Portugal

De claveles, música y revoluciones XIII

Paco Yáñez
viernes, 27 de abril de 2018
Música e Revolução © 2018 by Casa da Música Música e Revolução © 2018 by Casa da Música
Oporto, viernes, 20 de abril de 2018. Casa da Música. Christina Daletska, mezzosoprano. Ivan Ludlow, barítono. Coro Casa da Música. Remix Ensemble Casa da Música. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Baldur Brönnimann y Peter Rundel, directores. Anton Webern: Konzert opus 24; Symphonie opus 21; Zwei Lieder opus 19; Erste Kantate opus 29; Sechs Stücke für Orchester opus 6; Das Augenlicht opus 26; Zweite Kantate opus 31. Ocupación: 80%.
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«Si tocas para un público que no esté habituado las Sechs Bagatellen für Streichquartett opus 9 (1911-13) de Anton Webern, y si se tocan realmente bien, pues puede tener el mismo efecto político, ya que la gente descubre que tiene nuevas posibilidades de pensamiento, de pensar el silencio, de degustar cada nota, escuchando de un modo nuevo, no tan sólo como repetición de lo que ya habías escuchado y sabías de antes [...] Pensar sobre estas cosas significa pensar sobre situaciones humanas, sobre posibilidades humanas. Y comenzar a pensar, en todos los sistemas totalitarios, es peligroso para el sistema»...

...en nuestra entrevista del año 2015 con Helmut Lachenmann, el compositor alemán se refería en estos términos a la música de Anton Webern (Viena, 1883 - Mittersill, 1945) y a su carácter revolucionario, destacando su intrínseca potencialidad política desde el giro copernicano que a nivel estético nos plantean las sucesivas partituras webernianas, con su radical desafío a lo establecido, impeliéndonos no sólo a cuestionar cuanto creíamos canon, sino nuestra propia ontología como oyentes.

Pocos compositores, por tanto, más apropiados que el austriaco para protagonizar un festival tan importante en la programación anual de Casa da Música como Música e Revolução, una cita en esta ocasión en plena sintonía con el Año Austria que celebra a lo largo del 2018 el auditorio portuense. En su duodécima edición, es ésta la primera vez que Música e Revolução se dedica monográficamente a un solo compositor; un creador, además, de una obra exigua en cuanto a duración total de la misma, pero cuya trascendencia para la evolución de los lenguajes en el siglo XX fue capital, articulando, de algún modo, las dos mitades de un siglo quebrado por una Segunda Guerra Mundial que, a la postre, le costó la vida al propio Anton Webern. Ese laconismo de sus partituras ha permitido a Casa da Música ofrecernos un cartel en el que en los tres conciertos celebrados del 20 al 22 de abril se ha tocado en Oporto la mayor parte del catálogo weberniano: situación muy poco habitual en las programaciones europeas y que se ve facilitada por la residencia en un mismo auditorio de tres formaciones como el Coro Casa da Música, el Remix Ensemble y la Orquestra Sinfónica do Porto, todas ellas involucradas en los tres conciertos que en los próximos días iremos reseñando para intentar reflejar lo que ha sido una retrospectiva de enorme valor divulgativo, musical y depurativo, pues en tiempos de ruido y furia como los nuestros, la música de Anton Webern nos ofrece un privilegiado espacio de despojamiento y concentración en la más íntima esencia del arte.

