Discos

Prestidigitación tímbrica

Paco Yáñez
lunes, 18 de junio de 2018
Unsuk Chin: Gougalōn; Violin Concerto; Rocaná. Viviane Hagner, violín. Remix Ensemble Casa da Música. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Peter Rundel, Alexander Shelley e Ilan Volkov, directores. Instituto Politécnico do Porto, ingeniería de sonido. Un CD DDD de 67:19 minutos de duración grabado en la Casa da Música de Oporto (Portugal), los días 17 y 18 de enero, y 7 de junio de 2014. Casa da Música CDM024.
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Entre las muchas y felices iniciativas desarrolladas por la Casa da Música de Oporto, nos encontramos con la publicación de una serie de discos en los que se recogen algunas de las interpretaciones efectuadas en la Sala Suggia de las partituras de los compositores en residencia que cada año conectan a Portugal con la música más trascendente de nuestro tiempo. Si en julio de 2015 dimos cuenta del compacto dedicado al italiano Luca Francesconi con motivo de su residencia en Casa da Música en 2013, hoy nos centramos en el año 2014, con la surcoreana Unsuk Chin (Seúl, 1961) como compositora en residencia; una creadora cuya vinculación con Casa da Música tuvo su último capítulo el pasado 7 de abril, con el estreno en Portugal de su obra orquestal Mannequin (2014-15), ofrecida en una espectacular interpretación de la Orquestra Sinfónica do Porto bajo la dirección de su titular, Baldur Brönnimann. No menos fascinante lo es Gougalōn (2009, rev. 2011), página camerística que comparte con Mannequin una fuerte incidencia en el gesto humano como patrón e inspiración musical, algo explícito en una Gougalōn en la que Chin rememora las experiencias de teatro callejero vividas en su infancia. De hecho, en un evocador texto firmado por la propia compositora, ésta recuerda aquellos días en la posguerra, marcados «por la pobreza y las estructuras represivas», en los que grupos itinerantes de teatro (que también vendían productos curativos: el negocio subyacente a aquellos -así entendidos- espectáculos-reclamo) montaban en las calles de Seúl los que -dice- eran los únicos eventos que congregaban a toda la comunidad, aportando un momento de solaz y entretenimiento: funciones teatrales rudimentarias en las que la música adquiría una gran importancia, mediante un canto que narraba lo que, comúnmente, eran cuitas afectivas y guiones de baja estofa. 

Ahora bien, en Gougalōn, Unsuk Chin no pretende ilustrar musicalmente dichas escenas, ni transportar a su partitura las melodías de aquel teatro callejero, sino componer «una "música popular imaginaria" que es estilizada, inconexa en sí misma y apenas aparentemente primitiva». El resultado es una partitura en seis movimientos de una imaginación tímbrica arrebatadora, articulada mayoritariamente desde un lenguaje de alturas, pero alquitarando sonoridades constantemente sorprendentes por su heterogeneidad, magia y colorido. Hay, también, elementos que uno diría más programáticos en función de los títulos de cada movimiento, con una dramaturgia de lo sensual, lo trágico, lo cómico, etc.; así como improntas que comprenden a la propia música oriental, al jazz, o una evidente influencia de György Ligeti en algunos de los mecanismos más complejos y rutilantes de Gougalōn, una pieza cuya interpretación corre en este compacto a cargo del Remix Ensemble, con Peter Rundel al frente, regalándonos una lectura extraordinaria, de una fuerza y una calidad técnica soberbia; por momentos, como en el tercer movimiento (qué pulso en el pizzicato del contrabajo: parte de unas cuerdas poderosísimas en toda la interpretación), con un énfasis rítmico digno de un Ensemble Modern. Destacar, igualmente, a una percusión del Remix que pone lo más imaginativo a una obra arrebatadora en una versión que la eleva como punto álgido del compacto. 

La segunda partitura recogida en este monográfico Unsuk Chin es el Violin Concerto (2001), aquí de la mano de la muniquesa Viviane Hagner, violinista que estrenó la obra el 20 de enero de 2002 y que ya la ha grabado con el director que estuvo al frente de dicho estreno en Berlín, Kent Nagano, para el sello Analekta (AN 2 9944). De nuevo, otra partitura de tímbrica e imaginación fascinantes, que nos muestran a una de las compositoras más hipnóticas de nuestro tiempo por su manejo de las texturas y las tensiones musicales cual verdadera prestidigitadora. Tal y como Habakuk Traber apunta en sus notas, estamos ante un concierto que conjuga una escritura clásica (hasta en la distribución de sus movimientos) con una modernidad derivada de la inclusión de un efectivo de percusión muy importante (incorporándose instrumentos tan poco frecuentes en un concierto para violín como la marimba), lo que diversifica la escena acústica de forma muy notable (al igual que en Gougalōn). Además, desde un punto de vista estructural, hay un continuo diálogo entre los cuatro movimientos del concierto, lo que refuerza su arquitectura clásica al ir asimilando sintética y progresivamente los elementos de los movimientos precedentes, alcanzando en su resolución lo que Traber dice «círculo cerrado» por su color tonal y flujo de tiempo, algo que evidencia, una vez más en Chin, la apertura a la historia y a los lenguajes contemporáneos en una síntesis muy personal. 

