Discos

La conexión nipona del Ensemble Modern

Paco Yáñez

lunes, 11 de junio de 2018
Keiko Harada: Rondo Variations. Jarrod Cagwin: Muttekopf für 3 Musiker und 4 Uchiwa Taiko. Manfred Stahnke: Skins & Strings. Alfred Schnittke: Hymnus I. Magnus Lindberg: Metal Work. Quincy Porter: Suite for Viola Alone. William Bergsma: Fantastic Variations on a Theme from Tristan. Matej Bonin: Impetus. Helmut Zapf: -rivolto- (s’ouvrir et se changer). Tristan Murail: c'est un jardin secret, ma soeur, ma fiancée, une source scellée, une fontaine close… Bernd Alois Zimmermann: Sonate für Viola solo. Heinz Holliger: Souvenirs trémaësques für Viola aus: Concerto für Orchester. Márton Illés: Psychogramm I "Jajgatós". Hans Werner Henze: An Brenton. Solo für Viola. Elliott Carter: Elegy. Rumi Ogawa, percusión. Megumi Kasakawa, viola. Ensemble Modern. Stefan Fricke, productor ejecutivo. Thomas Eschler, Andreas Heynold y Rüdiger Orth, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 60:52 y 74:15 minutos de duración grabados en la Hessischer Rundfunk y en la Ópera de Fráncfort del Meno (Alemania), entre febrero de 2010 y enero de 2015. Ensemble Modern Medien EMCD-035 (Rumi Ogawa) y EMCD-036 (Megumi Kasakawa). 

Hace siete días visitaba nuestra sección discográfica la Ensemble Modern Orchestra de Fráncfort, dando cuenta de la fascinante Air (1968-69, rev. 1994/2015), partitura para percusión y orquesta de Helmut Lachenmann cuyas interioridades acústicas y conceptuales analizaban compositor y músicos en un muy recomendable DVD publicado por la editorial Breitkopf & Härtel (BHM 7812). Tanto en el concierto como en los ensayos recogidos en dicho DVD pudimos comprobar cómo el número de instrumentistas asiáticos del Ensemble Modern es cada día mayor: una presencia que se remonta prácticamente a la fundación del conjunto alemán, en 1980, pues un año más tarde se incorporaba ya al ensemble Rumi Ogawa, percusionista japonesa que desde 1978 vivía en Alemania, adquiriendo desde entonces una notoria presencia en la música contemporánea centroeuropea, algo de lo cual su participación como solista en el estreno de la nueva versión de Air (presente en el DVD de Breitkopf & Härtel) es un magnífico ejemplo.  

Precisamente, Rumi Ogawa es hoy nuestra primera protagonista en esta reseña de los nuevos CD Portraits del Ensemble Modern Medien: la serie dedicada por la discográfica del conjunto de Fráncfort a cada uno de los instrumentistas que conforman el ensemble. Por las páginas de Mundoclasico ya han pasado los retratos fonográficos de músicos como Valentín Garvie, Michael M. Kasper, Hermann Kretzschmar, Jagdish Mistry, Rainer Römer, Johannes Schwarz, Sava Stoianov, Dietmar Wiesner, Ueli Wiget, Eva Böcker, Uwe Dierksen o Rafal Zambrzycki-Payne, a los que hoy sumamos a la propia Ogawa y a la viola Megumi Kasakawa. Como en anteriores CD Portraits, ha sido cada una de estas instrumentistas japonesas quien ha decidido el programa de su respectivo compacto, íntegramente compuesto, en el caso de Rumi Ogawa, por partituras para formaciones de cámara, en cuya interpretación se han involucrado sus compañeros del Ensemble Modern. Mientras, el disco de Kasakawa presenta una mayor cantidad de piezas para viola sola, con un recorrido cronológicamente más amplio. 