La primera partitura interpretada en el concierto del viernes 20 de abril nos adentró de lleno en ese núcleo esencial, sin concesión alguna (Inmersión total, como tituló Casa da Música a este ciclo revolucionario), con una pieza tan despojada y estricta en su arquitectura serial como el Konzert opus 24 (1931-34). Peter Rundel es un director alemán formado en la crucial importancia de la estructura dentro del pensamiento musical (y artístico, en general) germánico, y es por ello muy consciente de su trascendencia en partituras tan cristalinas como este opus 24. No busca en su lectura con el Remix ningún tipo de expresividad forzada, ni evocar reminiscencias románticas, concentrándose, ya desde la primera serie del 'Etwas lebhaft', en la claridad y el rigor. Sin embargo, frente a lo habitual en el acercamiento a Webern en la segunda posguerra, tan marcado por los planteamientos interpretativos boulezianos, Rundel insufla a este Konzert una más acusada musicalidad, mayor calidez y respiración de la serie. En la lectura del Remix, el opus 24 implosiona universos creativos precedentes, haciendo explícito un cantabile siempre subyacente en Webern (aunque de primeras no lo pareciera), confiriéndole un mayor lirismo. Es por ello que en el primer movimiento se refuerzan los acentos más acusadamente que en las lecturas más adustas de la obra, así como la expresividad de los metales, con gran poderío en la trompeta de Ales Klancar y en el trombón de Ricardo Pereira. Frente a tales apuntes de expresividad que apuntalan, además, la estructura rítmica del Konzert, nos encontramos con un gran Jonathan Ayerst al piano, tejiendo con refinamiento y solidez la serie de acordes que amalgaman la partitura y aportando un tejido armónico de base para la más atomizada intervención de los restantes músicos, cuyas pinceladas son notablemente más puntillistas. Frente a un 'Etwas lebhaft' así de centelleante, el 'Sehr langsam' sonó especialmente suspendido, con sus intervalos de terceras y séptimas que ofrecen desde el piano un centro de gravedad armónico para los sucesivos desgajamientos del ensemble hacia pequeños apuntes discrepantes devueltos por Rundel a ese eje central que referencia, asimismo, al silencio como lienzo audible: estructura flotante que progresivamente conduce al morendo final de forma espaciada y sutil. El 'Sehr rasch' conclusivo ofreció, así, un gran contraste, con su staccato y sus ritmos sincopados, muy unificados por el Remix, rubricados por Rundel con una coda acentuada y firme que coronaba una sobresaliente lectura y una gran entrada a esta Inmersión total weberniana.

En su interpretación de la Symphonie opus 21 (1927-28), el Remix sigue conectando a Webern con la tradición vienesa, destacadamente a través de la forma sonata implícita en este opus 21. El 'Ruhig schreitend' inicial hizo honor a su indicación de tempo, muy calmo y equilibrado, utilizando Rundel los márgenes de silencio para deconstruir, en alianza con una intensificación interválica, esa forma canónica, convirtiendo la Sinfonía en un objeto serial puro. Ese difícil equilibrio entre la mirada al pasado y la necesidad de renovación ofrece en la lectura del director alemán ecos comprimidos de los intervalos de un Mahler tardío, también evidenciados en el crepuscular timbre de sus músicos. No nos situamos, por tanto, en coordenadas radicalmente puntillistas ni desarticuladamente atomizadas, buscando la lectura del Remix una respiración compartida en la que adquiere un peso fundamental para la conjunción armónica (como antes lo había tenido el piano) el cuarteto de cuerda: músicos entre los que debo destacar a unos Alfonso Noriega (viola) y Filipe Quaresma (violonchelo) estupendos. Mientras, metales y maderas apuntalan una klangfarbenmelodie aquí tan estructural como sensual en sus timbres. El segundo movimiento, 'Variationen', sonó más incisivo y rítmico, con unas cuerdas en sordina muy sutiles ya desde la primera variación del tema inicial previamente expuesto por el clarinete y doblado en canon por trompas y arpa. Estamos ante una arquitectura clásica que en Oporto ha brotado ligera y muy musical, con sus tensiones conducidas hacia una coda final, de nuevo, firme y briosa, especialmente en violín, violonchelo y arpa, sintetizando el tema y las siete variaciones precedentes con expresividad y empaque, así como portando ecos del Webern de los primeros opus por su manejo del silencio en las asimetrías (algo que nos conduce, asimismo, tanto al opus 5 como -muy especialmente- al opus 9), por lo que, para Peter Rundel, no escuchamos una obra que rompa con el pasado abruptamente, sino que lo reinterpreta, sin perder la musicalidad, la respiración poética ni la elegancia arquitectónica vienesa.

La tercera página de este que, forzando un neologismo alemán de inspiración wagneriano-schmidtiana, podríamos decir auténtico gesamtkunstwerkbern portuense fueron los Zwei Lieder opus 19 (1926), obra que subió al escenario de la Sala Suggia al Coro Casa da Música, la agrupación residente que tiene una presencia más transversal en Música e Revolução, pues al Coro lo hemos escuchado en este festival en repertorios que van de Monteverdi a Lachenmann, algo que las restantes formaciones, más especializadas históricamente, no abarcan de un modo tan amplio. Ello depara, también, una profundización menos exhaustiva, de ahí que se perciba en la lectura de este opus 19 una superior perfección en el apartado instrumental, dentro del cual he de destacar el bello trabajo de Jonathan Ayerst en la celesta, muy delicado y musical, así como íntimamente asociado con la guitarra de Julio Guerreiro, conformando un bloque sólido pero, de nuevo, musical y dialogante con clarinetes y violín: multiplicando la complejidad rítmica de la primera canción con ligereza y versatilidad. Frente al mayor vuelo de 'Weiß wie Lilien', la segunda canción, 'Ziehn die Schafe von der Wiese', sonó en Oporto con aplomo y calidez, más unificada rítmicamente, contraponiendo el acerado staccato del Remix a un coro más cantabile por su legato. Es ésta una canción que, según estudiosos como Claude Rostand, anuncia al último Webern por su densidad cromática y misticismo; ahora bien, en la interpretación del Coro Casa da Música los vínculos se dirían más señalados hacia el pasado, incluso hacia las partituras corales postreras de Johannes Brahms, por lo que la disyuntiva y los mundos, en cierto modo, 'contrapuestos' se agudizan (con sus pros y sus contras).

