España - Andalucía

Perianes triunfa en Sevilla de nuevo

José Amador Morales

miércoles, 2 de mayo de 2018
Sevilla, viernes, 20 de abril de 2018. Teatro de la Maestranza. Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta nº2 en Si bemol mayor, op.83; Sinfonía nº4 en mi menor, op.98. Javier Perianes, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director musical

Una de las líneas temáticas de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla durante esta temporada, junto con el aniversario Bernstein y los ciclos dedicados a Haydn y Beethoven (estos al margen del abono y en la Sala Joaquín Turina), es el abordaje del ciclo sinfónico brahmsiano así como sus dos conciertos para piano y orquesta. El primero de ellos fue interpretado la semana anterior al que comentamos, con la interpretación de Victoria Vassilenko (ganadora del premio George Enescu) junto con la Segunda sinfonía, ambos igualmente bajo la dirección de John Axelrod.

El monumental Concierto para piano nº2 es una de las obras más complejas técnica y dramáticamente del repertorio, ofreciendo todo un compendio de los magistrales resortes compositivos que el compositor hamburgués había atesorado veinte años después de su primer intento. Una obra que ha sido la piedra de toque para no pocos pianistas que han encontrado en ella bien el lanzamiento de su carrera, bien un muro infranqueable. Recordemos, por citar un caso significativo, cómo este “Segundo” de Brahms supuso algo así como la tarjeta de presentación del gran Rafael Orozco cuya exitosa carrera internacional tuvo un antes y un después tras hacerse con el primer premio del concurso de Leeds en 1966 precisamente con esta obra. 

En esta ocasión Javier Perianes se enfrentaba a una partitura que está abordando a lo largo de esta primavera con interpretaciones en Oviedo, Valladolid, Oslo y varias ciudades estadounidenses. Una lectura la suya con evidente margen de profundización, especialmente en los movimientos primero y cuarto con más aristas que pulir, pero con un segundo y tercero bellísimos en donde las cualidades del pianista onubense (refinamiento sonoro, musicalidad, intensidad expresiva…) encontraron la horma ideal para su desarrollo. Su química con Axelrod fue indiscutible y ello redundó en beneficio de una obra en donde el entramado solista-orquesta es fundamental. El público entusiasmado aclamó con vehemencia a un Perianes que respondió con un inolvidable Nocturno nº 20 de Chopin, de exquisita planificación dinámica.

En la segunda parte, Axelrod demostró su clara sintonía idiomática con el universo brahmsiano con una Sinfonía nº4 de un solo trazo, rotunda en lo sonoro con un imponente equilibrio tímbrico de las distintas secciones. Tal vez la batuta del maestro norteamericano precisó de mayor dramatismo en una versión que en esencia tendió a enfatizar los aspectos más líricos (en clara coherencia interpretativa con la primera parte). Pero, no obstante, ofreció momentos de gran intensidad, como el clímax del final del cuarto movimiento, sabiamente planificado con anterioridad en las diversas variaciones de la chacona que lo estructura.

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