Alemania

Mens sana in corpore sano, Animo sano in corpore sano

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 11 de abril de 2018
Gelsenkirchen, sábado, 31 de marzo de 2018. Musiktheater im Revier Gelsenkirchen. Moscú, Cheryomushki, opereta en tres actos y cinco cuadros, con música (opus 105) de Dmitri Shostakóvich (1906 – 1975) y libreto de Vladímir Mass y Mijaíl Chervinski, estrenada el 24 de enero de 1959 en el Teatro Mayakovski, de Moscú (traducida al alemán con sobretítulos). Régie Dominique Horwitz. Escenografía y vestuario Pascal Seibicke. Coreografía Rachele Pedrocchi. Iluminación Patrick Fuchs. Dramaturgia Gabriele Wiesmüller. Técnico de sonido Marco Brinkmann. Intérpretes: Rolf A.Scheider (Alexander Petróvich Bubenzov ), Anke Sieloff (Mascha, su mujer), Urban Malmberg (Semion Semionóvich Baburov), Bele Kumberger (Lidochka, su hija), Piotr Prochera (Boris Korezki, un trabajador ocasional), Adrian Kronenberger (Serguéi Glushkov, chófer), Petra Schmidt (Liusia, una trabajadora de la construcción), Zhive Kremshovski (Fiódor Mijailovich Drebedniov, jefe de la fábrica de juguetes), Lina Hoffmann (Vava, su mujer), Almuth Herbst (Afanassi Ivanova Barabashkina, jefa de producción), Miljan Milovich (Kurotshkin), Silvia Oelschläger (Kurotshkina), Georg Hansen (Milkin). Wiltrud Maria Gödde (esposa), Sergey Fomenko (esposo), Sina Jacka (vecina). Bailarines: Ilenia Azzato, Katharina Deschler, Sergio Giannotti, Roberto Junior, Marius Ledwig, Sayo Shiba, Iglor Sousa. Opernchor del Musiktheater im Revier (MIR), preparado por Alexander Eberle. Comparsas del MIR). Orquesta Neue Philharmonie Westfalen. Director invitado Stefan Malzew. 100% del aforo.
Moscu, Cheryomushki © Musiktheater im Revier Gelsenkirchen

Con algunas readaptaciones y actualizaciones con respecto al original y bajo la régie de Dominique Horwitz (París, 1967), así como la dramaturgia de Gabriele Wiesmüller (alumna de Götz Friedrich en Hamburgo), el Musiktheater im Revier (MIR), de Gelsenkirchen, en el corazón de la Cuenca del Ruhr, estrenó con gran éxito este sábado 31 de marzo de 2018 una nueva producción de Moscú, Cheryomushki, la única opereta del compositor Dmitri Shostakóvich, una obra satírica en tres actos y cinco cuadros, muy divertida, entretenida y escasísimamente representada fuera de Rusia (en 2004 en Ginebra y en Lyon; programada para junio de 2019 en Hamburgo).

A diferencia de su primera versión, cuya trama se desarrolla en el Museo de Historia y Reconstrucción de Moscú, ésta está ambientada en una fábrica de juguetes, en las épocas en que los urbanistas trataban de enfrentar la acuciante escasez de viviendas y las difíciles condiciones de vida en la capital de la Unión Soviética. Para actualizarla, Horwitz se orienta en Un mundo feliz (1932), la famosa novela futurista del británico Aldous Huxley (1894–1963) y en su posterior ensayo Nueva visita a un mundo feliz (1958), en el que aborda en detalle los problemas socioeconómicos que lo impulsaron a la primera obra mencionada.

La historia resultante de Horwitz es, en tal sentido no menos irónica y sarcástica e incluso cínica con respecto a la de la década de 1950; una sátira política y social que está muy al día, ya que también en Alemania la crisis de la construcción de viviendas es un problema acuciante en los tiempos que corren. La contagiosa algarabía que se desata en el baile de disfraces organizado cuando uno de los obreros consigue el soñado apartamento número 48 de la opereta, tiene su grotesca contrapartida especular día a día en las larguísimas colas de postulantes a alquilar un mísero inmueble en cualquier ciudad: Berlín, Múnich, Hamburgo, Frankfurt, Stuttgart, Düsseldorf, Colonia...

