España - Cataluña

Mente y alma se confunden

Berta del Olivo
viernes, 18 de mayo de 2018
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Barcelona, martes, 1 de mayo de 2018. Palau de la Música Catalana. Matthias Goerne, bajo-barítono; Christina Roterberg, soprano; Isabelle Rejall, contralto; Florian Feth, tenor; Katharina Arfken; oboe; y Juan de la Rubia, órgano. Freiburger Barockorchester. Gottfried von der Goltz, violín y director. J. S. Bach: 1a Sinfonia (Concerto) de la Cantata “Geist und Seele, wird verwirret”, BWV 35. J. S. Bach: Cantata "Ich will den Kreuzstab gerne tragen" BWV 56. G. F. Händel: Concerto grosso en Si menor, op.6 núm. 12, HWV 330. J. S. Bach: 2a Sinfonia de la Cantata “Geist und Seele, wird verwirret”, BWV 35. J. S. Bach: Cantata BWV 82, “Ich habe genug”. G. F. Händel: Concierto de órgano en Fa mayor HWV 295. Ocupación: 90%
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Parafraseando el texto de la Cantata BWV 35, la mente y el alma del público del Palau se confundían tras la contemplación de la interpretación, solista y en conjunto, de unos músicos en estado de gracia. El programa combinó, de manera equilibrada, Cantatas de Bach con Conciertos de Händel. El concierto empezó con1a Sinfonía (Concerto) de la Cantata “Geist und Seele, wird verwirret” BWV 35 (Mente y alma se confunden) de Bach, donde destacó el virtuosismo de Juan de la Rubia, con una interpretación expresiva y viva, junto a una eficaz y bien articulada Orquesta barroca de Friburgo (Freiburger Barockorchester), que entabló un dialogo musical con el organista lleno de musicalidad. 

Y tras este aperitivo, Matthias Goerne, con una agilidad vocal sobresaliente, nos presentó la primera de las dos joyas del repertorio de Cantatas de Bach del programa, la Cantata "Ich will den Kreuzstab gerne tragen" BWV 56 (Con gusto llevaré la cruz) donde el maestro de Leipzig explora el sentido de esperanza en la muerte, con un texto lleno de bellas metáforas: “mi viaje por el mundo es como el de un barco: aflicción, sufrimiento y angustia son las olas que me rodean hasta la muerte”, “ven, oh muerte, hermana del sueño, ven y llévame; desata el remo de mi barquilla, llévame a puerto seguro”; “por fin, por fin, mi yugo me será quitado. Entonces recibiré la fuerza del Señor, tendré atributos de águila, volaré de esta tierra y correré sin fatigarme”. 

Los melismas virtuosos de las cantatas de bajo solista de Bach requieren una agilidad excepcional, y Goerne, con su bello timbre, se adaptó de manera excelente a las exigencias de las extensas ejecuciones. Especialmente bello fue el diálogo entre el oboe de Katharina Arfken y la voz de Goerne: la proyección de la voz seguida de la respuesta delicada del oboe no es sino una traslación de la imagen del peso de la vida dejando el alma, momento acompañado suavemente por el conjunto de Friburgo.

En la voz de Goerne, las reflexiones de Bach sobre el sufrimiento y la muerte adquieren un tono profundamente humano, con resquicios de enfado y frustración, lejos de una aceptación completamente serena y etérea.

La primera parte terminó con la interpretación del Concerto grosso en Si menor, op.6 núm. 12, HWV 330 de Händel, bellamente interpretado por el conjunto alemán, liderado por su concertino Gottfried von der Goltz con gran precisión y dinamismo, destacando la rítmica ejecución del segundo movimiento.

La segunda parte profundizó en los rasgos más brillantes de la primera, alcanzando el concierto momentos culminantes.

En la 2a Sinfonia de la Cantata “Geist und Seele, wird verwirret”, BWV 35, el organista Juan de la Rubia estuvo técnicamente y expresivamente apoteósico.

A continuación, en la Cantata “Ich habe genug” BWV 82 (“He tenido suficiente”), que también explora el tema de la esperanza en la muerte, de manera similar a la cantata BWV 56, el diálogo exquisito entre el oboe y la voz alcanzó su culmen. En este caso, el anciano Simeón relata cómo reconoció a Jesús en el templo, y murió en paz habiendo visto al Mesías. Se trata de una cantata de conmovedora devoción e intensidad emocional, subrayadas por la riqueza del timbre del oboe y la plenitud vocal de Goerne, destacando la alegría que Simeón siente al saber que puede estar con Dios. 

Por último, Juan de la Rubia bordó con su dominio del teclado el famoso Concierto para órgano en Fa mayor HWV 295 de Händel (el Cuco y el Ruiseñor), partitura que imita el canto del cuco y el ruiseñor en varios pasajes, con una ejecución enérgica y llena de matices. 

El público del Palau respondió con continuados aplausos, que obtuvieron como recompensa un bis del organista Juan de la Rubia y la Orquesta Barroca de Friburgo. 

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