Entrevistas

Josu de Solaun: Siento a Enescu como un leitmotiv de mi existencia

Ruth Prieto

viernes, 6 de abril de 2018
Josu de Solaun © Iberkonzert

El pasado mes de diciembre del 2017 se presentó en Madrid la primera grabación de la obra completa para piano de George Enescu en un triple CD editado por Grand Piano en el que entre otras cosas aporta nuevas piezas que él ha recuperado. Sin duda un trabajo histórico. Es Primer Premio en el Concurso Internacional de Piano George Enescu de Bucarest, hasta la fecha el único español en conseguirlo. Concurso duro donde los haya. Y es un pianista empeñado en que todos conozcamos la música de Enescu. Ahí sale el profesor, el gran maestro. Un intelectual de verdad, hombre cultísimo, investigador y muy buen comunicador. Pero es sobre todo un extraordinario pianista intentando siempre mejorar y alcanzar cotas cada vez más altas de excelencia. En un momento en el que ha dejado casi todas sus otras actividades para dedicarse de pleno al escenario, cosa que muchos vamos a agradecer, es ya de pleno derecho uno de los mejores pianistas del siglo XXI. Apunten su nombre en la ‘agenda de imprescindibles’: Josu de Solaun.

Usted ha realizado la primera grabación integral de la obra para piano de George Enescu. ¿Qué nos puede comentar de este proyecto?

Todo comenzó en enero del 2002, hace más de 15 años, cuando el gran pianista rumano Radu Lupu vino a tocar un recital en el Carnegie Hall de Nueva York. Yo viví y estudié en Nueva York desde 1999 hasta 2014, es decir, desde los 17 a los 32 años, y en 2002 contaba con 20 años de edad. No me perdía ni un solo recital de piano en el Carnegie Hall. Por aquella época, yo cursaba el tercer año de licenciatura en la Manhattan School of Music, con la pianista rusa Nina Svetlanova, que había estudiado con el mismo profesor que Radu Lupu en Moscú: Heinrich Neuhaus. Era la primera vez que oía a Lupu en directo y mi expectación era casi electrizante. Además, acababa de fallecer mi abuelo materno, además de acabar de vivir todo el caos del 11 de septiembre en la ciudad neoyorquina, y yo estaba por tanto muy susceptible a cualquier impresión humana o artística.

Aquel día quedé absolutamente fascinado, conmovido, no sólo por el pianismo y arte de Lupu en general, la magia de su sonido, la expresividad y viveza de su actuación, sino también por su interpretación de una de las piezas del concierto: la enigmática y desconocida Primera Sonata de Enescu para piano solo. Yo, por aquel entonces tenía muy pocas referencias de Enescu. Había tocado algunas de sus obras de cámara muy poco representativas, como la Leyenda para trompeta y piano, o el Cantabile et Presto para flauta y piano. Pero nada en aquellas obras me llamó demasiado la atención ni me hizo pensar, claro está, que fuera posible el que el mismo compositor hubiera compuesto obras de la factura, originalidad y escritura pianística de la Sonata que acababa de escuchar.

Enloquecido, al día siguiente fui a la biblioteca de la Manhattan School of Music y me llevé a casa un montón de partituras: las dos Sonatas para piano, las Pièces Impromptues para piano, la Suite Op. 10 para piano, el Octeto para cuerda, la ópera Oedipe, los dos Cuartetos de cuerdas, los dos Cuartetos para piano y cuerdas, las tres Sonatas para violín y piano, las dos Sonatas para violín y piano...

Y así, en 2002, comenzó un viaje de estudio y exploración de su obra que culminó con mi Primer Premio, doce años después, en el Concurso Internacional de Piano George Enescu de Bucarest. Después del premio, el curso natural de las circunstancias propició que grabara la obra completa para piano del compositor.

La grabación la realicé en un muy pocas sesiones, en el Palau de la Música de Valencia y en el James and Nancy Gaertner Performing Arts Center de Texas, en EEUU. Fue un arduo proceso, el aprenderse música tan densa y difícil, consultando además todos los manuscritos, cedidos muy gentilmente por el Museo George Enescu de Bucarest para la ocasión.

Es usted el primer pianista español en ganar el prestigioso Concurso Internacional de piano George Enescu (en su edición de 2014), ¿cómo es su relación con la música de este compositor?

Los lazos que me unen a Enescu y a su obra son muchos y de muy diversa y compleja índole. En primer lugar, soy un ferviente apasionado y embajador insistente de su música. Y además, amo su música en muchas de sus vertientes - vertientes que representan tradiciones muy presentes en mi repertorio y con las cuales guardo fuertes afinidades temperamentales: en la vertiente impresionista, en la folclorista, en la originalidad de sus formas y en su tratamiento idiomático y virtuosístico del instrumento.

Además tanto el primer encuentro con su música como el momento del Premio, fueron hitos en mi biografía personal que ocurrieron en circunstancias muy difíciles en las que mi sensibilidad era muy impresionable. En ese sentido, siento a Enescu como una especie de leitmotiv de mi existencia. Incluso, en el concurso, sin saberlo al principio ni planearlo, acabé alojando en un piso de Bucarest en el que él vivió durante años - una feliz coincidencia.

