Reportajes

A Portrait of the Artist as a Young Musician (II): el proyecto Musica Mundi

Maruxa Baliñas

viernes, 1 de junio de 2018
Haggit Hassid-Kerbel © Musica Mundi, 2018

El 31 de mayo se presentó en Waterloo, cerca de Bruselas, el nuevo proyecto de la Musica Mundi School, un centro educativo para jóvenes músicos de entre 10 y 18 años. Un grupo de periodistas fuimos invitados a la rueda de prensa de presentación formal de la escuela y a conocer de primera mano las instalaciones que recibirán al primer grupo de alumnos en septiembre de este mismo año, dentro de poco más de tres meses. En el mismo acto se presentó también la XX edición de Musica Mundi, un curso de verano para jóvenes talentos de 10 a 20 años (aunque este año recibirán algunos más pequeños, incluso de 7 años) que es simultáneamente un festival internacional de música de cámara, donde participan -entre otros artistas- algunos profesores del curso.

La localización de la nueva escuela es fascinante. Se trata de la Abadía de Fichermont, situada en pleno campo de batalla de Waterloo; un monasterio creado a partir de 1927 por el rey Alberto I de Bélgica (reinado, 1909-1934), quien había participado personalmente en algunas batallas de la Primera Guerra Mundial. Alberto quería crear un lugar donde se rezara por la paz, al tiempo que se rendía homenaje a los muertos, especialmente a los de la Batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815. Esta abadía de Fichermont tuvo una época de fama en torno a 1963, cuando una monja de la abadía, Soeur Sourire, se hizo famosa con una canción que llegó a competir en las listas de popularidad con los Beatles y Elvis Presley. Cuando los monjes dominicos abandonaron la abadía, esta pasó a convertirse en sede de una comunidad cristiana, Le Verbe de Vie, que también dejó el edificio. Fue entonces cuando la archidiócesis de Mechelen-Bruselas ofreció el edificio para este proyecto de una escuela musical, por considerar que este podía ser un uso 'aceptable' al sustituir la armonía de los rezos por la de la música.

Dado que la entrega del edificio se realizó en octubre de 2017, las renovaciones han tenido que ser realizadas en un período de tiempo muy breve, pero este 31 de mayo se presentó un edificio completo en los aspectos estructurales, y con algunos de los espacios ya amueblados y decorados. Resulta especialmente atractiva la antigua iglesia, en forma de cruz latina, convertida ahora en sala de conciertos, donde al lado de las vidrieras típicas de cualquier iglesia de esta época y otras más modernas modernas, se han colocado unas grandes placas destinadas a mejorar la acústica de la iglesia, que han sido pintadas y decoradas con mimo de modo que no desentonen del conjunto. Detalles pequeños, pero que muestran que tras Musica Mundi School hay una auténtica ilusión por el trabajo cuidado. Enfrente de este auditorium dedicado a Bach se ha situado una segunda sala de conciertos, para música de cámara, que lleva el nombre de Mendelssohn, donde además se darán las clases magistrales. Según confesó Léonid Kerbel, desde aquí esperan poder realizar además -cuando resuelvan los problemas técnicos de la alta capacidad de internet- retrasmisiones de las clases magistrales, como hacen otras escuelas de música.

En un primer momento, para este curso 2018-19, esperan recibir aproximadamente 20 alumnos, de entre 10 y 16 años, que cursarán los cuatro primeros cursos de los ocho que se ofrecerán (desde 5º de Primaria a 6º de Secundaria) cuando la escuela alcance su capacidad completa, que puede llegar a los 100 alumnos. Hoy conocí ya a dos de estos primeros alumnos, que actuaron en el concierto que acompañó los discursos de la rueda de prensa y luego comieron con nosotros, al igual que lo hicieron el resto de los participantes en la parte musical, todos ellos -o eso entendí- provenientes de los cursos veraniegos de Musica Mundi. Ellos son lo más importante de este proyecto y resultan francamente impresionantes: desde Boda, la pequeña violinista turca de 8 años que mostró un tremendo desparpajo unido a un no menos tremendo dominio del instrumento, hasta Alexander, el pianista ruso de 18 años con una enorme facilidad técnica y musicalidad, que además de tocar a solo acompañó a varios de sus compañeros con no menor soltura (algo mucho más raro a estas edades). Junto a ellos un violonchelista que a pesar de su juventud podría perfectamente estar en una sala de conciertos, una joven arpista muy musical que me pareció francamente prometedora, una violinista -Kristina- que con el instrumento en la mano es un volcán de sonido y sin él una tímida adolescente, y otro violinista, Maxim -uno de los futuros alumnos- que si no fuera tan buen intérprete podría perfectamente dedicarse al periodismo, porque además de estar enterado de todo, lo cuenta con la mayor convicción.