El CD Portrait de Rumi Ogawa se abre con una de las muchas compositoras japonesas que internacionalizan la música de nuestro tiempo, Keiko Harada (Tokio, 1968), de quien escuchamos sus Rondo Variations (2006), cuarteto para clarinete, dos percusionistas y piano en el que se produce una intrincadísima hibridación tímbrica de los cuatro instrumentos, con una sonoridad que va de lo más aceradamente percusivo a un empaste especialmente amalgamado por una percusión de naturaleza que se diría electrónica. Tal y como Ogawa nos indica en sus notas para este compacto, no estamos ante una partitura estrictamente para percusión y acompañamiento, sino que los restantes músicos comparten efectivos del set percusivo para afianzar un discurso transversal, además de aportar su propia tímbrica en una línea análogamente percusiva: escúchese el martellato del piano, o su ataque al cordal en el registro grave. La profusión de colores instrumentales escuchados nos remite, igualmente, a un mestizaje de técnicas extendidas y lenguaje de alturas: perfecto hábitat musical para unir, como aquí lo hacen Nina Janßen-Deinzer (clarinete), Rumi Ogawa, David Haller (percusiones) y Ueli Wiget (piano), lo textural y lo virtuosístico. 

La segunda partitura abordada por Rumi Ogawa y sus compañeros del Ensemble Modern es Muttekopf für 3 Musiker und 4 Uchiwa Taiko (2010), del norteamericano Jarrod Cagwin (Iowa, 1974). Es ésta una página que nos remite a lo ancestral, por lo que los ecos xenakianos resultan evidentes, así como las conexiones con la percusión tribal, ya sea en África, en Oriente o en los propios Estados Unidos de América. Es por ello que prevalece en Muttekopf für 3 Musiker und 4 Uchiwa Taiko una voluntad netamente comunicativa que aflora en cómo los tres percusionistas aquí involucrados (Rumi Ogawa, David Haller y Slavik Stakhov) comparten secuencias rítmicas que no dejan de fluctuar entre sus sets instrumentales como un código compartido a modo de comunidad musical, revelando las funciones comunicativas y rituales de la percusión en tantas culturas arcaicas. 

Manfred Stahnke (Kiel, 1951) es el primer compositor alemán en estos dos compactos que hoy reseñamos, asomándose al recital de Rumi Ogawa con su trío para percusión, violín y violonchelo Skins & Strings (2006). Sin embargo, ya desde su primer movimiento (y a pesar de su título), 'Canonic fuge', se abren de nuevo las ventanas al atavismo musical transcultural por medio de un ritmo que evoca a los años sesenta y al mundo hippie, con su sensualidad e invitación a un estado de fuga perpetua a través de un trance que parece hasta lisérgico. Es la percusionista japonesa quien centra este trío con unos patrones rítmicos entre cuyas estructuras resplandecen las cuerdas del violinista Jagdish Mistry y del violonchelista Michael M. Kasper, apuntando, cuando se desligan de lo más obsesivamente percusivo, a lo textural, aunque ese pulso esencial de lo musical que es el ritmo se impone aquí a cualquier intelectualización a través de lo armónico, devolviéndonos a lo atávico. 

La presencia del compositor ruso Alfred Schnittke (Engels, 1934 - Hamburgo, 1998) en este compacto no deja de ser curiosa, pues se realiza a través de una rareza en su prolífico catálogo: el trío para violonchelo, arpa y percusión Hymnus I (1974). Para Ueli Wiget, pianista del Ensemble Modern que aquí se hace cargo del arpa, se trata de una pieza de naturaleza renacentista, en la que los tres instrumentos conforman sincréticamente lo que dice una tiorba o un laúd; pero, también, una vina india, por lo que, como en anteriores partituras, Ogawa vuelve a demostrar con Hymnus I una inquebrantable voluntad de abrir su recital a los distintos ecos musicales del mundo. Hay, por dicha esencialidad, una referencia innegable a otra de las facetas fundamentales del ritmo y de la percusión: servir de patrón y base musical para la danza, de forma que Hymnus I se convierte tanto en una danza renacentista como en un pausado trío que, personalmente, me recuerda por su densidad y misterio a películas también rusas como Andréi Rubliov (1966), de Andréi Tarkovski; o el Gamlet (1964) de Grigori Kózintsev (por la estética visual de sus tomas ralentizadas, más que por la propia banda sonora: de Dmitri Shostakovich). Agradable sorpresa, por tanto, la brindada por Rumi Ogawa, Michael M. Kasper y Ueli Wiget en un trío escasamente conocido del Schnittke todavía pre-poliestilístico. 

