España - Andalucía

Emotivo Diluvio

José Amador Morales

miércoles, 9 de mayo de 2018
Jerez de la Frontera, sábado, 21 de abril de 2018. Teatro Villamarta. Benjamin Britten: El diluvio de Noé. Ópera en un acto. Eduardo Aguirre de Cárcer, director de escena. Javier Velasco, coordinador artístico. Ángel Rodríguez (Noé), Leticia Rodríguez (Sra. Noé), Ana Isabel Alarcón (Sem), Alba González Campo (Cam), Andrea Ramírez Ortegón (Jafet), Paula García Carles (Sra. Sem), Alicia Ruiz Aliaño (Sra. Cam), Carmen Junquera (Sra. Jafet). Escuela de Música y Danza Belén Fernández, Escuela de Música y Danza Musicry, Escolanía Los Trovadores, Conservatorio de Música Joaquín Villatoro, Taller de Música Copad de Afanas, Coro del Teatro Villamarta, Coro Joven del Teatro Villamarta. Orquesta Amateur. Orquesta de profesores. José Miguel Román, director musical. Producción del Teatro Villamarta de Jerez
Aguirre: El diluvio de Noé © Javier Fergo, 2018

El poder sentir cómo se contagia la emoción que genera la capacidad creativa, es uno de los mayores alicientes de trabajar con tantos jóvenes que comienzan su carrera dentro de esta gran máquina que es la escena y donde los sueños pueden ser una realidad alcanzable… (Javier Velasco). Estas palabras del coordinador artístico de esta producción bien podrían resumir el ambiente, a medio camino entre lo emotivo y lo celebrativo, que se vivió durante esta representación jerezana de El diluvio de Noé de Britten en la que se volvió a disfrutar de la producción escénica que el propio Teatro Villamarta estrenara hace tres años. La sala repleta daba cuenta de un público entregado al tiempo que muy receptivo y consciente del enorme valor humano y artístico de la propuesta. Y es que la velada ofreció una hermosa simbiosis entre una contundente calidad artística y una afectividad que, sospechamos, no estaría muy lejos de los deseos del propio Britten para con esta obra. 

Y es que el compositor británico ideó El diluvio de Noé para un gran grupo de jóvenes músicos y cantantes no profesionales (en concreto para estudiantes de un instituto de secundaria) a los que podían sumarse los asistentes (la “congregación” en propias palabras del compositor) en los grandes momentos corales. En esta ocasión, meses atrás se abrió una convocatoria para que participaran jóvenes músicos amateur, escuelas de música, conservatorios y agrupaciones musicales varias de la ciudad. En definitiva, un gran crisol infantil y juvenil que refleja la vitalidad musical jerezana y que, con una organización exquisita, ha dado como resultado dos representaciones inolvidables de esta ópera tan especial de Britten. 

Pero el valor afectivo por sí sólo quedaría en simple ñoñez cual banal acto escolar de fin de curso y, como ya hemos señalado al principio, el aspecto meramente artístico y musical rayó a un nivel extraordinario. Para empezar, la producción es sencilla pero muy rica visualmente, con cuidados vestuario y luminotecnia así como puntuales y sutiles proyecciones audiovisuales; el movimiento de masas, aquí tan determinante, fue ágil y muy fluido, repartiendo eficazmente los diversos protagonismos. Las prestaciones instrumentales, corales (especialmente las escolanías) y solistas (con unos motivados Ángel Rodríguez y Leticia Rodríguez a la cabeza) ofrecieron una limpieza y una adecuación idiomática sólo posible con un trabajo intensísimo y - los docentes lo sabemos - muy vocacional. Que todos diesen lo mejor de sí, que ello redundara en beneficio del resultado colectivo y, particularmente, que este “diluvio” sonara a Britten indudablemente se debió a la batuta segura y convincente de José Miguel Román que salió bastante airoso de su nada fácil cometido. 

El público aclamó entusiasmado y conmovido a los protagonistas, otra prueba incontestable de, ante todo, un trabajo bien hecho. 

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