Alemania

Moving Colours

Juan Carlos Tellechea

martes, 5 de junio de 2018
Essen, sábado, 28 de abril de 2018. Aalto Theater Essen. Aalto Ballett Essen. Moving Colours, de Armen Hakobyan y Denis Untila, con música de Dirk Haubrich. Escenografía, diseño de iluminación y concepción visual Yoko Seyama. Vestuario Rosa Ana Chanzá Hernández. Iluminación Tim Waclawek. Vídeos Valeria Lampadova, Maestros de ballet Alicia Olleta y Patrick Hinson. Dramaturgia Christian Schröder. Intérpretes: Carla Colonna – Liam Blair, Mariya Tyurina – Yehor Hordiyenko, Yuki Kishimoto – Davit Jeranan; Yusleimy Herrera León, Ekaterina Mamrenko, Yurie Matsuura, Ana Carolina Reis, Yanelis Rodríguez, Julia Schalitz, Yulia Tikka, Marie Van Cauwenbergh, Mika Yoneyama; Ige Cornelis, Nwarin Gad, Moises León Noriega, Take Okuda, Tomáš Ottych, Artem Sorochan. 100% del aforo.
Moving Colours © 2018 by Bettina Stöß

El armenio Armen Hakobyan y el moldavo Denis Untila, dos virtuosos y excepcionales bailarines del Aalto Ballett, de Essen, conocidos ya como excelentes coreógrafos en el mundo de la danza, estrenaron Moving Colours, una obra despampanante que experimenta y combina con fruición el ballet con la pintura, la música, la iluminación, la cinematografía y la magia del color. La difusión y el reconocimiento de estos jóvenes talentos es promovido desde hace años por el director del Aalto Ballett, el belga Ben van Cauwenbergh.

El resultado fue una obra sensual, ensoñadora, inspiradora, estimulante, muy movida, emocionante, armónica y sobre todo muy fresca de 90 minutos de duración con música (electrónica y voz humana) de Dirk Haubrich, aclamada por el millar de espectadores que colmaba a rebosar la sala del hermoso y moderno Aalto Theater, diseñado por el arquitecto, urbanista y diseñador finlandés Alvar Aalto (1898 – 1976).

Vemos lo que queremos ver, titulan Hakobyan y Untila la primera parte de la pieza. Una pareja de bailarines, rodeados por el conjunto, todos vistiendo atuendos oscuros se mueven primeramente en un sombrío universo, con muy escasa luz. Algunos de los intérpretes llevan camisetas blancas y negras. Cegadores relámpagos caen de pronto sobre ese cosmos y en milésimas de segundo estas tonalidades se convierten en rojas y amarillas como por arte de magia. Todo ha resultado ser una alucinación. Los rayos se hacen cada vez más frecuentes hasta que finalmente cambia la iluminación y las camisetas son realmente amarillas y rojas (vestuario de la valenciana Rosa Ana Chanzá Hernández).

Acto seguido, los movimientos abstractos pasan al verde claro. El refinado y exquisito juego de desdoblamiento de colores (escenografía, diseño de iluminación y concepto visual) es de la japonesa Yoko Seyama (implementación de la iluminación Tim Waclawek). Sonidos esféricos se mezclan alternativamente con ruidos que en algunos pasajes suenan como música minimalista (piano preparado incluido). Haubrich, quien trabajó anteriormente con otros grandes coreógrafos contemporáneos como Jiří Kylián y William Forsythe, llevó a la partitura, con una exactitud de relojería suiza, la serie de movimientos (que le suministraron por vídeo) hasta convirtir el espectáculo en una fiesta no solo para los ojos, sino también para los oídos, la mente y el espíritu.

Todo es muy zen aquí y nos lleva infaliblemente a la meditación. La resonancias y la levitación de los atléticos bailarines crean esa atmósfera especial necesaria para este enigmático experimento con nuestra percepción visual en la que intervienen con gran brillo, sin excepción, las parejas de Carla Colonna y Liam Blair; Mariya Tyurina y Yehor Hordiyenko; Yuki Kishimoto y Davit Jeranyan, acompañados por casi toda la compañía: Yusleimy Herrera León, Ekaterina Mamrenko, Yurie Matsuura, Ana Carolina Reis, Yanelis Rodríguez, Julia Schalitz, Yulia Tikka, Marie van Cauwenbergh y Mika Yoneyama, así como Ige Cornelis, Nwarin Gad, Moisés León Noriega, Take Okuda, Tomáš Ottych y Artem Sorochan.

En la segunda parte (Busca tu color) más interesante y fuerte aún, presenciamos el desplazamiento en incesantes idas y venidas de mamparas de cristal móviles en violeta, verde, rojo y azul (nos quedamos con las ganas de admirar más colores todavía) que sin solución de continuidad son inclinadas en ángulos diferentes y colocadas asimismo en posiciones estratégicas diversas por los bailarines. En algunos momentos los intérpretes parecen haberse convertido en seres desorientados que se separan y se vuelven a encontrar, que exploran y andan a tientas en espacios irreales iluminados. No solo el amor, las reyertas y el odio llevan a que los colores empalidezcan, sino también el influjo desmesurado y negativo de la sociedad y de los medios de comunicación.

Una de las atracciones principales de esta creación que aúna sobresalientemente ballet, música, reflexiones lumínicas y arte cinético-cromático son los dos gigantescos espejos descolgados desde lo alto del escenario que contribuyen eficazmente a desplegar estas ilusiones ópticas y que son ideales para pasajes en los que la danza debe luchar contra la fuerza de la gravedad y hacer de cuenta como que la supera. Al principio los bailarines se pasean delante y a través de los cristales coloreados, lo que produce agudos contrastes de luz y sombra que constituyen un desafío para las retinas de los espectadores. Sin embargo, cuando las superficies especulares se inclinan, los bailarines parecen subir hacia el cielo montados en un rayo de luz. El efecto es espectacular y combina danza y arte a las mil maravillas (nunca mejor dicho).

El estupendo e innovador Aalto Ballett que dirige Ben van Cauwenbergh, celebra el 15 de junio con una pieza titulada 10 by Ben, el décimo aniversario de este coreógrafo al frente de la compañía y el sexto decenio de su nacimiento (Amberes, 1958). ¡Allí estamos para darle nuestra enhorabuena !!!

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