La última partitura del tan multicultural compacto de Rumi Ogawa viene de la mano del finlandés Magnus Lindberg (Helsinki, 1958), de quien escuchamos el dúo para acordeón y percusión Metal Work (1984), aquí con la propia Ogawa y el acordeonista Stefan Hussong. A pesar de acercarnos al Lindberg de los años ochenta, y de ser prácticamente coetáneo de la impresionante Kraft (1985), Metal Work es un dúo no muy sobrado de ideas musicales, especialmente en lo que a la percusión se refiere, y eso que la camerística Kraft destacaba por su furibundo concepto de lo percusivo (quizás, remendando el uso tan limitado de dichos instrumentos realizado un año antes en Metal Work). Si el comienzo del dúo lo domina el acordeón, con una escritura más compleja, armónica e interesante, todo el recorrido final de Metal Work está consignado a una percusión progresivamente ralentizada, con algo de circunspección ceremonial, pero de muy escasa musicalidad, haciéndonos abandonar el compacto de Rumi Ogawa con una impresión artísticamente más pobre que la que nos había deparado la primera partitura, no estando el de la percusionista japonesa, en global, entre los retratos sonoros más destacables del Ensemble Modern. 

Tampoco diría que lo esté el segundo CD Portrait que hoy reseñamos, disco que tiene como protagonista a otra intérprete japonesa del Ensemble Modern: Megumi Kasakawa, viola del conjunto alemán desde el año 2010 que en su compacto reúne hasta diez partituras de muy diversa procedencia y factura estilística. La primera de ellas supone un guiño al pasado, por medio de la Suite for Viola Alone (1930) del norteamericano Quincy Porter (New Haven, 1897 - Bethany, 1966), viola él mismo y músico que efectuó el estreno de una pieza de profusas líneas melódicas, armonías oscilantes y dejes que nos hablan de un sincretismo del folclore norteamericano audible en la distancia de una Suite compuesta en París. Kasakawa da cuenta de esta partitura con un especial sentido melancólico, así como una solidez en la afinación encomiable, lo que depara una total limpieza en un fraseo prácticamente cantado por su instrumento. 

Las Fantastic Variations on a Theme from Tristan (1961), del igualmente norteamericano William Bergsma (Oakland, 1921 - Seattle, 1994), no logran conducirnos al estilo de música que uno espera del Ensemble Modern, pues estamos ante un dúo para viola y piano en el que Megumi Kasakawa y Ueli Wiget se adentran en una continua variación, paráfrasis y exploración de motivos de la ópera wagneriana, aunque con un interés musical bastante escaso; o, al menos, muy por debajo de la partitura decimonónica de la que surgen sus temas. La interpretación, eso sí, es de altísimo nivel, sin rehuir el sentimentalismo, la tragedia, ni cualquier otro deje romántico consustancial a lo que entre manos se trae Bergsma al asaltar tamaña alfaguara como la de Richard Wagner. 

El esloveno Matej Bonin (Koper, 1986) es el más joven de los compositores reunidos en estos dos compactos, por medio de su página para viola sola Impetus (2014). Sin embargo, no escuchamos una propuesta que se pueda inscribir entre las nuevas estéticas surgidas a lo largo del siglo XXI, siendo su estilo bastante convencional y parco en audacias. Bonin pretende una constante exploración del gesto de ataque con arco, ya sea sul ponticello o sul tasto, realizando movimientos circulares entre ambos para analizar las calidades del timbre en función de la zona de la viola atacada, pero dentro de un lenguaje de alturas tradicional que le resta actualidad para tratarse de una página con tan sólo cuatro años de existencia. Los pasajes en torno al puente de la viola, con su sonido aflautado, muestran una mayor belleza, reforzada por la afinadísima ejecución de Megumi Kasakawa, una violista de enorme sensibilidad y refinamiento. 

