Alemania

El Dresdner Kreuzchor y el Wiener Sängerknaben cantan juntos por primera vez

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 20 de junio de 2018
Los niños cantores en la Kreuzkirche © 2018 by Dresdner Musikfestspiele Los niños cantores en la Kreuzkirche © 2018 by Dresdner Musikfestspiele
Dresde, domingo, 3 de junio de 2018. Kreuzkirche Dresden. Dresdner Kreuzchor y Wiener Sängerknaben (solista Joseph, alto). Sibylla Rubens (soprano), Anke Vondung (contralto), Sebastian Kohlhepp (tenor), Tobias Hunger (tenor, Jóhann Kristinsson (bajo). Orquesta Staatskapelle Halle. Director Wolfgang Behrend. Samuel Barber, Adagio for Strings (Agnus Dei) arreglado para coro a capella. Leonard Bernstein, Chichester Psalms, para coro mixto, voces de niños y orquesta. Franz Schubert, Misa número 6 en mi bemol mayor (D950). Concierto en el marco de los Dresdner Musikfestspiele 2018 (10 de mayo al 10 de junio). 100% del aforo.
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Dos de los coros de niños más antiguos del mundo, el Kreuzchor de Dresde y el Wiener Sängerknaben de Viena se unieron por primera vez en su centenaria historia para ofrecer un magnífico concierto, acompañados por la Staatskapelle Halle, bajo la batuta de Wolfgang Behrend (director del Kreuzchor oficialmente a partir de octubre próximo), en el marco de los Dresdner Musikfestspiele 2018 a los que acudieron en total casi 60.000 espectadores en esta edición.

El significativo encuentro, uno de los puntos culminantes del festival, tuvo lugar en la Iglesia de la Cruz de Dresde (Kreuzkirche Dresden) en la calurosa tarde estival del domingo 3 de junio de 2018. Juntos, los dos célebres coros suman cerca de 1.238 años de ir cantando a lo largo y a lo ancho del globo. El Coro de la Iglesia de la Cruz (Kreuzchor) fue creado alrededor del 1300 (según los documentos más antiguos) y el Coro de los niños cantores de Viena en 1498. Behrend tuvo que suplantar a último minuto al director todavía titular del Kreuzchor, Peter Kopp, por enfermedad de éste, de modo que de facto vió adelantada su asunción del puesto para este acontecimiento.

El atractivo programa, con tres obras de carácter religioso, estuvo integrado por el Adagio for Strings (Agnus Dei) de Samuel Barber, y Chichester Psalms, de Leonard Bernstein, en la primera parte, y Misa número 6 en mi bemol mayor, de Franz Schubert, obras nada fáciles para estos conjuntos infantiles. El público, emocionado, ovacionó durante largos minutos la presentación. Los efusivos aplausos fueron especialmente dirigidos a los 140 chicos (24 niños cantores de Viena vestidos con traje de marinerito) que cantaron celestialmente (el alto Joseph, puro y tierno en su intervención solística en Chichester Psalms). Las lágrimas rodaban incontenibles por las mejillas de decenas de espectadores conmovidos por los cánticos.

Dicho sea esto de paso, ambos coros, de exquisita formación musical, concurren en celebridad y antigüedad con el famoso Thomanerchor, de Leipzig, fundado alrededor de 1212 (entre 1723 y 1750 dirigido por Johann Sebastian Bach) y con los de la liga de máxima solera: el Aachener Domchor, de Aquisgrán (fundado en 796, en la tradición de la schola cantorum de la corte de Carlomagno), el Regensburger Domspatzen, de Regensburgo (en 975), el St. Florianer Sängerknaben, de Alta Austria (1071), y el Stadtsingechor, de Halle (1116).

Hay mucho de tradición e ideología en el hecho de que sean los varones y no las niñas quienes integren estos conjuntos. No es que ellos canten mejor que ellas. Desde el punto de vista de la sonoridad no hay diferencias significativas. Pero gran parte de la música coral es de naturaleza sacra y desde que San Pablo se pronunciara en contra ((…) las mujeres guarden silencio en las congregaciones, porque no se permite que hablen, sino que estén en sujeción, tal como dice la Ley. (...) 1 Corintios, 14,34) las féminas no cantaban antiguamente en las iglesias. Las tonalidades más agudas eran entonces las de los castrati, hasta que el papa Pío X prohibió esta práctica macabra en 1903. Sin embargo, la tradicion de los coros de muchachos pervive y sus directores se ven abocados al duro trabajo de llevarlos hasta la perfección, antes de que se produzca el cambio de voz, a más tardar con 14 años (a veces, los jóvenes de mayor edad asumen los registros más graves). Con las niñas, en cambio, no existe esta premura. En los coros de chicas pueden cantar también adolescentes y, en general, suenan algo mayores que los angelicales coros de niños.

Mientras que el Agnus Dei (1967) es la tercera adaptación del popular Adagio for Strings (1936), de Barber (compuesto, sin ninguna intención religiosa, cuando estudiaba en Wolfgangsee, cerca de Salzburgo), que estrenara en 1938 Arturo Toscanini en Nueva York al frente de la NBC Symphony Orchestra, los Chichester Psalms (1965), con textos en hebreo, constituyen una pieza muy exigente y de gran calidad, tanto en lo polifónico como en lo temático; la confrontación con la fe y sus crisis en la Humanidad, fueron un acicate central en la obra de Bernstein. Su interpretación por un coro de varones y un solista (alto) se ajusta a la forma predilecta recomendada por el compositor estadounidense para su presentación.

La Misa de Schubert (liturgia en latín), la mayor y más extensa de su repertorio, así como la que demanda más instrumentos (compuesta entre junio y julio de 1828, cuatro meses antes de su fallecimiento, a los 31 años de edad, y estrenada el 4 de octubre de 1829 en la Iglesia de la Santa Trinidad, de Viena), destila desde un principio gran fuerza espiritual y alcanza niveles extraordinarios en el Credo (Qui cum Patre et Filio simul/Adoratur, et conglorificatur,/Qui locutus est per prophetas./Confiteor unum baptisma in/Remissionem peccatorum,/Mortuorum./Et vitam venturi saeculi./Amen) que nos anticipa ya la explosión del Sanctus, como un big-bang que se expande por el universo.

Tal vez haya sido todo demasiado para un director que de pronto se vió metido en un gran espectáculo, con dos coros, seis solistas y una orquesta sinfónica sin mucho tiempo para ensayar. En el Adagio de Barber quedó un poco perdido el ruego por la misericordia divina y en favor de la paz elevado a los cielos (Agnus Dei, qui tollis/Peccata mundi,/Miserere nobis.//Agnus Dei, qui tollis/Peccata mundi, Dona nobis pacem). Faltó, quizás también, un poco más de frescura juvenil en la interpretación de los Chichester Psalms, así como mayor claridad y estrictez de la batuta en las fugas de la Misa de Schubert. Pero en ésta los coros infantiles se sintieron mucho más a gusto, como en su propia casa. De todas formas, la cita fue trascendental, valió la pena, y quizás pueda planearse alguna revancha en Viena bajo otro formato y otras premisas.

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