La opereta fue compuesta en 1958, cinco años después de la muerte de Iósif Stalin (1878 - 1953), y estrenada, el 24 de enero de 1959 en el Teatro Mayakovski. Era un momento en el que Shostakóvich, aún traumatizado por el terror estalinista, podía respirar un poco de libertad y se atrevía a crear música para una obra escénica, en pleno periodo de desestalinización, de deshielo y de reformas relativamente liberales que promoviera Nikita Kruschov (1894 –1971) al comienzo de la carrera espacial rusa (1956/1957).

Cheryomushki hace referencia a un distrito moscovita plagado de bloques de viviendas baratas construidos en 1956; modestos apartamentos apetecidos como pan caliente y codiciados como el oro por la población. El término, por extensión, es utilizado a veces para denominar a este tipo de casas económicas habitadas por trabajadores que todavía hoy siguen siendo escasas. El libreto del burlesque fue escrito por un experimentado binomio de destacados humoristas soviéticos de la época, Vladímir Mass y Mijaíl Chervinski, que no dejaron piedra sobre piedra a la hora de ridiculizar los supuestos avances y sueños irrealizados e irrealizables del socialismo soviético, sus frustrados planes económicos quinquenales y la corrupción reinante en la política estatal de la promoción de la vivienda.

La orquesta Neue Philharmonie Westfalen cumplió una buena labor, aunque no fue exigida tan a fondo por la batuta del director invitado, Stefan Malzew, como hubiera sido de esperar y como requiere la música sumamente colorida de Shostakóvich, una parodia desde el comienzo hasta el final, con mucho humor y encanto, en una refinada mezcla de estilos diversos, valiéndose de elementos que toma de aquí, de allá y de acullá.

No lo parece, pero la partitura exige una muy férrea disciplina (diríamos...tal vez, soviética) en la ejecución y esto fue lo que escaseó un tanto desde la conducción. Al comienzo de cada acto suena un tambor redoblante, como si fuéramos a presenciar un número de equilibrismo con triple salto mortal en un circo; le siguen marchas, valses, cuplés, serenatas, polcas, aires populares (Noches de Moscú o Medianoche en Moscú, entre otros) y clásicos rusos (brevísimos pasajes inspirados en Mijail Glinka, Alexander Borodin y Piotr Chaicovski), algunos más alegres, otros más melancólicos. 

Shostakóvich utiliza música de las bandas sonoras que compusiera para diversas películas (por ejemplo, su opus 18 para el filme La nueva Babilonia, de 1929, dirigido por Grigori Kosinzew y Leonid Trauberg), de sus ballets (El tornillo y El arroyo claro), de revistas, así como de teatro de variedades (de su Suite para orquesta de varieté); y hasta algunos compases de tango que se atreve a meter en el pentagrama.

El leitmotiv (vals), Tscherjomuschki, wie wunderbar, das Faulbeerbäumchen blüht! Es werden alle Träume wahr für jeden, der hier lebt! (¡Cheryomushki, qué estupendo, el arbolillo de las bayas holgazanas florece! ¡Todos los sueños se hacen realidad para quien viva aquí! (traducción libre), se basa en la canción Fueron días felices que compusiera Shostakóvich para la banda sonora (opus 30) de la película Montes dorados (1931), de Serguéi Yutkévich.

La balada más conocida y pegadiza La fría mañana (1932), de la música (opus 33) para la película El plan alternativo (1933), dirigida por Yutkévich junto con Fridrikh Ermler y Leo Arnstam, muy conocida dentro y fuera de la Unión Soviética, fue arreglada para el tema de Lidochka en esta opereta, por lo que el público de la década de 1950 podía reconocerla de inmediato.