Helmut Zapf (Rauschengesees, 1956) es quien aporta al compacto de Megumi Kasakawa la partitura con mayor orgánico: su trío para viola, corno inglés/oboe y contrabajo -rivolto- (s’ouvrir et se changer) (1989), obra en la que Kasakawa está acompañada por el oboísta alemán Christian Hommel y por el contrabajista estadounidense Paul Cannon. Estamos ante una obra más teatral, en la que Zapf se replantea la relación entre los instrumentos a modo de nueva sociedad musical, algo que se deriva del encargo de este trío como pieza conmemorativa del bicentenario de la Revolución Francesa. Sin embargo, no se realiza en -rivolto- un retrato de dicho acontecimiento histórico, sino una reflexión por parte del compositor alemán del concepto de revolución y de los significados que para Zapf tiene el hecho revolucionario. En todo caso, tampoco estamos ante unos resultados revolucionarios en lo musical, por más que, al venir en este disco de tres páginas como las de Porter, Bergsma y Bonin, este trío parezca incluso más actual de lo que en sí es. 

Del francés Tristan Murail (Le Havre, 1947) nos propone Kasakawa una partitura emblemática para viola sola en la década de los años setenta: obra de título tan misterioso y enrevesado (extraído del Cantar de los cantares) como c'est un jardin secret, ma soeur, ma fiancée, une source scellée, une fontaine close… (1976). Kasakawa hace patente su espectralismo concentrado, su ritmo palpitante (cardíaco, como lo define la viola japonesa) y unos arabescos que dan vida a una página a menudo susurrante que la instrumentista del Ensemble Modern desgrana con una delicadeza extraordinaria, especialmente en el amplio vuelo que concede a sus armónicos sul ponticello, en los que parece que su viola se desintegrara acústicamente, conquistando en su recorrido final el silencio compás a compás, como una (di)solución inevitable. 

Celebramos en 2018 los cien años del nacimiento de un compositor al que tanto admiramos como Bernd Alois Zimmermann (Bliesheim, 1918 - Königsdorf, 1970), de quien escuchamos en este compacto una de sus páginas para solista más (re)conocidas: la Sonate für Viola solo (1955). Para Megumi Kasakawa, esta Sonata es «música sacra instrumental»; de ahí, que enfatice sobremanera su carácter meditativo y trascendental, así como lo elegíaco de una partitura escrita por Zimmermann en memoria de su hija Barbara, muerta poco antes de la composición de esta Sonata. En la lectura de Kasakawa destacan, igualmente los vínculos con el barroco, incluida la cita bachiana tomada del coral Gelobet seist du, Jesu Christ BWV 604, lo cual supone revisitar unos orígenes espirituales de la música germánica por Zimmermann tan queridos y parafraseados. También enfatiza la viola nipona las directas influencias del serialismo, rubricando una de las lecturas más completas de esta página, de enorme rigor técnico y una proyección muy amplia, de gran calado. Si versiones como la de Christophe Desjardins (æon AECD 0981) le confieren un sonido más agudo y lírico a esta Sonata, aquí Kasakawa resulta más grave y densa, elevándose a lo referencial.

Con ni tan siquiera tres minutos de duración, del compositor, director y oboísta suizo Heinz Holliger (Langenthal, 1939) escuchamos Souvenirs trémaësques für Viola aus: Concerto für Orchester (2000-01), una obra escrita para la viola Geneviève Strosser que se caracteriza por su virtuosismo, así como por una inquieta exploración de los registros extremos del instrumento, en la cual Kasakawa da muestras de un arco ágil y refinado, capaz de atacar amplios intervalos con bravura, así como de pasar con igual sutileza a un flautando final que, como en Murail, nos deja en los hermosos paisajes del silencio. 