Situación análoga, la vivida en la última página de la primera parte del concierto, la soberbia Erste Kantate opus 29 (1939-40); de nuevo, con el Coro Casa da Música, el Remix Ensemble y, aquí, la mezzosoprano ucraniana Christina Daletska, una de las voces emergentes más contrastadas y serias en lo que al repertorio contemporáneo se refiere. Además de páginas de Berio, Manoury, Nono o Romitelli, Daletska mantiene una fértil relación con el repertorio tradicional, algo de lo que dejó constancia este mismo año en Casa da Música, donde en febrero cantó los Gurre-Lieder (1900-11) de Arnold Schönberg. De ese Schönberg, como de Alban Berg, parecen provenir las improntas más expresivas en esta lectura de Peter Rundel, más enfáticas en lo que a la percusión y a los metales se refiere, mientras que en cuerdas y maderas volvemos a encontrarnos con el Webern analítico y puntillista. Ello nos remite, por cultura sonora instrumental, más al musculoso arrojo de un Ensemble Modern que a la frialdad quirúrgico-bouleziana de un Ensemble intercontemporain, evidenciando la genealogía interpretativa del propio Rundel en el conjunto de Frankfurt, además de su pertenencia a una generación de directores más desencorsetados en lo que a Webern se refiere. La sucesivas olas en la percusión con las que ha acentuado el primer movimiento así lo confirman, apuntalando las alternancias rítmicas del poema de Hildegard Jone. También contrastante se muestra la dinámica entre coro y ensemble, con un rendimiento netamente más weberniano en los breves apuntes instrumentales, mientras que el Coro suena en exceso contenido, precisando un empuje en efusividad y estilo. No es algo que necesite, en absoluto, una Christina Daletska excelsa en el segundo movimiento, con una gran versatilidad y un color vocal ligeramente oscuro que confiere calidez a esta Cantata. Rundel, sabedor de la musicalidad y soberbia técnica de la ucraniana, pliega el Remix a su canto, dejando el segundo movimiento el punto más alto esta noche del opus 29. El tercero nos devolvió a un planteamiento instrumental lacónico en el que sobresale la voz de Daletska por encima del coro, tomando su base más textural y sombría para puntuarla con su registro agudo, elevando a nuevas cotas expresivas el poema de Jone, tan perfecta en su rúbrica vocal como esa última palabra del texto.

Dentro de la habitual alternancia de agrupaciones residentes que caracteriza a Música e Revolução, en la segunda parte del concierto pudimos escuchar a la Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música con su titular al frente, el director suizo Baldur Brönnimann. En conciertos precedentes a lo largo del 2018 hemos destacado la importante mejora de calidad que la OSPCM ha experimentado desde nuestras primeras visitas a Casa da Música, hace más de una década. Dicha progresión tenía una prueba de fuego en esta inmersión weberniana, y la verdad es que la OSPCM no ha defraudado, rindiendo notablemente en sus dos conciertos. No estamos, todavía, ante una orquesta de gran nivel europeo, pero sus lecturas resultan ya muy disfrutables y sólidas, tanto por técnica como por estilo, siendo evidente en estos programas la preparación concienzuda que han llevado a cabo de los mismos, así como el respeto que músicos y director profesan a Anton Webern: responsabilidad que se respiraba en el ambiente y que resultaba visible en los rostros de los instrumentistas de la OSPCM, aun cuando en este universo Webern sus intervenciones son, muchas veces, tan espaciadas: puntos en una constelación sonora puntillista en extremo delicada.

