España - Cataluña

Una buena embajadora

Francesc Borràs

martes, 30 de abril de 2002
Barcelona, sábado, 20 de abril de 2002. Orquesta Sinfónica de Euskadi: François-René Duchable, piano; Gilbert Varga, director. Programa: Maurice Ravel: 'Concierto para piano y orquesta en sol'; Dimitri Shostacovich: '8ª Sinfonía', op. 65. Ciclo de conciertos de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC). Programa 23. Temporada 2001-2002. Ocupación: 70%
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El programa propuesto por la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que este fin de semana ha sustituido a la OBC, era más que tentador: el Concierto para piano y orquesta en sol de Maurice Ravel y la 8ª Sinfonía, op. 65 de Dimitri Shostacovich. El tratamiento orquestal que necesita cada una de estas obras, orquesta a dos en la primera y gran orquesta en la segunda, permitió ver como esta formación se desarrollaba en cada uno de estos registros.En el concierto para piano la orquesta dio una impresión excelente. A destacar, en primer lugar, la cuerda, homogénea y bien compactada, gracias sobre todo a unas muy buenas secciones de segundos violines y violas. En segundo lugar, los espléndidos solistas de viento entre los cuales destacaron, por el importante papel que tiene en la obra, el piccolo, la trompa (con el difícil solo agudo en pianíssimo del primer movimiento) y especialmente, el corno inglés (protagonista, junto con el piano, del segundo movimiento del concierto).El pianista estuvo a la altura de lo que se puede esperar de un solista de su clase. Quizá el aspecto más destacado, y no muy frecuente en otros renombrados solistas, fue su actitud dialogante con la orquesta. Muestra de ese quehacer fueron los constantes contactos visuales con los solistas y el hecho de que el corno inglés se situara a su lado en el segundo movimiento. Sin duda, esta actitud queda impregnada en la música y se transmite al oyente.Otro acierto del pianista fue la elección del bis que, quizá con demasiada insistencia, parte del auditorio reclamaba. Huyendo del ambiente de circo en el que en esos momentos muchos concertistas celebran, interpretó un delicado nocturno de Chopin, muy oportuno y respetuoso con el concierto que acabábamos de escuchar.Shostakovitch contaba que en su octava sinfonía (1943) había intentado recrear el clima interior de un ser humano perturbado por el martillo de la guerra y relatar sus angustias, sufrimientos, valores y alegrías. La Orquesta Sinfónica de Euskadi fue capaz de transmitir estos sentimentos, tarea nada fácil, en una más que correcta interpretación En términos generales, en referencia a la orquesta nos reafirmamos con lo expuesto anteriormente: una cuerda muy sólida (hay que subrayar de nuevo el papel de las violas, por ejemplo, en el inicio del tercer movimiento) y unos solistas de viento de primera fila (entre los cuales volvemos a citar el corno inglés). Ahora bien, en determinados momentos el gran despliegue instrumental de la sinfonía dejó entrever algunos de los aspectos que la formación puede mejorar: la cohesión de algunas de las familias de la sección del viento (clarinetes y fagotes) y del metal (sobre todo trompetas y trombones).Un capítulo aparte que considero necesario comentar fue, como lamentablemente acostumbra a ser habitual en los conciertos, las continuas interferencias extramusicales. Me refiero al continuado bombardeo de estornudos, al sonido de alarmas (que puntualmente nos recuerdan el paso de las horas) y a los teléfonos móviles. Cualquiera de estas interferencias fácilmente dinamita una frase bien construida (como fue el caso del piano en el delicado inicio del segundo movimiento del concierto, o del solo del corno inglés en la sinfonía), interrumpe un silencio expectante creado después de una hora de tensiones (como sucedió al final de la sinfonía), o te devuelve de golpe y sin previo aviso a la mundana realidad (pienso en el móvil que sonó al inicio de la segunda parte).El concierto que nos ofreció la Orquesta Sinfónica de Euskadi es una clara muestra de cómo una joven formación -tanto por los veinte años que celebran como por la edad de buena parte de sus músicos- pueda dar unos excelentes resultados y convertirse en una prestigiosa embajadora de un pueblo.

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