Ópera y Teatro musical

El festival del cisne negro

Agustín Blanco Bazán

viernes, 27 de julio de 2018
Capriccio. Garsington Opera 2018 © Johan Persson, 2018

Garsington, el primer festival de ópera-picnic en Inglaterra que osó competir con Glyndebourne, continuó este año su merecida fama en puestas de óperas de Richard Strauss con una excelente producción de Capriccio en su sala estilo kabuki elevada sobre jardines y un lago artificial. Cuando hace frío, no queda más remedio que contrarrestar la brisa que penetra por las aperturas laterales con unas frazadas que distribuyen a la entrada. Pero este año el calor ha sido asfixiante para los picniqueros y el amarillo de pasto quemado ha dominado las últimas semanas del festival. La propiedad, perteneciente a la familia Getty, incluye una fauna inusual de ciervos machos de descomunal cornamenta y un solitario cisne negro que de vez en cuando se digna a aparecer en el lago. Este año le consiguieron una compañera que se escapó pitando luego de ser rechazada por el misógino. 

Para Capriccio, una co-producción con la ópera de Santa Fe, Garsington estrenó una regie del afamado Tim Albery con una escenografía de Tobias Hoheiser que aprovechó al máximo la enorme anchura de un escenario que es más bien un gran tablado, para presentar uno de esos palacios tradicionales modernizados por dueños con plata: las alas laterales son de una modernidad bien cool, con cómodos sillones para desarrollar los diálogos esenciales a esta conversación musical. El centro es lo que queda del palacio barroco original, un salón a través de cuyas ventanas vemos a los jardineros atraídos por el idílico sexteto de cuerdas que abre la partitura. El mayordomo se encarga de alejarlos discretamente y ya a partir de este toque inicial se desarrolla una regie rica en percepciones de cada personaje. Nada de política o mensajes ocultos; simplemente una acción capaz de atraer en todo momento el interés del espectador hacia la dialéctica que hace al núcleo de la obra. Y unos vestuarios estupendos, sobre todo el de ese rojo de pliegos y curvas diseñado para una condesa que Miah Persson interpretó con bellísimo timbre y buena dicción. Similar nivel de claridad de fraseo y buena proyección vocal alcanzaron el Flamand de Sam Furness y Gavan Ring como Olivier, mientras que dos grandes veteranos de la escena operística inglesa, Andrew Shore como La Roche y Graham Clark como Monsieur Taupe avivaron el sarcástico humor de la obra con relajado histrionismo. Sensible, detallada y expresiva la dirección de Douglas Boyd al frente de la orquesta de la casa. Para conocimiento de los straussianos: Garsington ha producido Ariadne auf Naxos (1993, 2007), Capriccio (1994), Daphne (1995), Elena Egipcíaca (1997), Liebe der Danae (1999), Intermezzo (2001) y La mujer silenciosa (2003). 

La nueva producción de La Flauta Mágica presentó una descomunal Pamina. Louise Alder es una de esas sopranos que vale la pena un viaje a la campiña para descubrir una voz de densidad aterciopelada, claridad de articulación y firmeza de acero en las frases largas. Lo cual le permitió un Ach ich fuhl´s entonado con la espontaneidad de quienes no tienen por qué preocuparse en materia de expresividad o técnica. Y entre un reparto que hace justicia a la fama de Garsington de elegir siempre los cantantes adecuados sobresalieron también el Tamino de Benjamin Hullet, Jonathan McGovern (Papageno) y Adrian Thompson (Monostatos). ¡Que maestría la de estos tres cantantes de habla inglesa no sólo para cantar bien sino sobre todo para sortear las partes habladas en alemán con esa mezcla de ansiedad y sentido del humor sin la cual no hay buena Flauta Mágica! Exacta la coloratura de Sen Guo (Reina de la Noche) y bien colocados los graves del Sarastro de James Creswell. Christian Curnyng dirigió con tiempos rápidos a la orquesta de Garsington que la noche de mi función estuvo menos feliz que con Capriccio. Hubo algunos desajustes en los metales y el famoso Glockenspiel salió sin brillantez y claridad de exposición. 

Menos feliz aún fue la confusa regie de Netia Jones que después de comenzar en el jardín de un manicomio donde Tamino recibe shocks eléctricos, obliga a Pamina a sacar los piojos de la cabeza de un Papageno asqueroso en Bei männer. En el segundo acto la regie es un gran cortinado rojo con televisores que permanecen todo el tiempo sin jamás servir para nada. Los sacerdotes aparentemente operan como psiquiatras que luego se transforman en masones para iniciar a Tamino y a Pamina en ritos masónicos porque a diferencia del cisne negro, la logia masónica de Garsington acepta mujeres. El ritual salió lo suficientemente pedestre para arruinar la ambigüedad esencial de las pruebas del fuego y el agua. Y la Reina de la Noche es una viuda de negro con rosario en mano seguida por un cardenal de rojo vivo que le hace de inquisidor. Algunos salimos riendo de esta producción inesperadamente pueril y fragmentada en un lugar caracterizado por las buenas regie.  

El programa de este año fue completado por el estreno mundial de The Skating Ring, una ópera de David Sawer basada en una novela de Roberto Bolaño, y el Falstaff verdiano. El festival de Garsington cumple treinta años en el 2019, con un programa que entre el 29 de mayo y el 21 de julio, incluirá Don Giovanni, La novia vendida, Fantasio (Offenbach) y La vuelta de tuerca de Britten. 

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