España - Castilla-La Mancha

El trabajo de la Academia de la SMR

Ainhoa Uria

lunes, 4 de junio de 2018
Cuenca, viernes, 30 de marzo de 2018. Teatro-Auditorio. Joanna Parisi (soprano), Lorena Valero (mezzosoprano), Ramon Vargas (tenor), Christopher Robertson (bajo-baritono). Orquesta y coro del Festival SMR. Carlos Lozano (dirección del coro), Cristóbal Soler (dirección musical). Wolfgang Amadè Mozart, Réquiem, K626, Misa para solistas, coro y orquesta. 57 Semana de Música Religiosa de Cuenca (SMR). Aforo:736. Asistencia: completo.
Cristobal Soler © 2018 by Santiago Torralba

Creemos que la relevancia de la Semana de Música Religiosa de Cuenca en el panorama español exige que tomemos conciencia de la necesidad que los jóvenes músicos nacionales tengan un locus intermedio entre la finalización de su formación y el acceso al mundo laboral. Hoy día, la necesidad de experiencia previa y la falta de dicho locus dificulta su entrada en las grandes formaciones musicales. Pensamos que la instauración de una Academia asociada a la Semana de Música Religiosa puede ser un gran ejemplo y una gran oportunidad en este sentido.

El objetivo de la Academia es garantizar una experiencia prelaboral de formación en excelencia a los jóvenes músicos que hayan terminado o estén finalizando los últimos cursos de los estudios superiores, creando así un eslabón fundamental al mundo profesional de la música.

Con estas palabras explica el Director de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, Cristóbal Soler, la necesidad de la creación de la Academia, en la página web del Festival. Cierto es que tanto la página web como el programa, que se podía encontrar en los lugares turísticos y hoteles de Cuenca, son muy claros en cuanto al acceso e información sobre cualquiera de los conciertos planteados, así mismo, por unos euros se vendía en el Hall del Teatro, con la misma estructura del programa, un libro con las obras de cada día, con las partes de cada obra, dirección y elenco solista y los integrantes de cada agrupación musical. Aportaba además, la brillante explicación de cada una de las obras, confeccionada tanto por la dirección de las agrupaciones como en el caso de la Misa en Si menor como por el compositor en el caso del Magnificat o por profesorado experto en la materia, en el resto de las obras. Hay que añadir que también se adjuntaba en el libro, el texto de todas las obras en idioma original y traducido al castellano, detalle que ayudaba mucho a la comprensión psicológica de cada pasaje.

Dentro de un concepto de muerte como liberación, no sintiendo miedo ante ella, pues el compositor ya la sentía familiar, se gestó el Requiem K626, la última misa que escribiría, Wolfgang Amadè Mozart, de hecho murió en mitad de su composición, finalizándola su alumno Franz Xaver Süssmayr por encargo de Constanze, ya viuda del músico. La obra consta de las siguientes partes: I Introitus, II Kyrie, III Secuentia (Dies Irae, Tuba Mirum, Rex Tremendae, Recordare, Confutatis, Lacrimosa), IV Offertorium (Domine Jesu Christe, Hostias), V Sanctus, VI Benedictus, VII Agnus Dei, VIII Communio.

La amplia formación integrada por los músicos de la orquesta, sonaba contundente ya que estaba sustentada por 8 entregados contrabajos; se escuchaba equilibrada y se percibía el entusiasmos de sus músicos por formar parte de ese momento. El coro, preparado por Carlos Lozano, fue el protagonista de la noche, si acaso su interpretación fue algo histriónica estuvo llena de fuerza y matices y con un empaste muy bueno. La dirección quedaba difusa porque en momentos el gesto no correspondía con la realidad musical pero la orquesta sonó acertadamente.

La entrada de la soprano dejó ver un timbre muy bonito, una voz versátil aunque su afinación falló en repetidas ocasiones. En Tuba Mirum, el cuarteto solista se escuchaba compacto; el bajo, Christopher Robertson sonó elegante, Ramón Vargas, el tenor que dos días antes diera las masterclasses en la sala 2 del Teatro bajo el título Pasión por el canto destacó por mantener las figuras largas bien apoyadas, el timbre de mezzosoprano de Lorena Valera era agudo y empastaba bien con la formación. La dinámica del número 3 destacó por su movimiento y por la utilización de dobles puntillos en Rex tremendae majestatis. En el número 5, Confutatis los tenores empezaron a subir más de lo adecuado la intensidad saliéndose momentáneamente del empaste pero también hay que reseñar que los pianos quedaron preciosos. A alguien se le ocurrió inmortalizar el precioso Lacrimosa y hacer la competencia a coro y orquesta reproduciéndolo en directo, haciendo sonreír a los presentes ya que no despistó a los músicos y todo siguió sonando como para proceder con la grabación. En el Hostias del Offertorium el coro cerraba los finales de forte a piano y los vibratti de la soprano sonaron con rápida oscilación. En la fuga del número 5, Sanctus no se percibió bien la entrada de las contraltos.

La obra, de una belleza que le otorga su celebridad, sonó muy bien y fue el resultado de un trabajo de músicos, algunos de los cuales se sumaron a la formación para tocar con sus alumnos, sus cabellos canos dejaban entrever que no eran personas que hubieran acabado recientemente sus estudios ni que estuvieran a punto de hacerlo. El Auditorio estaba a rebosar pues estaba lleno de familiares de los alumnos de la Academia, dato muy positivo pero que deja en evidencia que los otros conciertos, con tan alta calidad como hemos analizado no llenaron. Esperamos que con el tiempo este festival siga siendo de referencia y asistencia obligada en Semana Santa, época que, aunque tenga su oferta popular, también pueda ser disfrutada desde la cálida butaca de un Auditorio.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.