Bajo la alfombra de Enrique Granados

26] Granados y los fusilamientos de 1884

José María Rebés

viernes, 4 de mayo de 2018
Enrique Granados adolescente © La Ilustración Musical, 2 de junio de 1883

El 27 de abril de 1884 el comandante Ramón Ferrándiz Laplana y el teniente Manuel Bellés Casanova del batallón de Reserva de Santa Coloma de Farnés, intentaron sumarse a una sublevación contra la monarquía. Salieron con algunos oficiales y soldados más en un intento de reunirse con el sublevado republicano Higinio Mangado Morales (1853-1884), quien había retornado del exilio por Navarra. Fue uno de los últimos intentos de proclamación de una nueva república, a instancias de otro exiliado, el republicano, y antes jefe del Gobierno monárquico, Manuel Ruiz Zorilla (1833-1895). Hacía 10 años que había terminado la 1ª República Española, tras el pronunciamiento militar del general Arsenio Martinez Campos del 29 de diciembre de 1874, que dio paso a una restauración monárquica en la persona del hijo de la reina Isabel de Borbón, Alfonso de Borbón. Pero no todos aceptaban la monarquía.

Santa Coloma de Farnés 30 de abril

…en la expresada noche del 27 al 28 salieron en dirección a Gerona un comandante, un teniente, un alférez, tres sargentos y cuatro soldados de la reserva. Un capitán, dos tenientes, dos alféreces, un sargento 1º del batallón de depósito y dos soldados del mismo.

Estos jefes y oficiales salieron sin dar ninguna viva ni muera y sin invitar a que les siguieran los paisanos. No se llevaron ninguna cantidad de las cajas. Ayer se presentó en esta villa uno de los sargentos y hoy la Guardia Civil de Amer ha traído otro, que se presentó en dicho pueblo. Acábame de confirmar persona veraz que han caído todos los desertores, menos dos, en poder de fuerzas del gobierno mandadas por el coronel Sr. Camprubí, por la parte de Castellfollit en esta provincia de Gerona.

El corresponsal1

Tras esta primera notificación del levantamiento, sin al parecer pronunciamiento alguno, la situación comenzó a aclararse en los siguientes días:

Santa Coloma de Farnés, 15 de mayo

Acabo de saber por conducto bastante fidedigno que, a pesar de que el fiscal de guerra pidió pena de muerte para el comandante señor Ferrando, teniente Ballés y cadena perpetua para el teniente ayudante señor Roboredo, etc., por fin el consejo reunido ayer en Gerona dio el siguiente fallo: cadena perpetua para el referido comandante; 20 años de presidio para el segundo y 12 años para el tercero, entrando en esta última pena los alféreces señores Lagasca, Cuevas, Baldayo y el capitán Fernández de reserva; con 8 años de presidio para el sargento Martínez, en vez de ir al fijo de Ceuta como pedía el señor fiscal. Los demás, cabos y soldados, libres de toda pena.

Como aquí todo el mundo temía por la vida de algunos de dichos sumariados militares, de ahí que se ha producido grata satisfacción…

El corresponsal2

Días más tarde, el 20 de junio, las noticias ya no eran especulativas, sino una confirmación oficial de la verdadera condena:

Madrid 20, a las 6 de la tarde – Han sido sentenciados a la última pena un comandante y un capitán procedentes de la reserva de Santa Coloma de Farnés.3

Escueto, sin más comentarios, sin indicar los nombres de los militares sentenciados, este comunicado ni siquiera explicaba lo que había sucedido entre el 15 de mayo y el 20 de junio: el Consejo Supremo de Guerra y Marina había revisado, a petición del capitán general de Cataluña4, las sentencias anteriores y las había modificado sin apelación posible5. La prensa, sorprendida y decepcionada, inició una campaña destinada a la petición de indulto, a la que se sumaron políticos, artistas y todos cuantos pudieron aportar su petición de clemencia de una u otra manera. Los habitantes de Gerona firmaron una petición colectiva de indulto, en la que participó una tercera parte de su población. Políticos locales enviaron cartas a la Infanta doña Paz, a la reina madre doña Isabel y al presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo. Se anunció que el Consejo de Ministros del 26 de junio se ocuparía del caso, para antes de llegar esa fecha llegó la triste confirmación de la denegación del indulto:

Madrid, 24 de junio – A la comisión de diputados y senadores de Gerona y de Barcelona que se han presentado a implorar de S. M. el Rey el indulto de los militares de Santa Coloma de Farnés, S. M. ha contestado no poder acceder a sus deseos en vista de la resolución del gobierno en sentido negativo.6

El 28 de junio de 1884 se organizó en Barcelona un concierto en el Teatro Lírico a beneficio de las familias del comandante y del teniente condenados a muerte7. En ese concierto participó también Clotilde Cerdà i Bosch, conocida como Esmeralda Cervantes, la hija del arquitecto que ganó el concurso de la ampliación de la ciudad de Barcelona, el conocido Plan Cerdà. La intérprete había hecho algo más por la suerte de los condenados: escribir un telegrama de súplica a la reina madre Isabel de Borbón, además de animar a las mujeres de «la distinguida sociedad barcelonesa para interesarlas en favor de aquellos desgraciados y telegrafiar a los Reyes»8. El día antes, en las puertas de las casas de Barcelona, de Gerona y de otras ciudades, se colgaron letreros en apoyo de los condenados: «Cerrado en manifestación de luto. ¡¡Perdón para los condenados de Santa Coloma de Farnés!!». A media tarde, Barcelona entera había cerrado sus puertas con el mismo letrero.9