Esa delicadeza, sin embargo, aún cohabita en las Sechs Stücke für Orchester opus 6 (1909, rev. 1928) con una tensión expresionista realmente impactante de dejes post-schönberguianos. Baldur Brönnimann, como Peter Rundel, es parte de una generación de directores ya formada con Anton Webern dentro del canon, lo que libera su mirada al vienés, dotándola de mayor flexibilidad y señalando en su música mayores vínculos con el pasado, así como un trazo más cantable y sensual. El 'Langsam' inicial ha sonado con un destacable equilibrio entre las voces orquestales: premisa primordial para una transparencia y una construcción bien balanceada tan importante en Webern, lo cual no quiere decir que no debamos destacar a primeros atriles, como el de trompa. Esa línea de cuidado en el equilibrio estructural se mantuvo en un 'Bewegt' con una gran cuerda grave, de entradas camerísticas ya plenamente episódicas: planteamiento en la disección de las partituras webernianas de total lógica a la altura de este opus 6, pero que Brönnimann llevaría, incluso, a las piezas orquestales tempranas en el concierto del sábado 21. Si bien los metales suenan por momentos algo rudos, no dejan los trombones de exponer una agresividad que se agradece en este movimiento agitado, reforzando la expresividad del conjunto. Mientras, el flautín pecó de lo contrario: de una contención excesiva, por lo que su crucial canto en este 'Bewegt' sonó desdibujado. El 'Mäßig' nos devuelve a una lectura muy sutil y equilibrada en su melodía de timbres y colores orquestales. El sentido estructural y el relieve del ataque en una arquitectura melódica tan articulada desde pinceladas atomizadas, nos hablan de una OSPCM cuya evolución es evidente, dotando a su construcción musical de una coordinación y un sentido de grupo que antes no se le conocía con tal aquilatamiento. De ello era un verdadero test el monumental y trágico 'Sehr mäßig', marcha fúnebre que arrancó en la percusión como desde otro mundo, muy resonante y graduada dinámicamente, cual si surgiera de las profundidades del subsuelo de Oporto. Tam-tam y bombo dibujan ese trasfondo percusivo, grave y resonante sobre el que el flautín aquí sí convenció, con un canto que parecía también venido de otro mundo: baile de espectros que es el opus 6. El gran y acongojante crescendo resultó poderoso y sólido en las percusiones, rubricado de forma muy intensa. Es una pena que el pasaje previo de metales sonara tan desarticulado y carente de intención, con un ataque de trompas y trombones muy flojo y desdibujado. Tras semejante crescendo, que ha vuelto a ser esta noche el corazón expresivo del opus 6, el 'Sehr langsam' ha vuelto a primar el equilibrio y un tono crepuscular muy despojado tras tamaña acometida orquestal, apoyado el edificio de la OSPCM en una gran cuerda. Liderando a esa cuerda, nos encontramos a una concertino invitada -Dorota Siuda- con un violín extremadamente delicado y sensible, aunque en partituras de gran sonoridad como las Sechs Stücke por momentos resulte algo achicada su presencia. En todo caso, junto con las texturas bien empastadas de los trombones y con unos apuntes de celesta y arpa muy bellos, Brönnimann ha conducido en la sexta pieza a este opus 6 hacia una muerte en levedad, etérea y esfumada, construida su estructura por apuntes que nos dejaron en la senda del Webern tardío...

...éste podría ser, perfectamente, el de Das Augenlicht opus 26 (1935), con su nuevo uso de una klangfarbenmelodie estructural en una orquesta ahora reducida, por lo que la ejecución ha ganado en refinamiento, con unos músicos de más concentrada calidad en la plantilla de este opus 26 (algo que ha requerido de una previa reordenación del escenario). Si el cuarto concierto de Música e Revolução hará explícito el trabajo de Anton Webern sobre la polifonía renacentista, fruto de su doctorado y edición de los motetes del compositor flamenco Heinrich Isaac, Das Augenlicht nos ofrece la sublimación de dichas investigaciones, con una música que bascula entre la homofonía, el contrapunto y una polifonía que ha sonado más convincente en el Coro Casa da Música que en el opus 29. Las reminiscencias de la música antigua y un tempo aquí más lento dan aplomo a la lectura de Baldur Brönnimann, con una calma que evidencia el misticismo de Hildegard Jone y su luminosidad, mostrándose más respetuoso con el poema y su preponderancia vocal que un Boulez que, directamente, se mostraba reticente a la calidad del texto, comprendiendo Das Augenlicht como una estructura musical en la que se insertaba un poema, y no una música construida desde éste. Quizás es por ello que apuntes instrumentales en trompeta, trompa, trombón y violonchelos, muy destacados esta noche, no dejen de tener, además de su fuerte peso individual, una conexión muy sólida con el texto poético, puntuando sus destellos e invocaciones panteístas para reforzar sus anhelos y lirismo desde la orquesta. Satisfactoria interpretación, por tanto, con la intervención coral más notable esta noche.