El proyecto pedagógico de Musica Mundi

Música Mundi nació en 1998 como un curso de verano y un festival de música de cámara, por lo que este año se celebra su veinte aniversario. Sus fundadores fueron el violinista Leonid Kerbel (Ucrania, 1962) y Hagit Hassid-Kerbel (Israel, 1966), a los que se fueron sumando otros profesores y sobre todo artistas en activo que han acabado convirtiéndose en la "familia Musica Mundi" por su implicación tanto en el curso veraniego como en el festival. Si en la primera edición del curso de verano los participantes fueron 33, provenientes en su mayoría de Bélgica y países cercanos, y los profesores sólo cuatro -Leonid Kerbel (violín), Zvi Carmeli (viola),Thomas Fruhauf (chelo), y Hagit Hassid-Kerbel (piano)- este año serán un total de 75 alumnos provenientes de treinta países distintos y un plantel de diez profesores que se unen a los dieciseis artistas residentes, entre los que se hallan los ya nonagenarios Menahem Pressler e Ivry Gitlis quienes aportan historia viva a los alumnos al tiempo que un amor incombustible por la música, y los mucho más jóvenes Maxim Vengerov (violín), Alexandra Soumm (violin), Jérôme Pernoo (chelo), Itamar Golan (piano), Chang-xin Guan (piano), Vladimir Perlin (chelo), Catherine Michel (arpa), Nicholas Angelich (piano), Jussi Siirala (piano), Ronald Van Spaendonck (clarinete), y el Cuarteto Talich.

La XX edición de Musica Mundi se celebrará entre el 15 y el 29 de julio de 2018 en una doble localización geográfica: el Chateau du Lac de Genval -su sede tradcicional, donde seguirán teniendo lugar los conciertos del festival- y las propias instalaciones de la Musica Mundi School, donde se centrarán las clases y los conciertos de alumnos, además de ser la residencia oficial del curso. El curso está abierto para alumnos entre 7 y 20 años, de violín, viola, chelo, contrabajo, piano y clarinete. Cada alumno participará en varios conjuntos de música de cámara y cada conjunto recibirá una clase diaria de 45 minutos. El alumno también recibirá, dos veces a la semana, dos clases individuales de 45 minutos. Las lecciones y las prácticas individuales se llevarán a cabo en habitaciones de práctica acústicamente diseñada en la nueva sede de la Musica Mundi School. Cada semana se llevará a cabo un concierto interno del cual se escogerán los mejores grupos para que participen en un concierto público. Tres veces a la semana se efectuarán presentaciones públicas, clases magistrales y conciertos por parte de los artistas invitados.

La Musica Mundi School es un proyecto que Léonid Kerbel y Haggit Hassid-Kerbel llevaban acariciando años, ya que veían que muchos de los chavales que pasaban por sus manos tenían grandes dificultades para combinar sus estudios generales con los musicales. Este tipo de escuelas que combinan ambos ámbitos son prácticamente inexistentes en Europa Occidental -exceptuando Gran Bretaña-, aunque se están extendiendo bastante por países asiáticos y se mantienen algunas en Europa Oriental y Rusia. El veinte aniversario de la "escuela de verano" parecía un buen momento para poner en marcha la escuela "de invierno" y a este nuevo proyecto se lanzaron, con un entusiasmo que fue evidente en la rueda de prensa. Una suma de circunstancias -la demolición de la sede del curso de verano en los últimos quince años, la oferta de ocupar la Abadía de Fichermont, el apoyo de los mecenas que se han ido consolidando en los veinte años de Musica Mundi, etc.- impulsaron la fundación de la escuela y desde hace dos años los Kerber y su "familia" han ido programando todo para llegar a esta inauguración.

Como ya indiqué en la primera parte de este artículo, el objetivo de la Musica Mundi School es doble, por un lado proporcionar a los alumnos una formación musical de calidad coordinada con los estudios generales de modo que el horario de clases y prácticas no sobrepase en ningún caso las 35 horas para los pequeños y las 54 para los más mayores: de ellas, a los estudios generales -incluyendo el tiempo de deberes- se le dedicarán menos de 20 horas los de primaria y hasta 27 los de los últimos cursos. Pero además se pretende facilitar a los alumnos un espacio donde al tiempo que se forman académicamente maduren personalmente, de ahí la insistencia en que los alumnos residan en la escuela, incluso aunque sus familias vivan cerca de ella. Para ello, las tasas de la escuela son manifiestamente 'tendenciosas': si el curso completo con todos los servicios y la residencia asciende a 23.000 o 25.000 € (según el tipo de habitación), el alumno que sólo asista a las clases y coma en la escuela a mediodía tendrá que pagar 21.000 euros.

No es una escuela barata, pero dado que los alumnos son elegidos exclusivamente por sus cualidades musicales y mediante audición, también hay un programa de becas que permite que aproximadamente la mitad de los alumnos disfruten de alguna ayuda económica total o parcial para pagar la escuela. A cambio recibirán -según indica la página web de Musica Mundi School-: "una formación musical profesional y una educación general de gran calidad" que permita a los alumnos "desarrollar su personalidad de jóvenes músicos de un modo equilibrado y armonioso", "llegar a lo más alto cuando continuen sus estudios musicales y/o sus carreras" y "formar a los alumnos para ir a la universidad si no eligen la música como su carrera profesional".

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