Novedades bibliográficas

Neopatriotismo y paleomentiras

Xoán M. Carreira

jueves, 28 de junio de 2018
Suite Albéniz de A. Alzamora © Ed. Turner, 2018

El pintor y escultor Alfonso Alzamora (Barcelona, 1951) es autor de diversas obras plásticas dedicadas a la memoria de su bisabuelo Isaac Albéniz, entre ellas el mosaico fotográfico del Museo Isaac Albéniz de Camprodón, del cual es patrón Alzamora. Es a partir de este mosaico de cuarenta y dos fotografías que Alzamora ha redactado el libro Suite Albéniz1, una suerte de glosas de muy distinta extensión inspiradas en cada una de las imágenes del mosaico. El objetivo confeso del libro es certificar “la perpetua condena a un inmerecido y continuo ostracismo de su bisabuelo con pruebas a la vista y salvando de la quema a quienes contribuyeron a reivindicar su importancia”, singularmente Alicia de Larrocha, Luis Fernando Pérez, Miguel Baselga, Guillermo González, Rosa Torres-Pardo, José de Eusebio y Paloma O’Shea.

En el primer capítulo el propio Alzamora reconoce no saber nada de música clásica y sus dificultades para fijar su atención a lo largo de obras extensas como lo es Iberia de Albéniz: “Soy pintor y escultor, Albéniz era músico, no estamos tan lejos el uno del otro. ¡Somos colegas! […, sin embargo a veces] pienso que en lugar de ser bisnieto de Albéniz debería haber sido sobrino de Miles Davis, pues mi sentido musical está más próximo al ritmo que a la armonía, aunque sean dos conceptos complementarios.”

Escritos a impulso de las imágenes, los capítulos no están organizados cronológica ni temáticamente, y en el seno de cada uno de ellos se entrecruzan citas de los diarios de Albéniz, recuerdos familiares, recortes de prensa, digresiones personales sobre arte, cine, política, el peso de la familia, y comentarios personales anodinos, así como anécdotas sobre Albéniz manifiestamente falsas y, en ocasiones, nada inocentes. Alzamora se inventa que Albéniz se escribía en catalán con Enrique Granados y Joaquín Malats2, falsedad que nada tiene de inocente en tiempos en los que las lenguas -un maravilloso instrumento de comunicación- son utilizadas vilmente como armas por los enemigos de la sociedad abierta.

Alzamora no discrimina entre fuentes primarias, secundarias o terciarias, ni le preocupa la fiabilidad de las mismas. La forma estándar de citar corresponde al siguiente modelo: “En una película protagonizada por Sidney Poitier (no recuerdo ni su título ni su argumento) …”, lo cual conduce a las situaciones más peregrinas que imaginarse puedan. En ningún lugar del libro se menciona el nombre de Rosa Sabater, a pesar de las abundantes referencias a la tradición interpretativa de Iberia. Más grave todavía, si cabe, es la omisión de la ingente investigación albeniciana de Jacinto Torres mientras elogia a Justo Romero, pertinaz plagiario de los libros del Dr. Torres. 

Ser descendiente de un creador no otorga ni conocimientos ni capacidad para dictaminar sobre ese antepasado, máxime cuando no se le ha conocido personalmente, e incluso en el caso de que el descendiente se considere ‘colega’ de su ilustre antepasado. Pero dicho esto, a menudo los libros – álbumes familiares pueden ser de grata lectura a la vez que ejercer de fuentes indirectas para la comprensión de los artistas y sus obras. Para eso es necesario que el autor tenga un discurso claro, talento narrativo y sobre todo sepa exactamente qué es lo que desea contar. Y esto no sucede en el caso de Suite Albéniz, un relato deshilachado, mal redactado y editado con descuido en la colección Turner música, en cuyo errático catálogo conviven desenfadadamente traducciones de libros importantes con auténticos dislates de producción propia.

Una vez más se evidencia la carencia de criterio por parte de los responsables editoriales a la hora de diseñar un catálogo de libros musicales. Tal parece que los proyectos editoriales sobre música se confeccionan con ocurrencias, objetos encontrados y algún que otro ‘obni’ (objeto bibliográfico no identificado). En consecuencia a veces parece que a la hora de escribir sobre música en castellano todo vale y todo es validado, excepto el trabajo profesional, cuidadoso y riguroso de tantos buenos musicólogos españoles, que cada vez con mayor frecuencia se ven abocados a publicar en editoriales extranjeras. 

La ignorancia es arrogante

Uno de los aspectos más desagradables de la ignorancia es que tiende a ser arrogante y por ende universal. La necedad se corresponde con un tipo de discurso que encadena ideas supersticiosas, despropósitos y frases mal construidas. De ello es una muestra espléndida el texto “Fabuloso mosaico familiar”, escrito por el periodista Jesús Ruiz Mantilla, que sirve de prólogo a Suite Albéniz.

Si las afirmaciones de Alzamora podían resultar peregrinas, las de Ruiz Mantilla son dignas de circular por Twitter o Whatsap: “¿Qué es la Biblia sino una magistral leyenda que obliga a la cristiandad a no creer en hechos probados?” (p 12) se pregunta Ruiz Mantilla. Y esta profunda reflexión articula su narración sobre el sentido de la vida y obra de Albéniz: “para verdades, nos queda su música. Y su música es la certeza de una vigencia adelantada a su tiempo. El impulso coherente en su diversidad que lo convierte en un genio emparentado en estilos y en fe con Wagner, Debussy y Janácek. Aunque, pobre de él, llegado del sur.” (p 13) 

Notas

1. Alfonso ALZAMORA, “Suite Albéniz”, Madrid: Turner publicaciones, 2018, Prólogo de Jesús Ruiz Mantilla, Epílogo de Luis García Montero, 151 páginas, 43 fotografías, Ilustración de portada de Eduardo Arroyo, ISBN 978-84-17141-62-2

2. Toda la correspondencia conocida entre Albéniz y Malats (39 cartas) está en castellano al igual que las tres únicas cartas de Granados a Albéniz. Comunicación personal de Jacinto Torres Mulas.

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