España - Andalucía

De Pärt a Bartok pasando por Bernstein

José Amador Morales

jueves, 17 de mayo de 2018
Sevilla, viernes, 26 de enero de 2018. Teatro de la Maestranza. Arvo Pärt: Canto en memoria de Benjamin Britten para orquesta de cuerda y campana tubular. Leonard Bernstein: Tres meditaciones de Mass para violonchelo y orquesta. Béla Bartok: Concierto para orquesta, Sz.116. Leonard Elschenbroich, violonchelo. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Jean-Luc Tingaud, director musical
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En línea del anterior concierto de abono, la Sinfónica de Sevilla nos proponía una nueva obra de Leonard Berstein, habida cuenta del centenario de su nacimiento que este año se conmemora y, de paso, para dar a conocer parte de una faceta compositiva del músico norteamericano que, en términos generales, resulta bastante desconocida más allá de sus musicales Candide o West Side Story. Esta vez la obra elegida fue Tres meditaciones de Mass para violonchelo y orquesta, una suerte de suite extraída de la correspondiente obra escénica del propio compositor, en donde el habitual eclecticismo estilístico de Bernstein se hace más patente que nunca al tiempo que adolece de cierta irregularidad intrínseca, lo cual no la exime de interés. Aquí recibió una lectura solvente por parte de Leonard Elschenbroich acompañado eficazmente por Tingaud. El chelista alemán, tal vez no del todo satisfecho, apenas esperó los primeros aplausos para ofrecer una bellísima y expresiva zarabanda de la Suite para violonchelo nº 3 de Bach que impactó sobremanera en el público. 

Pero si hablamos de impacto, y como sucediera la semana anterior con la Serenata para violín y orquesta de cuerda de Bernstein, el punto álgido de la velada lo volvió a acaparar la obra con la que dio comienzo el concierto. Y es que resulta difícil que el hermoso Canto en memoria de Benjamin Britten de Arvo Pärt no conmueva en ningún sentido al que lo escucha. Como dice Martín Llade en sus siempre interesantes notas al programa, “todos los principios la obra posterior del compositor están contenidos ya en el Cantus: el empleo de campanas y técnicas compositivas del renacimiento o el barroco, una austeridad extrema y la omnipresencia del silencio: venimos del silencio y volvemos a él -ha afirmado- eso nos recuerda que antes de nacer y después de morir sólo somos silencio respecto a este mundo”. El público esperó hasta después de que Jean-Luc Tingaud bajara lentamente la batuta -algo insólito en el Maestranza- generando un expresivo silencio final que pasó a formar parte de una versión extraordinaria por parte de una orquesta motivadísima y una dirección especialmente sutil en la planificación dinámica. 

A la vuelta del descanso, el maestro parisino insufló una acertada intensidad y tensión al Concierto para orquesta de Bartok, partiendo de un equilibrio ideal por parte de las distintas secciones de la Sinfónica de Sevilla (fue particularmente aplaudida la cuerda). Tampoco descuidó el juego de contrastes y contratiempos tan consustancial a esta obra paradigmática del compositor húngaro.

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