Rusia

También hay estrenos en el Mariinski

Maruxa Baliñas

viernes, 6 de julio de 2018
San Petersburgo, lunes, 2 de julio de 2018. Teatro Mariinski. Sala nueva. La novia del zar, ópera en cuatro actos de Nikolai Rimski-Korsakov, sobre un libreto de Ilia Tiumenev basado en el drama de Lev Mey. Estreno: Ópera Privada Rusa (Teatro Mamontov) de Moscú, 22 de octubre de 1899. Alexander Kuzin, dirección de escena. Alexander Orlov, decorados. Alexander Sivaev, iluminación. Dimitri Grigoriev (Vasili Stepanovich Sobakin), Angelina Akhmedova (Marfa), Vladislav Kupriyanov (Grigori Griaznoi), Mikhail Kolelishvili (Maliuta Skuratov), Yevgueni Akhmedov (Boyardo Ivan Sergueyevich Likov), Yekaterina Krapivina (Liubasha), Oleg Balashov (Yelisei Bomelius), Ekaterina Sannikova (Domna Ivanovna Saburova), Svetlana Kapicheva (Duniasha), Marina Mareskina (Petrovna). Coro y Orquesta del Teatro Mariinski. Gurgen Petrosian, director musical. XXVI edición del Festival Estrellas de las Noches Blancas.
Kuzin: La novia del zar © Teatro Mariinski, 2018

Tras comenzar mi visita al Mariinski con una producción de Ruslan y Liudmila estrenada en 1994 pero muy tradicional, ya que recogía elementos de dos producciones históricas, mi segundo día tuvo una perspectiva totalmente distinta. Porque en el Mariinski también hay novedades, como esta nueva producción de La novia del zar de Rimski-Korsakov, que se estrenó hace tan sólo unos días, el 21 de junio de 2018, en el marco de este Festival Estrellas de las Noches Blancas. La anterior producción, si mal no recuerdo dirigida por Yuri Alexandrov, fue estrenada a finales de 2004, lo cual es poco para lo que suelen durar las producciones en el Mariinski.

La nueva producción tiene momentos muy bellos: impresionante por ejemplo la llegada de los oprichnik al comienzo del segundo acto, vestidos de negro y avanzando agresivamente desde un fondo iluminado en rojo, o el vestuario que recoge elementos tradicionales pero sintetizados y esquematizados. Pero también tiene muchos tópicos y no significa una gran mejora respecto a la anterior. El director escénico, Alexander Kuzin (Tashkent, 1953), no se arriesga en absoluto, moderniza un poco la estética pero sigue manteniendo todos los elementos tradicionales, algo sintetizados, pero no demasiado. El movimiento de personajes es tradicional, con gestos estereotipados en muchas ocasiones.

Alexander Kuzin justifica esta presentación esquemática y la relativa 'frialdad' porque él entiende La novia del zar como una tragedia con ribetes shakesperianos, donde todos mueren, aunque casi ninguno lo haga en escena. Como pasa en tantas óperas de Rimski-Korsakov, es posible quedarse en una historia sencilla, en un nivel externo, pero el argumento es mucho más serio de los que parece (vi El gallo de oro varias veces como un cuento infantil, antes de percibir cuánto tiene de antibelicismo). En esta ópera casi todos quieren algo y están dispuestos a pasar por encima de cualquiera para conseguirlo, de modo que son los jovenes e inocentes Marfa y Likov los que sufren y acaban muriendo por este egoísmo: el del zar, a quien no le importan los sentimientos de la novia que elige, el de Griaznoi que quiere a Marfa por encima de todo, incluso de la propia Marfa, el de Bomelius que se aprovecha del dolor de Liubasha, el de Liubasha que quiere a Griaznoi aunque él no la quiera ya, el de Sobakin, el padre de Marfa, a quien sólo le preocupa el faux pas de haber comprometido a su hija y tener que desdecirse, pero no el dolor que ella siente por tener que renunciar a su amor, y desde el primer momento se muestra lleno de orgullo porque ella sea zarina.

