¡bravo, bravo, bravo!!! durante largos minutos.

El poema sinfónico para gran orquesta Don Juan, de Richard Strauss, y la suite del ballet-burlesque Petrushka (versión abreviada de 1947), de Igor Stravinski, sirven a la Berliner Philharmoniker para mostrar músculos, al comienzo y al cierre de este maravilloso concierto. Los instrumentistas impresionan con su energía, sobre todo las cuerdas y las maderas. Sir Simon rescata hasta el último punto y coma de la partitura para enriquecer la virtuosa interpretación de la orquesta. El primer violinista (el estadounidense Noah Bendix-Balgley), el flautista (el suizo Emmanuel Pahud), el oboísta (el alemán Albrecht Mayer) y el clarinete bajo (el alemán Manfred Preis) tienen una labor muy destacada, exquisita y sensible en los solos.

Los vientos y la percusión suenan también a la perfección en esta sala de la Festspielhaus de Baden-Baden. Los músicos ponen extremo cuidado en el toque, porque la acústica aquí es un asunto muy delicado, es extremadamente buena, y un redoble demasiado fuerte de un timbal (como ocurrió al comienzo, durante apenas un segundo, rápidamente corregido), por ejemplo, alcanza un nivel de resonancia que supera fácilmente al de la orquesta en su conjunto.

Rattle lleva al colectivo a su completo despliegue con un Don Juan por demás seductor y erótico, así como con una suite del burlesque Petrushka casi surrealista, vertiginosa, alegre, vivaz, expresionista, cubista , cuando se quejan los clarinetes y los contrabajos parodian el pesado andar del oso de la feria anual de San Petersburgo; así como con un lamento profundamente espiritual por ende, cuando la marioneta de serrín y paja perece a manos del moro, pero su alma pervive en la eternidad.

En las Siete canciones tempranas (c. 1905 a 1908), de Alban Berg, la mezzosoprano Elīna Garanča suena a sus anchas prodigando un entramado fresco, colorido y variado con los fraseos de su voz: (…) O gib Acht! Gib Acht!/Weites Wunderland ist aufgetan (...), en Nacht, de Carl Hauptmann; o Auf geheimem Waldespfade/Schleich' ich gern im Abendschein/An das öde Schilfgestade,/Mädchen, und gedenke dein! (...), en Schilflied, de Nikolaus Lenau; y con mucha pasión y entrega en Das war der Tag der weißen Chrysanthemen,/Mir bangte fast vor seiner Pracht.../Und dann, dann kamst du mir die Seele nehmen/Tief in der Nacht (...), en Traumgekrönt, de Rainer Maria Rilke.

Pero también es fascinante la transmisión de emociones en Shéhérezade (1904), tres poemas para orquesta (Asie, La Flûte enchantée y L’Indifférent), de Maurice Ravel: Asie, Asie, Asie,/Vieux pays merveilleux des contes de nourrice,/Où dort la fantaisie/Comme une impératrice/En sa forêt tout emplie de mystères, Asie, (…), con un canto que fluye cristalino como el agua de un manantial; o (…) Et j'écoute au dehors/Une chanson de flûte où s'épanche,/Tour à tour la tristesse ou la joie,/Un air tour à tour langoureux ou frivole,/Que mon amoureux chéri joue,/Et quand je m'approche de la croisée,/Il me semble que chaque note s'envole/De la flûte vers ma joue/Comme un mystérieux baiser. (…) en el que destaca la intervención solística del flautista Emmanuel Pahud.

El arte, no hay duda, vive, sobrevive y hasta supervive con los cambios; y la diversidad estética estuvo omnipresente en este extraordinario concierto con obras de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

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