Opinión

Discurso de Kaija Saariaho al recibir el Premio Fronteras del Conocimiento

Kaija Saariaho

jueves, 14 de junio de 2018

Miembros de la Presidencia, autoridades, distinguidos invitados. Gracias por este importante reconocimiento [Premio Fronteras del Conocimiento, Madrid, 13 de junio de 2018]. 

Hoy, al lado de los demás galardonados, represento el otro conocimiento. Recibir este premio como compositora junto a científicos y eruditos me llena de esperanza; la música tiene desde siempre un papel fundamental para la humanidad, pero como todas las artes, hoy está en peligro. 

La composición musical y la investigación científica tienen muchas cosas en común, y con frecuencia se han alimentado mutuamente, como mi propia experiencia atestigua. Pero allí donde la ciencia invoca los hechos, la música nos entra sin palabras, a veces muy profunda e inesperadamente, como un olor, revelándonos nuevos significados de nosotros mismos. La música tiene su propia lógica que percibimos con el tiempo, a menudo a través de varios sentidos a la vez; oímos instrumentos interpretar diferentes papeles, vemos a músicos reaccionar a la música que tocan, nos emocionamos, sentimos felicidad, tristeza, soledad o un sentido de pertenencia. Nos olvidamos de nosotros mismos para saber de los demás y descubrir otras maneras de percibir el mundo que nos rodea: una de las cosas importantes que sólo el arte puede darnos a todos con su nueva e inesperada mezcla de pensamientos y sensaciones, y que nos ayuda a crecer como seres humanos y a comunicarnos con otros. 

Hoy la tecnología es una herramienta cotidiana en las artes, como lo es en todos los campos. Llevo trabajando con ordenadores para componer música desde 1982, y he utilizado la tecnología como un microscopio para saber más del sonido, los parámetros que lo constituyen, su percepción y cognición; para conocer mejor mi propio proceso de composición, y ampliar el tradicional mundo acústico de los instrumentos con el procesado y la síntesis. Gracias a la investigación y a las herramientas digitales, he desplazado los límites de mi conocimiento. 

Pero también están los inconvenientes de la tecnología. En la música, el daño empieza por la contaminación acústica que hoy nos rodea por doquier. La tecnología en música casi nunca responde a necesidades artísticas, sino que se utiliza para fraguar e imponer en todo el mundo productos de temporada por intereses puramente económicos. 

El saber humano de la creación no tiene nada que ver con ciertas técnicas empleadas hoy, por ejemplo, en la inteligencia artificial para producir música pobre, mediocre, basada en el así llamado aprendizaje de modelos existentes, que no trae consigo un conocimiento verdadero del proceso creativo. Científicos y artistas deberían colaborar más, y más estrechamente, para impulsar el conocimiento sobre las complejas fuentes de la creación. 

Este premio es para mí una llamada a la responsabilidad y la integridad en la creación artística. Dejar que la música siga enriqueciendo la vida de la gente significa dar espacio y reconocimiento al trabajo artístico profundo y honesto, que es irremplazable. 

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