El segundo estreno de la noche fue el de Gurgen Petrosian, nuevo en el Mariinski, quien dirigió con eficacia y un gesto elegante y claro (me tocó sentarme en la primera fila, así que lo seguí muy de cerca). Es un director joven, 27 años, pero prometedor. La partitura tiene momentos delicados -Rimski-Korsakov es un gran orquestador- y Petrosian no se limitó a concertar todo, sino que proporcionó ocasión de disfrutar de la música instrumental en oberturas e interludios. La orquesta se portó bien, sin los errores de Ruslán, pero a veces sonó un poco burocrática. Bien los solos de Lupachev (flauta), y especialmente de Fyodorov (oboe) y Kulyk (clarinete).

La parte vocal superó incluso a la instrumental. Los cantantes, y especialmente los dos protagonistas, Angelina Akhmedova y Vladislav Kupriyanov, cantaron muy bien. No recuerdo haber escuchado a ninguno de los dos, por lo menos en un rol principal, así que resultaron doble sorpresa. La soprano Akhmedova es todavía alumna del programa Atkins de artistas jovenes del Mariinski. Por su parte el barítono Kupriyanov (1993), aunque también pertenece al programa Atkins, es ya cantante regular de la ópera de Samara y tiene un cierto curriculo que incluye casi una docena de becas y premios. Pese a su juventud y falta de experiencia, ambos cantaron como auténticos profesionales y actuaron muy bien sus papeles, lo que me llamó la atención especialmente en el caso de Kupriyanov porque el oprichnik Gryaznoy es un personaje con carácter y poderoso, lo que no resulta fácil de conseguir para una persona tan joven (hacer de doncella tímida y enamorada siempre es más fácil). Del programa Atkins provenía también el bajo Dimitri Grigoriev, quien hizo el rol de Vasili Stepanovich Sobakin, no muy exigente en lo vocal, pero importante para el desarrollo de la ópera.

El resto de los cantantes mezclaban juventud y experiencia. El bajo Mikhail Kolelishvili -Maliuta Skuratov- es todavía joven (no creo que llegue a los 40 años), pero lleva en la compañía del Mariinski desde 2002, nada más terminar sus estudios, y desde 2009 es ya solista, con casi cuarenta roles en repertorio. Cantó perfectamente su parte y -como fue la tónica en esta representación- actuó muy bien. Me interesó mucho la mezzo Yekaterina Krapivina (Liubasha), con una voz bella y que sabe utilizar bien, hasta el punto de que siendo una de las 'malas' de la ópera consiguió que la viéramos como una mujer real, dolida pero digna. El tenor Yevgueni Akhmedov también pertenece al programa Atkins del Teatro Mariinski, si bien tiene ya una carrera como cantante en el Teatro Mikhailovski (2011-14) y ha sido candidato a la Máscara Dorada, uno de los premios teatrales más apreciados en Rusia, en 2004 como 'Mejor cantante masculino' (como cotilleo añadir que, dado que en Rusia las mujeres suelen cambiar su apellido al casarse, es probable que sea el marido de Angelina Akhmedova, ... o su hermano, pero no se parecen en nada).

Como es habitual, coro y figurantes muy buenos, y en esta ópera tienen bastante trabajo, porque incluso algunos miembros del coro tienen que hacer pequeñas intervenciones en algún momento.

Salí ilusionada de esta representación porque los cantantes que vi, a pesar de su juventud, son muy solventes, cantan bien y saben moverse. Cualquier teatro se enorgullecería de tener en su programa de formación cantantes así, y a la inversa, para ellos es un lujo formarse en el Teatro Mariinski, que funciona como compañía de repertorio y por tanto tiene un montón de óperas y un montón de roles para que se 'curtan' y vayan afinando sus posibilidades. Pocos teatros pueden mostrar un estreno como el de esta Novia del zar: producción, director de orquesta y cantantes protagonistas. Así avanza una compañía.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.