Alemania

Aleksandra Mikulska en el Schloss Dyck

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 11 de julio de 2018
Mönchengladbach, martes, 1 de mayo de 2018. Sala de música del Schloß Dyck (castillo de Dyck/en Jüchen, cerca de Düsseldorf). Aleksandra Mikulska, piano. Ludwig van Beethoven, Sonata en do menor, opus 13, Pathetique. Frédéric Chopin, Andante spianato & Grande Polonaise Brillante, en mi bemol mayor, opus 22. Franz Liszt, Liebesträume – Notturno número 3. Robert Schumann/Franz Liszt, Liederbearbeitungen Widmung, Frühlingsnacht; Sonata en si menor. Organizador: Asociación de Amigos del castillo de Dyck (Stiftung Schloß Dyck, Fundación del castillo de Dyck). 100% del aforo.
Aleksandra Mikulska © www.aleksandramikulska.com

En vivo y en directo, la pianista polaca Aleksandra Mikulska (Varsovia, 1981) supera con creces las profundas emociones que desatan en sus oyentes las grabaciones que ha hecho de compositores como Ludwig van Beethoven, Frédéric Chopin, Robert Schumann y Franz Liszt y que integran el selecto programa de este mediodía en el milenario Schloß Dyck (castillo de Dyck), uno de los más impresionantes de la Renania, rodeado de hermosísimos parques y jardines, del que se dice que quien lo haya visto una vez viene siempre a visitarlo.

Mikulska, presidente de la Sociedad Chopin de Alemania era aguardada con gran expectación por las damas y los caballeros congregados en la gran sala de música de este admirable baluarte medieval.

Hacía casi un lustro que la solista, permanentemente de gira por Europa, no ofrecía un recital en este recinto con tanta historia, donde fue recibida con ovaciones al instante de dirigirse al podio. Estamos en el área de influencia del renombrado Festival de piano de la Cuenca del Ruhr, uno de los más importantes del mundo, al que acuden decenas de músicos venidos de todo el orbe, y que año a año se amplía consecuentemente, alcanzando ya regiones aledañas al sur y al norte de esa zona minera e industrial de Alemania.

En uno de esos bucólicos parajes, cerca de la ciudad de Düsseldorf, se encuentra Dyck (cuyo documento más antiguo data de 1094), residencia de nobles vinculados a la casa de Lorena y testigo de cruentos enfrentamientos durante la Guerra de los Treinta Años (1618 – 1648) en el Sacro Imperio Romano Germánico.

En este rancio bastión del catolicismo centroeuropeo, Mikulska ofreció su muy aguardado concierto con la Sonata en do menor, opus 13, Pathétique, de Beethoven; el Andante spianato & Grande Polonaise Brillante, en mi bemol mayor, opus 22, de Chopin; así como LiebesträumeNotturno número 3, Liederbearbeitungen Widmung, Frühlingsnacht (Schumann/Liszt), y la Sonata en si menor, de Liszt.

La Patética, esa vigorosa pieza que simboliza el decisivo giro que marcó la vida de Beethoven (el sino, al que porfiaba con todas sus fuerzas cuando sintió los primeros síntomas de la sordera que habría de acompañarlo por el resto de su vida), fue interpretada por Mikulska reviviendo con todo su ser y gran puntillosidad ese agobio y pesadumbre que sentía entonces el compositor y que atrapa al espectador desde un comienzo en el fantástico Grave, Allegro di molto e con brio; con mucho colorido, exactitud en el ritmo y pasión por el detalle (adagio cantabile); y con gran claridad y virtuosismo en cada nota digitada en el poderoso (Rondo: Allegro) final.

Otro mundo es el que nos hizo evocar la pianista, ya muy erguida ante el teclado, en el Andante spianato & Grande Polonaise Brillante de Chopin, ejecutado con total naturalidad y vitalidad. En su agógica interpretación Mikulska no puede ocultar sus sentimientos más hondos cuando hace suyos los del compositor nacional de su país. Aqui es ella misma, con todo su vigor y vida la que emana del instrumento; es su alma entregada sin artificialidad a los sentimientos que despierta la composición, por momentos nostálgica y melancólica, pero muy adelantada al tiempo en que fue escrita (1830).

La segunda parte fue dedicada íntegramente a quien ganara su corazón en los últimos tiempos, según ella misma confiesa: Franz Liszt, al que consagrara a comienzos de este año un disco compacto (el sexto de su carrera) titulado Souvenirs.

Liebestraum (Sueño de amor) ha bautizado Mikulska su concierto, y uno de ellos, el Nocturno número 3 (de Liebesträume), es el que nos deja desde un comienzo con gran inspiración, carga emocional y fuerza expresiva. Le siguieron Widmung y Frühlingsnacht de los Liederbearbeitungen (Schumann/Liszt) que son todo un concierto por sí solos.

A esta altura de la presentación el público estaba ya en el séptimo cielo, fascinado, extático con la magia interpretativa de Mikulska que, más interesada en el espíritu de la obra, abordó de inmediato, sin prisas, pero sin pausas, la bella y compleja Sonata en si menor de Liszt (dedicada a Schumann) que nos llevó a incursionar de forma reflexiva en otra insondable dimensión del genial compositor romántico austro-húngaro. Si las ovaciones al comienzo fueron efusivas, al término del concierto resultaron delirantes, explosivas, Una matiné inolvidable en el encantador castillo de Dyck que seguramente habremos de visitar una y otra vez próximamente.

Comentarios

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11/07/2018 20:01:54

sehr interessanter artikel und gut geschrieben, vielen dank!!

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