Alemania

Thiebaudet y la Fantasía para piano y orquesta de Debussy en el Klavier-Festival Ruhr

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 6 de junio de 2018
Essen, jueves, 24 de mayo de 2018. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Philharmonie Essen. Klavier-Festival Ruhr (Festival de piano de la Cuenca del Ruhr). Orquesta Bochumer Symphoniker. Solista Jean-Yves Thiebaudet (piano). Director invitado Josep Pons. Maurice Ravel, versión para orquesta de Alborada del gracioso (de Miroirs). Claude Debussy, Fantaisie pour piano et orchestre; Nuages, Fêtes, de Trois Nocturnes para orquesta. Manuel Falla, El sombrero de Tres Picos, suite para orquesta número 2: Danza de los vecinos, Danza del molinero, Danza final. 100% del aforo.
Jean-Yves Thiebaudet © 2018 by Peter Wieler

¿Que hace todo buen director con una buena orquesta alemana? Maravillas. ¿Que hace una buena orquesta con un director que destila amor por la música y detallismo en la interpretación? Da lo mejor de sí para consagrarse íntegramente y con pasión a emocionar hasta las lágrimas al público. Así ocurrió en esta magnífica velada del jueves 24 de mayo con el director español Josep Pons al frente de los Sinfónicos de Bochum con el pianista francés Jean-Yves Thiebaudet, en el marco del Klavier-Festival Ruhr a sala colmada en la Filarmonía de Essen.

Thiebaudet supo modelar preciosamente esas delicadas y fantásticas imágenes impresionistas que Claude Debussy creó en su singular obra Fantaisie pour piano et orchestre (1889-1890). Escucharla (Andante-Allegro, Lento e molto espressivo, Allegro molto) nos trae al instante a la mente en varios de sus pasajes los remansos del Sena a su paso por Chatou y Port-Marly, a 20 kilómetros de París, pintados por Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir o Camille Pissarro. Pons estuvo muy atento asimismo a esa despierta y fina sensibilidad del compositor y dirigió a la Bochumer Symphoniker con mucha concentración y celoso apego a la partitura.

Debussy lastimosamente no pudo presenciar el estreno de la composición como se lo había propuesto; la fecha fijada para 1890 tuvo que ser cancelada, porque al director de la orquesta, Vincent d'Indy, le faltó tiempo para ensayarla, ¡y vaya si necesita preparación! Muy crítico consigo mismo como era, Debussy expresó su voluntad de que la Fantaisie pour piano et orchestre nunca fuera tocada mientras él viviera. Al final, el estreno mundial tuvo lugar en Londres en 1919 con la Royal Philharmonic Orchestra y Alfred Cortot como solista, un año después de la muerte del compositor.

El millar de espectadores presentes en la sala Alfried Krupp, de la Filarmonía de Essen, ovacionó calurosamente a Thiebaudet, Pons y la orquesta. El bis fue la composición simbolista de seis minutos Pavane pour une infante défunte (1899), de Maurice Ravel (dedicada a su mecenas Winnaretta Singer, la princesa de Polignac, a cuyo salón mundano acudía durante sus épocas de estudiante en el Conservatorio de París, bajo Gabriel Fauré) tocada con gran encanto y emotividad.

En la segunda parte del concierto Pons retomó esa casi indescriptible sutilidad de Debussy en Nuages, uno de los Trois Nocturnes para orquesta. El colectivo avanzaba paso a paso por los pianissimos de la etérea y dulce composición, cuidando al extremo los matices y no superar determinado nivel sonoro. La música se evaporaba literalmente. La ejecución fue tan extraordinaria que el público había comenzado a aplaudir de forma espontánea y con efusividad. Pero el director español, de espaldas a la platea, extendió tajantemente los brazos a izquierda y derecha, reclamando absoluto silencio, y pasó de lleno a Fêtes, el otro de los fragmentos previstos en el programa. Los contrastes no podían haber sido más contundentes y la interpretación más puntillosa, primero en tonalidad allegro, travieso, juguetón, in crescendo, hasta alcanzar la marcha triunfal e inmediatamente después el silencio final.

Al comienzo, en la Alborada del gracioso (1905), la cuarta de las cinco suites de Miroirs, de Maurice Ravel (dedicada a Michel-Dimitri Calvocoressi, uno de los integrantes del grupo de artistas innovadores, poetas, músicos y críticos que se definieron a sí mismos como Les Apaches), y en las tres danzas del Sombrero de Tres Picos de Manuel de Falla presentadas al cierre del recital, Pons dió muestras asimismo de su enorme predilección por acentuar con gran elegancia los contrastes entre fortissimos y pianissimos, vitales para transmitir toda la profunda emoción que atesoran esas obras.

Con la ductilidad de la orquesta, maravilla de colectivo musical, que seguía con gran respeto las órdenes del director español, escuchamos, entre otros pasajes, brillantes intervenciones solísticas de las maderas en la Alborada; ingente suavidad en la seguidilla de la Danza de los vecinos; una acentuación muy controlada, hasta alcanzar su nivel justo para que no desbocarse, en la farruca de la Danza del molinero; y mucho brío en la jota aragonesa de la Danza final. Cuando se apagaba el sonido de su última nota un tímido olé resonó en la platea, superado inmediatamente por el estallido de multitudinarios aplausos, gritos de ¡bravo, bravo, bravo! y silbidos de aprobación.

El Klavier-Festival Ruhr, en su trigésimo aniversario, se ha convertido ya en uno de los más importantes de su género en el mundo, y supera con creces el interés de la región de la cuenca minera e indutrial para extenderse hacia otras áreas aledañas, como Renania, Münsterland y Westfalia. Y nos consta que hay interés en ciudades allende las fronteras alemanas (verbigracia Venlo, en los Países Bajos) para acoger en sus salas también conciertos de su amplia programación. El festival va desde el 19 de abril hasta al menos el 3 de julio, pero este año, debido a una doble cancelación del recital de Maurizio Pollini, por enfermedad de éste, previsto originalmente para el 30 de mayo y pospuesto en principio para el 2 de junio, será retomado ulteriormente el 3 de septiembre, anunciaron sus organizadores.

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