Das Augenlicht puede ser vista como una preparación para las obras corales tardías de Anton Webern: sus dos cantatas; de ahí, que finalizar este primer concierto de Música e Revolução con la Zweite Kantate opus 31 (1941-43) sea una consecuencia estilística perfectamente lógica y directa, además de una invitación a regresar a las más puras esencias webernianas, con la que es una de sus obras maestras (cuyo estreno, desgraciadamente, no pudo escuchar el propio Webern). Además, si se cuenta ya en el primer movimiento con una voz como la del barítono londinense Ivan Ludlow, el color y el tono weberniano se refuerzan sobremanera, pues tal es el timbre de su voz: idónea para una partitura como este opus 31. Ludlow mantiene en todo momento la tensión, la expresividad y el dominio técnico en un movimiento en absoluto sencillo en cuanto al canto, bien asistido en el apoyo instrumental por flauta, trompa y cuerdas. También su segundo movimiento resultó soberbio, especialmente la refinada respuesta en canon de las cuerdas a su canto, cohesionando la estructura vocal-instrumental de un modo magistral y haciendo explícita una melodía de timbres extendida al propio canto. El tercer movimiento, 'Schöpfen aus Brunnen des Himmels', nos vuelve a mostrar a un Baldur Brönnimann muy intenso, que como Peter Rundel dirige Webern con todo el cuerpo, impulsando su gesto desde las piernas. Ello le confiere a su dirección mayor músculo y expresividad, eludiendo por completo un gesto seco o analítico, por lo que su Webern no es de matemática y metrónomo, sino de un cantabile y una sensualidad más acordes con el carácter soñador y exhortativo del poema de Hildegard Jone. Christina Daletska vuelve a brillar en el efectivo vocal, si bien la especial relevancia de las cuerdas femeninas en el coro ha ayudado a mejorar el nivel, por su calidad dentro del Coro Casa da Música. De nuevo, una muy refinada estructura en canon vincula a coro y orquesta con sutileza, aunque el punto más alto en dicho procedimiento lo alcanzaríamos con la propia Daletska y los solistas de clarinete y trompeta en el final de este movimiento; situación que se extendería a un aforístico cuarto movimiento muy bien cantado por una soprano ucraniana no menos ejemplarmente secundada por violín y trompa, aunque en cuanto a color weberniano, me quedaría hoy con el registro de Ivan Ludlow. En el quinto movimiento, 'Freundselig ist das Wort', brillaron especialmente Christina Daletska y Dorota Siuda en sus diálogos. Si bien la concertino polaca en los grandes pasajes orquestales muestra cierta falta de presencia, en los compases más camerísticos su técnica y refinamiento son muy agradecidos, además de vincularse de forma muy adecuada con la voz de la mezzo ucraniana. En contraste, los coros sincopados suenan algo faltos de carácter, precisarían mayor determinación, algo de lo que no ha carecido la OSPCM, que desde su contrapunto instrumental ha dado un muy buen color a esta Segunda cantata, con músicos de un timbre tan bello como el del clarinete bajo. Finalizó esta primera inmersión weberniana con un sexto movimiento del opus 31, 'Gelockert aus dem Schoße', que de nuevo nos puso en la senda de la renovación realizada por Webern del género coral desde su estudio de la tradición renacentista, por lo que los vínculos con Das Augenlicht resultan evidentes, retomando su equilibrio y circunspección, en manos de Baldur Brönnimann con un toque de serenidad muy bello. Ello no quita el que los pasajes en canon muestren toda su complejidad rítmica, endiablada, cual haces de luz provenientes del poema de Jone en su exhortación final al amor y la paz...

...es ésta una rúbrica que nos hace pensar, de nuevo, hacia dónde se hubiese encaminado la música del compositor austriaco, de no haber recibido los fatales disparos de Raymond Norwood Bell aquel funesto 15 de septiembre de 1945. ¿Qué influencia habría tenido Webern de mediar su propia persona en el contacto con la generación que en la posguerra tomó su música como puente con la tradición? ¿Se habrían desarrollado de forma tan acusada el timbre y las indagaciones ruidistas fuera de los espectros armónicos? Son dudas (pertinentes) que quedarán para siempre en el aire, puestas de nuevo en la palestra por un primer concierto de Música e Revolução que se nos ha pasado en un augenblick, en un instante que, como decía el escritor gallego José María Pérez Álvarez, está vinculado con la eternidad por la misma duración: tal es la música de Anton Webern. 

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