Brillante es la intervención de todo el elenco de actores y cantantes (en fantásticos duos y arias muy románticos, dulces, alegres, nostálgicos y con mucho sentimiento): Rolf A. Scheider en el papel del risueño moscovita Alexander Petróvich Bubenzov, su mujer Mascha (Anke Sieloff), el veterano Semion Semionóvich Baburov (Urban Malmberg), su hija Lidochka (Bele Kumberger), el trabajador ocasional Boris Koretzki (Piotr Prochera), el chófer Serguéi Glushkov (Adrian Kronenberger), la bella trabajadora de la construcción Liusia (Petra Schmidt), el corrupto e inescrupuloso jefe de la fábrica de juguetes Fiódor Mijailovich Drebedniov (Zhive Kremshovski), su mujer, Vava (Lina Hoffmann), la jefa de producción, Afanassi Ivanova Barabashkina (Almuth Herbst), Kurotshkin (Miljan Milovic), Kurotshkina (Silvia Oelschläger), Milkin (Georg Hansen), Wiltrud Maria Gödde (la esposa), Sergey Fomenko (el esposo), y la vecina (Sina Jacka).

Otro tanto puede decirse de los bailarines (Ilenia Azzato, Katharina Deschler, Sergio Giannotti, Roberto Junior, Marius Ledwig, Sayo Shiba e Igor Sousa), preparados por la coreógrafa Rachele Pedrocchi, de los comparsas y del coro del MIR, éstos últimos mencionados a cargo de Alexander Eberle, de la escenografía y el vestuario de Pascal Seibicke, de la iluminación de Patrick Fuchs, así como del ingeniero de sonido Marco Brinkmann. El reparto entero no dejó absolutamente nada que desear.

Horwitz, quien es además un conocido actor y cantante, aprovecha el material legado por Shostakóvich/Mass y Chervinski para ir más allá aún y abordar el tema de la alienación en esta furiosa y corrosiva revista de crítica social. A los trabajadores se los mantiene (o creen estar) felices con una pastilla que reciben a diario y el orden es mantenido a través de un equipo de guardianes que los aterrorizan para velar por la estabilidad individual y del colectivo.

Ejercicios gimnásticos matinales cotidianos contribuyen asimismo a esa disciplina y buen ánimo (Mens sana in corpore sano, Animo sano in corpore sano, suena una voz a través de los altavoces de la planta industrial y el mensaje es repetido por el coro con gran energía); métodos empleados también en otros países más o menos autoritarios, tanto en el este, como en el oeste del planeta...(¡¿qué duda cabe!?). 

En consecuencia, la libertad solo se da en base a drogas. Se trata aquí de un ajuste de cuentas con la vida moderna y con el mundo laboral de hoy; la era en la que paulatinamente el hombre importa cada vez menos y es suplantado por robots; en la que la individualidad no goza de ningún respeto y al individuo se lo vigila con métodos más refinados aún, violando constantemente lo más sagrado de su ser, su privacidad, su intimidad (¡cuán profético es en este sentido el filme Tiempos modernos, de Charles Chaplin, de 1936!!!).

Si en la década de 1950 los obreros, tras su larga jornada en la cadena contínua de fabricación convivían y jaraneaban casi promiscuamente en el sótano de la fábrica o en alojamientos masivos (Horwitz se permite incluso una dramática y chocante escena de violación, rompiendo abrupta y circunstancialmente con la comedia, para subrayar aquel deteriorado estado de cosas), en nuestros días lo que pensamos, hacemos o queremos hacer es supervisado y recopilado a través de algorritmos en internet y en smartphones por los servicios secretos (léase NSA, CIA, FBI, MI5, MI6, Mossad, Bundesnachrichtendienst...); cuantos más de estos cacharrillos, tanto mejor y más facil le resulta la tarea a los espías; o por plataformas, sistemas y redes obedientes (Mark Zuckerberg/Facebook, Google, Amazon y otros), o por agencias que manipulan los datos de ciudadanos y abusan de ellos en favor de políticos corruptos (Cambridge Analytica). Todo esto ocurre en favor de unos pocos, en beneficio de su crecimiento económico y del incremento de su monetización en miles de millones de euros/dólares a través de empresas monopólicas o cuasi monopólicas.

El millar de espectadores presentes en la gran sala del Musiktheater im Revier Gelsenkirchen aplaudió y ovacionó merecida y estruendosamente el estreno de Moscú, Cheryomushki durante prolongados minutos, muy especialmente a los solistas, el coro y la orquesta. Me puedo imaginar que la pieza, en diversas versiones, subirá a escena en algunos otros teatros europeos en los próximos tiempos.

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