España - Castilla y León

Desconcierto

Samuel González Casado

martes, 8 de mayo de 2018
Valladolid, viernes, 20 de abril de 2018. Auditorio del CCMD. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Lucas Macías, director. Denis Kozhukhin, piano. Schönberg: Sinfonía de cámara n.º 2. Schönberg: Noche transfigurada. Chaikovski: Concierto para piano y orquesta n.º 1 en si bemol menor, op. 23. Ocupación: 90 %

El programa n.º 14 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León no pasará a la historia por la calidad de sus interpretaciones. Y es que realmente las obras y distribución no facilitaban el asunto al director, Lucas Macías, porque en la primera parte no iba a recibir una aclamación popular por Schönberg y en la segunda el pianista recogería todo el entusiasmo.

No fue un concierto fácil para este grandísimo oboísta cuya carrera de director está despegando. Con la Sinfonía de cámara n.º 2 no enganchó y, aunque la lectura fue muy correcta, faltó explotar muchos momentos que podrían haber dado juego, por ejemplo en lo que se refiere a contrastes tímbricos. El resultado global de Noche transfigurada fue superior para el público porque la obra es mucho más agradecida melódicamente, pero esta es una pieza de sentimientos extremos, y aquí no asomaron. La versión fue epidérmica, muy aseada pero poco personal, y no hubo intencionalidades manifiestas en los mil y un detalles que pueden destacarse en ella. Los clímax sonaron fuertes pero sin efecto, porque su preparación fue, digámoslo así, académica. Faltó tensión y más claridad en los fortes, y en general un poquito más de empatía entre todos los elementos (director-orquesta-público). Algunos partes recoletas o en pianísimo atestiguaron que este director posee sensibilidad, y desde luego podrá ir desarrollando su estilo hacia lugares artísticamente mejor aprovechados.

El asunto no mejoró con el Concierto para piano n.º 1 de Chaikovski. Después de escuchar la versión de Kozhukhin, se me antoja difícil que vuelva a experimentar una interpretación más prosaica. El mecanismo de este pianista tiende a presentar los pasajes en blanco y negro, y generalmente todo suena del mezzoforte hacia arriba. El ataque no es flexible y muchas notas de la mano derecha suenan sobredimensionadas y lineales. Falta madurez para poder dibujar con sensibilidad muchos pasajes por los que se pasó como lo haría un carro de combate, y desde luego mejor profundización y estudio para que los rasgos de personalidad vayan un poquito más allá de la potencia, la capacidad de tocar muchas notas en poco tiempo, o simples detalles contrastantes o lúdicos que poco añaden al conjunto.

La concertación fue deficiente, con un pianista que empezó tirando de la orquesta (sensación incómoda para el espectador), hizo lo que quiso en todo momento y se desentendió absolutamente de las intenciones más líricas y pausadas del director, que tampoco mostró el no va más de la flexibilidad. Curiosamente en el segundo movimiento es donde menos sobresaltos hubo, y la habilidad del pianista y el matizado sonido de la orquesta logró que todo transcurriera bajo unos niveles más que aceptables. En el tercero volvió el combate, y el director se contagió en los fortes, que aparecieron desestructurados, chirriantes. La orquesta, en general, no estuvo a la altura acostumbrada.

En fin, lo mejor de este concierto fueron las notas al programa de Adolfo Muñoz Rodríguez, con una traducción propia del poema Noche transfigurada e interesantes detalles en relación a la composición de Schönberg. Por lo demás, una de esas jornadas poco propicias para la música en la que artistas que indudablemente destacarán en otras circunstancias no tienen su día.

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