Bajo la alfombra de Enrique Granados

27] Un himno para los ahogados

José María Rebés

viernes, 11 de mayo de 2018

El 10 de noviembre de 1897, sobre las siete y media de la mañana, se empezó a observar una crecida del río Turia a su paso por Valencia. En pocos minutos se convirtió en una de las riadas más importante de la región, que además fue la primera fotografiada de la ciudad de Valencia. Anegó también otros pueblos, además de algunos barrios de la capital, destruyendo puentes, casas, molinos y barracas.

“Los estragos producidos por la devastadora inundación del río Turia en la infausta fecha del 10 de noviembre de 1897 no se habrán borrado seguramente de la memoria de los que presenciaron tan terrible catástrofe. Barrios y pueblos enteros anegados, casi destruidos, viviendas arrebatadas por la impetuosa corriente, familias desaparecidas, campos feracísimos convertidos en fangosos eriales, por todas partes la desolación, la ruina. La muerte para unos y la miseria para muchos, evocando y reproduciendo las tristezas dolorosas de aquellos sombríos cuadros de agonía y desesperación que ofrecieron en ocasión análoga las huertas de Murcia y los campos de Consuegra.

A las once de la mañana la riada es ya terrible, espantosa. Momentos después subía tanto su nivel que apenas dejaba medio metro de luz en los ojos del puente de la Trinidad.

A las once y cinco minutos el puente de madera de la Sociedad de Tranvías ha cedido, y allá han ido tablas y maderos en montón. Las vigas deteníanse en los puentes de la Trinidad y el del Real, sirviendo de palanca a la impetuosidad de las aguas.

A las doce el caudal había inundado las alamedas de Serranos, calle de Sagunto y parte de la barriada de San Vicente. De Patraix comunicaba que el agua lo invadía todo y que subía a más de un metro en la partida denominada del Pontón. Las campanas de las parroquias seguían tocando.

A la una estaba inundada la ronda y la situación del poblado de Campanar era angustiosísima. Se han pedido barcos al Grao para ayudar a Campanar.

A las tres comienza a bajar el nivel.

En el Grao y Cabañal los efectos han sido desastrosos”1

El 13 de noviembre se creó una subscripción en socorro de los damnificados por las inundaciones, iniciada por el gremio de almacenistas de tejidos, que en poco tiempo recaudaron 3.000 pesetas destinadas a las necesidades más urgentes. En pocos días, y a cargo de una comisión creada para ello, se recaudaron 130.000 pesetas, con aportaciones no solo de personas y entidades de la región, sino que también llegaron de Cataluña y Murcia. En Barcelona colaboraron el Ateneo Barcelonés, el Círculo Ecuestre, los obispos de Barcelona y Vic, la Diputación Provincial de Barcelona y los ayuntamientos de Barcelona, Sabadell y Tarrasa, entre otros.

La deuda de gratitud que Valencia contrajo con sus hermanos de Barcelona en tan dolorosa ocasión, es de tan grata e inextinguible memoria que, si ya no lo estuvieran desde muy antiguo, estrecharía más y más los lazos de afinidad que a las dos ciudades unen por su historia, sus costumbres y sus intereses morales y materiales”.

Llegaron ayudas económicas también desde Buenos Aires, de la importante colonia española de la ciudad, por un total de 20.000 pesetas. Palma de Mallorca y Sóller aportaron otras 8.000, con la valiosa ayuda animando a la subscripción del diario más importante de la isla, La Última Hora. Contribuyeron también la Reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena y la Infanta Isabel de Borbón y Borbón. La aportación de otro monto de 60.000 pesetas provenientes de otra subscripción en Valencia cerró el importante capítulo de ayudas económicas. Se elaboró una lista de afectados, nombre a nombre, barrio a barrio, pérdida a pérdida: vidas, viviendas, tierras, cosechas, todo fue enumerado e indemnizado. Para llevar a cabo tal empresa, se dividieron en tres las zonas de trabajo de la Junta Magna creada para llevar a cabo la reconstrucción e indemnizaciones:

1 – Nazaret, Monte-Olivete, Cantarranas y Grao.

2 – Marchalenes, Tendetes, Campanar, San Pedro Pascual, Zaidía y calle de Sagunto.

3 – Pueblos de Catarroja y Masanasa.

Parte de esas ayudas sirvieron para levantar unas edificaciones en las zonas de Catarroja (sesenta viviendas) y Masanasa (seis viviendas), para reemplazar las barracas destruidas por la riada. Al conjunto de casas de la Catarroja se le llamó “el barrio de la Caridad”, por obvias razones. Se inauguraron oficialmente, mediante un solemne acto en el Ateneo Mercantil de la ciudad, el 5 de enero de 1899. La Junta repartió también ropa y muebles a los afectados desde el primer momento.

Enrique Granados colaboró con lo que pudo, que, a falta de dinero, fue una sentida composición titulada L’himne dels morts (en catalán en el manuscrito original, El himno de los muertos)2. Fue el crítico y cronista musical, periodista y compositor Eduardo López-Chavarri Marco (1871-1970) quien le pidió que le enviara una composición para ayudar a recaudar fondos en un concierto organizado a tal efecto por el Círculo de Bellas Artes de Valencia. Granados le envió rápidamente unos compases para piano, que López-Chavarri se encargó de orquestar para su estreno.

Escrito a pluma y sin correcciones, lo que delata una versión previa a lápiz, como era su costumbre, está firmado como “P. Enrique Granados – Barcelona 1897”. Excepcional firma, donde incluye la P inicial de su primer nombre de pila, Pantaleón, que no me consta que usara en otras partituras. Su firma habitual era o bien “E. Granados” o bien “Enrique Granados”, pero esta vez la inclusión de la inicial de su primer nombre parece indicar una seriedad, una gravedad que ya el tipo de movimiento musical nos confirma: sobre el primer compás está marcado “grave (andante)”. Eduardo López-Chavarri realizó un arreglo para orquesta de cuerdas.

Tras la muerte de Granados, acaecida el 24 de marzo de 1916, el Himno fue recordado en uno concierto de la Orquesta de Cámara de Valencia, el día 4 de mayo de 1916:

“En la tercera parte hubo un homenaje delicado a la memoria del maestro Granados; la orquesta interpretó «El himno de los ahogados», escrito por Granados expresamente para el festival que a beneficio de los perjudicados por las inundaciones de Marchalenes celebró el Círculo de Bellas Artes. El «Himno» fue escuchado con religioso silencio3.

Leo Magenti escribió entonces unas líneas de alabanza del compositor leridano, entre las que incluyó una referencia a aquel Himno de los muertos:

Fáltame consignar una nota altamente conmovedora, y ello fue la interpretación del «Himne dels morts» instrumentada por su amigo López-Chavarri. Granados la compuso dedicándola a los ahogados. ¡Cuán lejos estaba el llorado maestro, al escribirlo, que había de ser él al mismo tiempo autor y protagonista! El cronista confiesa que lloró4.

Notas

“Memoria de los trabajos llevados a cabo por la comisión ejecutiva de la Junta Magna para el socorro de los damnificados por el desbordamiento del río Turia, ocurrido el 10 de noviembre de 1897”, Ateneo Mercantil de Valencia, Establecimiento Tipográfico Doméch, 1904, p. 9

El original se encuentra en el Centre de Documentació de l’Orfeó Català de Barcelona

“La correspondència de Valencia”, año XXXIX, número 16.696, 5 de mayo de 1916, p. 2

“Diario de Valencia”, año VI, número 1.855, 6 de mayo  de 1916, p. 2

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