Por último, me siento muy orgulloso de ser el único español ganador del premio, cuya lista de pocos ganadores incluye a algunos de mis ídolos, como Elisabeth Leonskaja, o el mismo Radu Lupu que escuché en aquel mágico enero del 2002.

¿Se conoce suficiente a Enescu?

No, sin duda no se le conoce lo suficiente, y cuando se le conoce se tiene una visión completamente tergiversada de su obra y estilo compositivo. Si se le conoce, se le suele conocer como un nacionalista-folclorista de segunda, citándose siempre la Primera Rapsodia Rumana para orquesta como su obra emblemática, obra que Enescu acabó detestando y que además es mucho más una excepción que una línea general de su universo estético. Conocer a Enescu por sus Rapsodias Rumanas sería algo así como conocer a Beethoven por sus Ecossaises para piano. Es algo surrealista.

O sino, a veces se le suele conocer como el típico compositor de Morceaux de Déchiffrage del Conservatorio de París, o como compositor de Morceaux de Concours de la mencionada institución, citando piezas como la Leyenda para trompeta, la Konzerstück para viola, o el Cantabile et Presto para flauta, todas ellas obras que Enescu sin duda escribió por necesidades económicas y que nada tienen que ver con su producción. Conocer a Enescu por estas piezas sería como conocer a Schubert por su cuaderno de ejercicios de contrapunto. Un puro delirios.

En realidad, Enescu ocupa un puesto similar a los grandes creadores del Siglo XX, como Stravinsky, Bartók, Debussy, Ravel, o Szymanowski. Fue un genio de una creatividad fertilísima, que aunó las mejores virtudes de las tradiciones francesas y alemana, el folclore rumano, y el modernismo de su tiempo, especialmente del tipo encarnado en la música de Stravinsky.

¿Cómo ha sido su proceso creativo para este CD? Porque es la integral para piano, y sé que ha descubierto usted alguna piezas, ¿no?

Fue un proceso largo, algo así como adentrarse en un nuevo mundo, aprender el idioma de sus gentes, sus costumbres, sus idiosincrasias, sus ritmos, sus acentos, sus preferencias, sus anhelos... Enescu es un universo completísimo.

Primero leí muchísimo sobre él, biografías en diferentes idiomas, todas sus cartas, libros de análisis de sus obras, artículos, tesis doctorales, etc... Luego visité muchos de los sitios emblemáticos de su biografía y tomé contacto personal con músicos muy conocedores de su obra.

Después empecé a tocar su obra en público, en Francia, España, Estados Unidos, Rumanía... A la par, iba estudiando sus manuscritos, uno por uno, y escuchando todo el legado fonográfico que dejó como director, violinista y pianista, además de grabaciones de muchos diversos músicos tocando su obra.

Luego, tras armarme de mucho valor y concentración, me puse a grabar.

¿En qué momento se encuentra como pianista?

Tras años de dificultad, me empiezo a encontrar en un muy buen momento, donde creo haber encontrado mi propia voz y donde disfruto de una buena seguridad técnica, fruto de muchos años de trabajo, que me permite hacer frente con alegría a las múltiples oportunidades que me están surgiendo en estos últimos tiempos. Creo que haber encontrado mis preferencias dentro del repertorio, además de saber que quiero tocar mucho más repertorio español, algo que no sentía hace unos años.

Por supuesto, sigo la búsqueda, intentando siempre mejorar y alcanzar cotas cada vez más altas de excelencia, y siendo lo suficientemente crítico conmigo para poder avanzar pero sin perder la pasión y alegría en el tocar. También estoy en un momento en el que he dejado casi todas mis otras actividades para dedicarme de pleno al escenario, algo que me da una enorme satisfacción.

Tengo muchas ganas de compartir con públicos diversos mi particular visión de la música y del piano, y siento que ya no tengo miedo, sino todo lo contrario.

¿Cómo ve la panorámica en España de la música y de la cultura?

Me parece que en España hay ahora una Edad Dorada en el mundo de la música clásica. Tenemos que darnos cuenta de lo que está pasando, potenciarlo, difundirlo, cuidarlo, protegerlo, y elaborarlo con mucho empeño.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Conciertos con orquesta en EEUU, España, Rumanía y Colombia, interpretando conciertos como el 2 de Prokofiev, 1 de Brahms, 2 de Chaicovsky, 2 y 3 de Bartók, Concierto de Jachaturian, 5 de Saint-Saëns, y 3 de Beethoven...

Tengo también especial ilusión por mi interpretación, este Junio, de la obra The Age Of Anxiety del siempre genial Leonard Bernstein, como parte de la celebración de los 100 años de su nacimiento, junto a la Filarmónica de Bucarest y al gran director Christian Badea.

Como recitalista solista y también haciendo música de cámara, tengo recitales en EEUU, España, Rumanía, Colombia y Chile

Luego están todos los proyectos discográficos, pero en especial los Nocturnos de Faure, las Goyescas de Granados, y los 24 Estudios de Chopin.

También quiero recuperar patrimonio cultural español, como la música para piano de Óscar Esplá, por poner un sólo ejemplo de los muchos que tengo en mente.

Por último destacaría la creación en Valencia de mi propia escuela, la EIMAJ (Escuela Internacional de Música Alberto Jonás), en honor al gran pianista, y mi trabajo en dúo con el violinista Jesùs Reina, una alma gemela musical.

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