Bajo la alfombra de Enrique Granados

31] Granados y el emperador de Brasil

José María Rebés

viernes, 8 de junio de 2018
Pedro II do Brasil ca. 1875 © Wikipedia

En 1929 se publicaba en Nueva York un libro con entrevistas a grandes músicos de la historia, escrito en 1918. El autor del libro era un periodista de cierta fama, Charles D. Isaacson (1891-1936).  En él se desvelaba un dato totalmente desconocido, a la par que anecdótico, sobre el compositor y pianista leridano Enrique Granados: había tocado, siendo un niño prodigio, ante el Emperador del Brasil:

Hay algo aquí que puede interesarle, – decía Granados a su entrevistador – una anécdota de mi niñez. Tenía yo diez años cuando fui llevado ante el don Pedro I, Emperador del Brasil, depuesto de su corona y de viaje por España. El hombre tenía un gran carácter, llamaba a los demás reyes “mis colegas”. Me pidieron que tocara el piano, y así lo hice. Después de hacerlo, don Pedro, viejo y débil, me tomó en sus brazos y besó mi frente, a la vez que decía, muy dramáticamente: “Esta es la única majestad, la de este chico, en este lugar".1

Este texto lo recogió Carol A. Hess en su libro “Enrique Granados: A Bio-Bibliography”, en la primera página de la biografía del compositor, pero corrigiendo Pedro I por Pedro II, identificando el hecho como sucedido a finales de la década de 1870. Si nos acogemos al texto de la entrevista, en realidad debía de tratarse de 1877 o de 1878 (no olvidemos que Granados creía haber nacido en 1868). Esto nos plantea una enorme duda: ¿cuándo inició sus estudios de piano? Su primer profesor de música fue el militar José García-Junceda, identificado por el compositor en sus memorias como José Junceda, un vecino del edificio donde Calixto Granados y Armenteros había instalado su familia en Barcelona, en el número 80 de la Rambla de Cataluña, entre las de Mallorca y Valencia. Este primer profesor no era un flautista militar, como se ha querido hacer ver a partir de las memorias del compositor leridano, sino un militar de oficio con bastantes conocimientos de música, que tocaba la flauta y el piano. Viendo el interés que el niño Enrique mostraba por la música que él hacía en su casa, José Junceda pidió permiso a los padres del chaval para impartirle nociones de música, básicamente solfeo, dando además una ocupación a las muchas horas que el niño pasaba en casa, puesto que, según se desprende de una biografía del dibujante Juan Junceda (Juan García-Junceda y Supervía), Granados era un niño enfermizo que no fue nunca a la escuela, siendo educado en casa.2 Es posible que García-Junceda enseñara rudimentos de piano a Granados, pero en ningún caso suficientes como para permitirlo al chaval el hacer alardes ante un emperador.

Después del militar pasó Granados a estudiar con Francesc Xavier Jurnet en la Escolanía de la Mercè de Barcelona, en el año de 1878. Bien, hay cierta controversia en cuanto al año de inicio de sus estudios con este profesor, el primero que oficialmente le enseñó a tocar el piano. Algún autor data el cambio de profesor en 1879. Granados indicó en sus memorias que tenía once años cuando ingresó en la Escolanía: «comprendo que me he apartado de la idea que tenía al principio de recordar mi vida desde los once años; edad en que empecé el estudio de la música…».3 Eso situaría la fecha en 1878, pero dado que él suponía haber nacido en 1868, la fecha de su ingreso podría retrasarse hasta 1879. El año de 1878 es también el indicado en la primera biografía que se hizo del compositor, la de la revista Ilustración musical hispano-americana, del año 1890.4

Así pues, a finales de la década del 1870 el niño Granados tenía muy poca formación musical, pero quizás suficiente como para encandilar a un emperador depuesto en viaje de despedida por Europa. ¿Depuesto? A ver, tiremos por un momento de enciclopedias: don Pedro I del Brasil y IV de Portugal nació en 1798 y murió en 1834.5 No fue depuesto de su cargo, siendo sucedido por su hijo, Pedro II del Brasil (1825-1891), quien sí que fue depuesto de su trono y fue el último emperador del Brasil. Solo que fue depuesto en 1889, mediante un golpe de estado militar que tuvo lugar el 15 de noviembre de ese año. Pedro II efectuó un viaje por Europa tiempo antes de ser destronado, pasando por España en 1877. En Barcelona estuvo el 19 de agosto de ese año:

EDICIÓN DE LA NOCHE DE AYER 18 DE AGOSTO

Ha llegado a Barcelona, de riguroso incógnito, el emperador del Brasil. Las autoridades de aquella populosa ciudad han ofrecido a dicho soberano el homenaje de sus respetos.6

Otro rotativo, en este caso barcelonés, pormenorizó la estancia del ilustre visitante en la ciudad condal, desde su llegada en tren exprés, siendo recibido por el Capitán General de Catalunya, acompañado del cónsul del Brasil en la ciudad. Se dirigió a continuación «con la emperatriz y comitiva a la fonda de las Cuatro Naciones, donde se les tenían preparadas habitaciones».

Aprovecharon el tiempo para ver lo notable que encierra Barcelona y formarse una idea de nuestra ciudad. Recorrió el emperador la Rambla, calle de Pelayo, Paseo de Gracia, calle de Cortes, el Parque y la plaza de Palacio, visitando el Templo de Santa María. Al salir de él dirigióse a la plaza de San Jaime, pasando por las calles de la Platería y Jaime I, y entró en las Casas Consistoriales.

El artículo continuaba con la lista de calles por las que transitó y los lugares notables en los que entró, incluidas fábricas y almacenes de comerciantes e industriales de la ciudad. Por la noche fueron al teatro Español y después al de Novedades, y de allí a la fonda para pasar la noche. A la mañana siguiente salieron hacia Zaragoza, un destino intermedio en su viaje a Madrid.7

Algo no encaja en la historia narrada por la entrevista: en 1877 el emperador Pedro II (que no Pedro I) no había sido destronado, cuando Granados tenía 10 años, y cuando fue destronado el compositor leridano tenía 20 años y acababa de volver de sus estudios en París. Solo que en ese año Pedro II estaba en Río de Janeiro, demasiado enfermo como para viajar. Del relato de su estancia en la ciudad en 1877 podemos deducir que no hubo ninguna recepción en la que Granados pudiera haber tocado el piano ante el soberano del Brasil.

La clave de todo esto la tiene el prólogo del libro de Charles D. Isaacson: 

en cada artículo ha sido mi deseo el de escribir el artículo en el espíritu dominante de la música del compositor, como yo la siento. Así, por ejemplo, Mendelssohn es para mí el poeta de la primavera, Tchaikovsky es la tragedia mórbida, Rossini es el loco del buen humor, Berlioz es un filósofo, Chopin es la viva expresión del arrepentimiento, Gluck representa el espíritu revolucionario.

Un vistazo al índice del libro nos proporciona la confirmación. En él se encuentran músicos fallecidos mucho antes del nacimiento del escritor, como Haendel, Beethoven y Pergolesi, e incluso del famoso lutier Stradivarius. No son auténticas entrevistas, sino fabulaciones con algún fondo histórico más o menos entretejido para dar verosimilitud a cada historia. Granados nunca tocó ante el emperador del Brasil, aunque si lo hubiera hecho de buen seguro que éste habría quedado enormemente satisfecho. Podemos sentar nosotros también al compositor leridano en el trono de la música, junto con todos aquellos que han hecho de ese arte no plástico un motor de nuestras vidas.

 
 
Notas

1. Charles D. ISAACSON, “Face to face with great musicians”, New York & London: D. Appleton & Company, 1929.

2. Pere PRAT i Ubach, “Junceda: home exemplar”, Barcelona: Editorial AEDOS, 1958, sin ISBN, depósito legal B.4046-1958, pp. 15-16.

3. Museu de la Música de Barcelona, fons Granados MDMB 10527.

4. "Enrique Granados y Campiña" en “Ilustración musical hispano-americana”, año III, número 59, 30 de junio de 1890, pp. 2-3.

5. Algunas biografías nos recuerdan su nombre completo, propio de la realeza: Pedro de Alcântara Francisco António João Carlos Xavier de Paula Miguel Rafael Joaquim José Gonzaga Pascoal Cipriano Serafim de Bourbon e Bragança

6. “La correspondencia de España”, año XXVIII, número 7197, 19 de agosto de 1877, p. 2.

7. “La crónica de Cataluña: periódico liberal de Barcelona”, año XXIV, número 383, 20 de agosto de 1877, pp. 1-3.

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