¿Qué relación podía guardar un joven al que faltaba un mes para cumplir los 16 años con aquella deserción de militares? De entrada, él era hijo de militar y hermano de militar, en un periodo convulso de la historia de España. Su padre, Calixto Granados Armenteros, había sido militar en la monarquía de Isabel de Borbón, en la Regencia del general Francisco Serrano (junio de 1869 a enero de 1871), en la efímera monarquía de Amadeo de Saboya (noviembre de 1870 a febrero de 1873) y en una República también de corta vida (febrero de 1873 a diciembre de 1874), además de en la monarquía de Alfonso XII. El hermano, Calixto Granados Campiña, había entrado en el ejército con 16 años el 26 de junio de 1874, en la República, y serviría armas después en la monarquía de Alfonso XII.

Un dato falta para entender la implicación de Enrique Granados: el regimiento encargado del fusilamiento del comandante Ferrándiz y del teniente Bellés era el Navarro 25, el Triunfante, en el que había estado destinado su padre a lo largo de muchos años y el último en el que sirvió, hasta su muerte, acaecida el 24 de junio de 1882. En el mismo regimiento estaba sirviendo armas su hermano. Es decir, el consejo de guerra que les había condenado a penas de prisión, pero no a la de muerte, había sido el formado en el regimiento más íntimamente relacionado con la familia.

El 28 de junio de madrugada, salió un destacamento del Navarra 25 dirigiéndose por la puerta de San Cristóbal a la parte exterior del Baluarte de la Mercè, donde formaron. Enfrente ambos militares esperaron la descarga, vendados y sentados en sillas. A la primera descarga murió el teniente, pero el capitán aún tuvo tiempo de gritar: “¡no estoy muerto, rematadme!”. Lo presenciaron tan solo una docena de gitanos, según las crónicas.

La mujer del teniente Manuel Bellés estaba en Barcelona el día en el que fusilaron a su marido y seguramente asistió al concierto benéfico. Su marido la había enviado expresamente fuera de Gerona, a ella y a su hijo de 17 meses, para que estuviera allí cuando él muriera.10 Ella se llamaba Clotilde Noriega, el nombre con el que aparece en una dedicatoria de una mazurka compuesta por Granados, sin que sepamos exactamente a quién iba dedicada. Clotilde sí, pero todavía no Clotilde Godó.

Los generosos impulsos de la distinguida concertista de arpa señorita Esmeralda Cervantes, cediendo el producto íntegro del concierto dado anteayer en el teatro Lírico, a beneficio de las desventuradas familias del comandante y teniente de Santa Coloma de Farnés, no se vieron coronados de todo el éxito que era de desear. Quizás por la perentoriedad con que se hizo el ofrecimiento, quizás por otra causa que desconocemos, ello es que la concurrencia que asistió a dicho concierto no fue de mucho la que era de desear atendidos su objeto y los artistas que figuraban en el programa. Mas, si en la parte económica no fue la función que debía ser, en lo demás estuvo a la conveniente altura.

Esmeraldina, en una gran fantasía a solo de arpa, sobre Moisés [de Rossini] y en otras producciones, dio muestras de sus dotes especiales y de su dominio de un instrumento tan difícil, dotes y dominio que la han valido premios y agasajos en un gran número de países, así de América como de Europa. Los demás ejecutantes, la señorita Guerra, el señor Granados y otros en el piano, el señor Candi en el armónium, el señor Pérez en el violín, la niña Galcerán en el monólogo "Conchita", las señoras Gorriz y Guerra y los señores Mario y Tamayo en "Mi secretario y yo", todos ellos merecieron grandes aplausos, tanto más merecidos, cuanto que todos los ejecutantes se prestaron gratuitamente como la iniciadora del concierto, a ejecutar la parte que en él les cupiera.11

Notas

1. “La Publicidad”, año VII, número 2221, 2 de mayo de 1884, página 2.

2. “La Publicidad”, año VII, número 2237, 18 de mayo de 1884, página 2.

3. “La Publicidad”, año VII, número 2271, 21 de junio de 1884, página 3.

4. “El Diluvio”, Barcelona, número 153, 1 de junio de 1884, página 4545.

5. Expediente sobre la rebelión del batallón de Reserva en Santa Coloma de Farnés, SHM, Archivo General Militar, 2ª Sección, 4ª División, leg. 191, “Movimientos políticos republicanos 1884”

6. “Diario de Barcelona”, 25 de junio de 1884.

7. “La razón de la fuerza: Orden público, subversión, y violencia política en la España de la Restauración (1875-1917)”, de Eduardo González Calleja, p.119.

8. “El Diluvio”, Barcelona, número 179, 27 de junio de 1884, página 5336.

9. “El Diluvio”, Barcelona, número 180, 28 de junio de 1884, página 5341.

10. “La Publicidad”, año VII, número 2279, 29 de junio de 1884, páginas 2 y 3. Realmente impactante la narración de su actividad en Barcelona en vísperas del fusilamiento de su marido.

11. “El Diluvio”, Barcelona, número 182, 30 de junio de 1884, página 5404.

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