Bajo la alfombra de Enrique Granados

B] La alfombra de Granados regresa a la tintorería

Maruxa Baliñas

viernes, 3 de agosto de 2018
Enrique Granados © Josep Parera Romero, ca. 1890

La alfombra de Granados se va a la tintorería hasta el día 7 de septiembre. Y no es que haya mucho que limpiar, pues hemos extremado los cuidados y mantenimiento de la misma con las inestimable ayuda de todos aquellos lectores y amigos que con gran generosidad nos advierten puntualmente de las erratas y errores que manchan nuestra alfombra y/o nos sugieren retoques y mejoras que contribuyen al mayor lucimiento. Pero tanto los lectores como nosotros necesitamos un descanso, que hemos decidido realizar a lo largo del vacacional mes de agosto, con la pretensión de hacer coincidir la entrega nº 50 de nuestra serie con la festividad de Santa Cecilia (para los despistados, 22 de noviembre). No olvidemos que los músicos somos los únicos profesionales que 'el día de la patrona' trabajamos el doble. 

Habíamos planeado hacer un descanso cada doce capítulos de Bajo la alfombra de Enrique Granados, pero precisamente cuando íbamos a hacerlo se incorporó José María Rebés con un enorme entusiasmo, que contagió a Xoán M. Carreira, de modo que -contra mis recomendaciones- esta segunda serie ha tenido 26 capítulos. Es difícil hacer un resumen de tantas cosas, pero voy a intentarlo.

Nuestra atención se ha centrado en la infancia y juventud de Enrique Granados, a la que hemos dedicado -si no me equivoco- catorce entregas y se continuará a lo largo de 2018. Creo que no exagero si digo que en este momento los conocimientos sobre los veinte primeros años de Granados han dado un vuelco radical. Prácticamente todo lo que se había publicado sobre esta etapa ha resultado ser falso o inexacto en el mejor de los casos. Algunos amigos nos han comentado ya que Granados va camino de convertirse en el compositor español mejor documentado. Puede que en este momento, algunos lectores lo vean aún como una exageración, pero si nuestros planes siguen adelante, esperamos que así sea.

No he incluido en este primer apartado las tres entregas dedicadas a los antecedentes familiares de Granados, que se continuarán a la vuelta de nuestro receso veraniego, porque pretendemos analizar todos los datos disponibles sobre padres, abuelos, hermanos, vecinos, profesores, etc. En este momento empieza a ser evidente que la formación y la carrera inicial de Granados está muy relacionada con el estamento militar y con el colectivo hispano-caribeño asentado en Barcelona. Por otra parte no hemos encontrado evidencia alguna de que Granados estudiase con Pedrell antes de su vuelta de París. Tampoco hemos localizado rastro alguno sobre las prácticas religiosas de la familia Granados-Campiña ni del joven Enrique que permitan mantener el mito de la profunda religiosidad del artista.

En medio de estas entregas sobre su infancia, juventud y familia, hemos publicado algunos artículos sobre detalles de la biografía de Granados, sobre algunas de sus obras concretas, su relación con Casals y Vives, su entorno vital y cultural, etc. Dos entregas han recogido escritos del propio Granados, uno de los cuales, sus Memorias, sólo habían sido publicadas de forma parcial y con interpolaciones, a pesar de haber sido utilizadas como fuente por casi todos los biógrafos de Granados en los últimos cincuenta años. Desgraciadamente ninguno de estos biógrafos se planteó la finalidad y los destinatarios de estas Memorias, y tendieron a creerse como verdad revelada todo lo que en ellas se decía, cuando se trata de una narración semi-humorística sin pretensiones biográficas. Personalmente trabajé sobre algunos materiales que aclaran más sobre la construcción del 'mito Granados', que se estableció definitivamente tras su trágica muerte, dándole los rasgos de un artista romántico; elemento que no era tan marcado en los años previos a la 1ª Guerra Mundial, cuando inició fulgurantemente su carrera internacional. Incluso hemos dedicado un capítulo a Dionisio Granados, un interesantísimo compositor e intérprete cuya vida y carrera se solapa con la de Enrique Granados.

Nuestra propuesta provisional es que la vida y carrera de Granados es la de un artista paradigmático de la Belle Époque, que participa de las corrientes simbolistas, orientalistas y exóticas, y con escaso o nulo interés por los nacionalismos musicales, y menos aún por los debates políticos, sociales y culturales sobre nacionalismos y religiosidades nacionales. Tanto que a veces parece bordear el autismo respecto a su entorno cotidiano. A este respecto, conviene señalar que la reciente moda de incorporar a Granados al movimiento krausista carece de consistencia argumental y fundamento documental. Todo el krausismo granadino se limita a las muy esporádicas interpretaciones de algunas de sus canciones por parte de Fernando Kraus (hermano poco conocido del gran Alfredo).

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.