La lectura de este hermoso logro que en el catálogo de Unsuk Chin representa el Violin Concerto cuenta con la antes citada Viviane Hagner, además de con la Orquestra Sinfónica do Porto e Ilan Volkov al frente. Es la suya una versión más moderna que la de Kent Nagano, apostando Volkov por el colorido actual y por la fascinación tímbrica del concierto, donde Nagano opta por una mayor elegancia y equilibrio en sus ecos clásicos. Es quizás, por ello, que a Hagner la encontramos en esta lectura portuense un poco más suelta y libre en su fraseo (beneficiándose, además, de los años en los que ha ido asimilando y desarrollando esta partitura, hasta llegar a una madurez como la escuchada en este disco). Dado que su papel en el concierto no es el habitual de un solista, sino que se integra como un parcial de la orquesta, Hagner entra y sale del marasmo tímbrico de la OSP con soltura, además de con un virtuosismo digno de mención, aunque no es precisamente su instrumento el que tímbricamente provocará nuestro mayor asombro, como sí lo hacen la percusión o la propia fusión de texturas orquestales a través de técnicas tan dispares, procedimiento que también veremos en la siguiente pieza. 

Tal y como sucedía en el registro del Violin Concerto para el sello Analekta, la partitura orquestal Rocaná (2008) completa este disco compacto, nuevamente de la mano de la Orquestra Sinfónica do Porto, con Alexander Shelley al frente. Según nos informa Maris Gothoni en sus notas, el título de Rocaná proviene del sánscrito y significa «sala de luz», si bien se desliga la compositora coreana de sus implicaciones de corte más religioso o mitológico. Por tanto, en lo que Chin se centra en Rocaná es en el comportamiento de los rayos de luz: en sus distorsiones, refracciones, reflejos y ondulaciones, creando una masa lumínico-tonal en constante movimiento en la que ofrecen un gran contraste sus pasajes más violentos, polirrítmicos y aguerridos frente a los más extáticos y texturales. En los primeros, uno puede incluso escuchar ecos de un estilo que nos remite a las Earth Dances (1985-86) de Harrison Birtwistle, o a partituras de Roberto Gerhard como The Plague (1963-64) o su soberbia Sinfonía Nº4 "New York" (1967). Las partes más extáticas y texturales, en las que las primeras se aplacan, reintegran y expanden, nos harán pensar en uno de los maestros e influencias capitales de Unsuk Chin, György Ligeti, por medio de referencias micropolifónicas como la también orquestal Lontano (1967). Así, los procesos de transformación de materiales, masas y patrones rítmicos son constantes, dotando a la partitura de un dinamismo y una motilidad que atrapan nuestra fascinada atención constantemente. 

Asimismo, ha señalado Unsuk Chin su aversión y distanciamiento de las sonoridades y patrones estructurales arquetípicos del sinfonismo europeo decimonónico, por lo que en Rocaná nos propone las ya mencionadas arquitecturas de choque y reintegración de extremos, así como una tímbrica, de nuevo, muy sugerente, mágica y personal (como las de Gougalōn y el Violin Concerto): unas texturas orquestales que se derivan de la combinación de diferentes técnicas instrumentales (extendidas y, fundamentalmente, articuladas en un lenguaje de alturas), de la saturación de estructuras polirrítmicas y de una profusa microtonalidad (que no sólo hemos de vincular con el Ligeti de los años sesenta y setenta del pasado siglo, sino con la propia tradición oriental). Todo ello se manifiesta fidedignamente en una lectura espectacular, de la que imagino que la compositora estará más que satisfecha, y que nada tiene que envidiar a la de Kent Nagano con la Orchestre Symphonique de Montréal (ligeramente más demorada y clásica en su factura; donde la orquesta portuense apuesta por la modernidad de la partitura y sus vínculos con el siglo XXI). Aunque la propia Unsuk Chin me decía en persona el pasado mes de abril que la Orquestra Sinfónica do Porto había progresado mucho desde la que fuera su residencia en Casa da Música en 2014, no tengo duda de que interpretaciones como las dos recogidas en este compacto se sostienen todavía como ejemplos de lo que la OSP es capaz de dar de sí en repertorios que progresivamente ha hecho suyos, hasta destilar tan buenos resultados como estos, ya en lo más agresivo y virulento (soberbia, de nuevo, la sección de percusión), ya en lo más sutil, con las iridiscencias microtonales que la cuerda extrae como reflejos de esa luz móvil e inclasificable que atraviesa y se metamorfosea en Rocaná, dando forma a uno de los procedimientos que habitualmente nutren el pensamiento musical de la coreana con respecto a la luz como materia acústica: «Mi música es un reflejo de mis sueños. Intento convertir en música las visiones de una luz inmensa y la increíble magnificencia de colores que veo en todos mis sueños, un juego de luz y colores fluctuando por la habitación y al mismo tiempo formando una escultura sonora fluida. Su belleza es bastante abstracta y remota, pero es debido a esas mismas cualidades que ella aborda las emociones y consigue comunicar alegría y calor». 

Por lo que a las grabaciones se refiere (todas ellas en vivo), éstas vuelven a estar (como en el disco de Luca Francesconi) a cargo del Instituto Politécnico do Porto, y de nuevo su calidad es muy buena, diría que incluso mejor que en aquel compacto, con una presencia, una transparencia y unos relieves armónicos excelentes, lo que nos hace disfrutar aún más de la magia tímbrica de la compositora surcoreana. La bella y moderna edición del compacto presenta notas en portugués e inglés a cargo de los ya citados Habakuk Traber y Maris Gothoni, además de un texto de Unsuk Chin sobre Gougalōn. Fotografías y biografía de la compositora completan un disco muy recomendable que vuelve a dar muestras del buen hacer de Casa da Música, así como de su inteligencia al lanzar al mercado no sólo aquello en lo que más destacan sus programaciones en este momento dentro de la escena internacional, sino repertorios discográficamente poco trillados a los que, como hemos comprobado en esta reseña, aportan nuevas y sustanciales interpretaciones de los clásicos de nuestro tiempo: tal es ya Unsuk Chin. 

Este disco ha sido enviado para su recensión por la Casa da Música de Oporto 

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