Del húngaro Márton Illés (Budapest, 1975), compositor habitual en los festivales de música contemporánea centroeuropeos, escuchamos la partitura para viola sola Psychogramm I "Jajgatós" (2013), primera parte de un ciclo cuya segunda entrega, Psychogramm II "Rettegős" (2015), ya visitó nuestro diario por medio de la clarinetista Boglárka Pecze, miembro del Trio Catch que estrenó "Rettegős" en las Wittener Tage für neue Kammermusik del año 2015, de cuya edición fonográfica dimos cuenta en julio de 2017. Según el propio Illés, "Jajgatós" es un gran ataque neurótico de doce minutos de duración, por lo que la virulencia y el expresionismo mandan, intentando desterrar el húngaro cualquier resto de elegancia de su lenguaje tonal. De este modo, la partitura atraviesa numerosos compases verdaderamente desquiciados, algo que podemos vincular a una rotunda gestualidad que hace del ataque en la viola una manifestación física del desorden mental al que la partitura nos remite. Recuerdo a Leopoldo María Panero hablar en El desencanto (1976) de que la locura era una cuestión, no tanto de lenguaje, como de gestos. Pues bien, Márton Illés se mueve por unos derroteros análogos, ya que con un lenguaje (con excepciones: escúchese el minuto noveno de la obra) no ruidista ni extendido, la acumulación de gestos extremos en su ataque (así como la superposición de los mismos) acaba conformando un constructo que nos adentra de lleno en ese desquiciamiento, con gran verosimilitud. Sin duda, una de las partituras más interesantes y actuales del compacto, que Kasakawa expone en toda su crudeza, sin restar aristas ni sus aspectos más desasosegantes.

Compositor de larga trayectoria en los atriles del Ensemble Modern, uno de cuyos frutos más logrados lo fue la grabación, en 1994, de su Requiem (1990-92) para el sello Sony (SK 58972), del alemán Hans Werner Henze (Gütersloh, 1926 - Dresde, 2012) escuchamos An Brenton. Solo für Viola (1993), breve partitura que, como la de Heinz Holliger, no alcanza ni los tres minutos de duración, escrita por Henze en memoria del viola Brenton Langbein, amigo y colaborador del compositor alemán, motivo por el cual la obra se sumerge, como la de Zimmermann, en lo elegiaco, en el dolor y en el color de la viola como recuerdo y melodía entonada como canto de despedida, con la consustancial línea vocal que tantas veces caracterizó a la música de Henze articulando el fraseo de una aquí muy seria Megumi Kasakawa. 

Cierra tan generosa selección de partituras el venerable Elliott Carter (Nueva York, 1908-2012), otro compositor de larguísima trayectoria en los programas del Ensemble Modern. Del neoyorquino escuchamos su dúo para viola y piano Elegy (1943, rev. 1961), pieza que vuelve a reunir Megumi Kasakawa con Ueli Wiget (uno de los músicos con mayor presencia en estos CD Portraits). Es ésta una partitura de la que existen diversas versiones, incluidas las de cuarteto de cuerda, violonchelo y piano, y orquesta de cuerda, si bien todas ellas comparten un tono sombrío que no alcanza, en todo caso, los escuchados a Zimmermann y Henze, con una luz inherente en Elegy que nos habla, en el fondo, de un optimismo tan propio de la ciudad de Carter insuflando un contrapunto de ánimo, destacadamente a la viola de Megumi Kasakawa, que adquiere todo el protagonismo en esta página bellísimamente tocada por ambos miembros del Ensemble Modern. 

Las tomas de sonido de ambos compactos (registradas por la Hessischer Rundfunk de Fráncfort) son, como siempre en esta serie, magníficas, sin pega alguna. La presentación de los discos es muy buena, como lo fuera en los anteriores CD Portraits, con abundante información, fotografías, datos de grabación, etc. En el caso del compacto de Megumi Kasakawa, se incluye, además, un hermoso ensayo fotográfico; mientras que el de Rumi Ogawa apuesta por la infografía y los esquemas de los sets percusivos. En lo que a los ensayos se refiere, el disco de Ogawa presenta como particularidad el que sean los propios músicos del Ensemble Modern quienes presentan y hablan de su experiencia en cada una de las partituras aquí grabadas, lo que nos acerca a otro enfoque, muy vivencial y de primera mano, sobre cada obra. Aunque no estamos ante los retratos musicales más destacados de esta serie, sí cumplen, como los anteriores lanzamientos, con el cometido de darnos a conocer un poco mejor a unos músicos que conforman al que considero mejor ensemble de música contemporánea de Europa. 

Estos discos han sido enviados para su recensión por el Ensemble Modern 

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