Italia

El pirata remolón

Jorge Binaghi
viernes, 27 de julio de 2018
Yoncheva en 'Il Pirata' © Teatro alla Scala, 2018 Yoncheva en 'Il Pirata' © Teatro alla Scala, 2018
Milán, sábado, 14 de julio de 2018. Teatro alla Scala. Il Pirata, (Milán, Teatro alla Scala, 27 de octubre de 1827). Libreto de Felice Romani sobre  la tragedia 'Bertram, the Castle of St. Aldobrando' de R. C. Maturin, y música de V. Bellini.  Puesta en escena: Emilio Sagi. Escenografía: Daniel Bianco. Vestuario: Pepa Ojanguren. Luces: Albert Faura. Intérpretes: Roberta Mantegna/Sonia Yoncheva (Imogene), Piero Pretti (Gualtiero), Nicola Alaimo (Ernesto), Riccardo Fassi (Goffredo), Francesco Pittari (Itulbo) y Marina De Liso (Adele). Orquesta y coro (maestro preparador: Bruno Casoni) del Teatro. Director: Riccardo Frizza
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Sesenta años le tocó esperar para regresar al primer gran título de Bellini (al menos, en lo que se reconoce hasta ahora) que justamente vio su bautismo, y con éxito, en esta misma sala. En 1958 Votto dirigió una reposición de pocas funciones con Callas, Corelli y Bastianini que curiosamente no ha sobrevivido ni siquiera ‘pirateada’ (y era el título ideal para que lo fuera) y, como ocurría en esa época, bastante ‘abreviada’. Por otra parte, salvo en el caso de la protagonista, ni tenor ni barítono podían ofrecer sino una excitante versión ‘verdiana’ de sus partes y respectivas vocalidades.

Ahora volvió en muchas más funciones, con dos protagonistas femeninas distintas, y el resto de los elementos del reparto idéntico. Hubo sus más y sus menos con el director de escena contactado en el primer momento (Loy, que al parecer quería enmendarle la plana a Bellini en cuanto a números y orden de los mismos) y al final el encargado de la operación fue Sagi con su equipo habitual, que ofreció su habitual  tipo de espectáculo, más parecido a veces a una función en forma de concierto pero con vestuario adecuado y luces. No parece que hacer sentar a los protagonistas para sus dúos y tríos haya servido para elevar la temperatura dramática, ni tampoco que en alguno de esos momentos se dediquen a tomar el té, pero ciertamente la escena final fue un acierto por la forma de usar el telón de fondo y prefiero quedarme con esa imagen de la única versión que he visto de esta obra escenificada (y es la tercera; no preveo que haya una cuarta, pero quizá me equivoque). Sobre todo cuando no hay casi intérpretes de gran nivel actoral un espectáculo así puede contribuir a alejarlo del público, no muy numeroso por cierto (para mi sorpresa y en parte disgusto).

El segundo acto salió más bien librado que el primero, empezando por la dirección de Frizza que en el primero pareció desganada y la sensación de aburrimiento se extendió a la sala. Es extraño que un rossiniano como él justamente en el gran concertante con que se cierra el primer acto y en el que la influencia del gran Gioacchino sobre el joven Vincenzo es más evidente no supiera aprovechar ni exponer con claridad los planos del crescendo. Por lo demás estuvo atento a los cantantes como debe hacerse.

La orquesta y el coro (espléndido) respondieron a su fama. De Liso pareció más bien apagada en sus breves intervenciones (vocales, porque estuvo muy presente en escena). Pittari estuvo bien aunque la voz no es de calidad y será difícil que pase de este tipo de papeles. Muy interesante, en cambio, por timbre y figura el joven bajo Fassi en la única parte de cierto relieve aparte de los tres principales.

Alaimo -que junto con Sagi y Frizza fue al parecer objeto de las iras del pasional ‘loggione’ en la primera función- no es un cantante ideal para la parte de Ernesto, pero cantó con mucha profesionalidad, y si el agudo se adelgaza y las agilidades pusieron a prueba su respiración, además de que el físico no lo acompañe (ni el vestuario, ni toda la gesticulación inútil y reiterativa que tuvo que hacer en toda la introducción de su aria de salida -¿por qué, simplemente, no hacerlo salir al final de la misma?), el resultado fue en todo caso decoroso. 

Pretti es un excelente elemento, pero se trata de un tenor lírico con un buen agudo (me inclino ante su capacidad para sostener una tesitura despiadada durante ocho veladas) en una parte que requiere otra vocalidad y técnica e incluso otro color, y que no tiene una personalidad ni un fraseo avasalladores. Tanto en su caso como en el del barítono vienen con facilidad a la mente otros nombres que podrían haber sido más adecuados y con menores riesgos.

A este Pirata se lo conoce sobre todo por la gran escena final, la de la locura de Imogene, anterior a todas las de Donizetti. Un momento inspiradísimo y endiablado y que no es el único escollo que tiene que superar la protagonista. Obviamente aquí se pensó en dos sopranos, una debutante y otra famosa. Y como suele ocurrir, pese a que naturalmente hay algún sonido metálico que trabajar, Mantegna salió, desde mi punto de vista, mucho más airosa que su colega del trance. No tiene un vozarrón, y no he escuchado muchas messe di voce, pero se entiende y oye perfectamente, no parece nunca cansada o en apuros (y eso que debutaba en el Teatro con semejante papel), y no siendo -creo- una belcantista ‘doc’ salió de la prueba con la cabeza alta. También se movió con corrección aunque probablemente en ese aspecto también crecerá. En cualquier caso, un nombre para tener bien presente. 

Yoncheva debutaba la parte. Nunca me ha impresionado como a muchísimos otros la soprano búlgara. La había escuchado siempre en su fase ‘coloratura’. La voz se ha hecho más oscura y pesada, y el volumen se ha triplicado como mínimo (no sé si igualará al de Netrebko, pero poco le debe faltar). Los agudos son, como siempre lo fueron, metálicos y en algún punto empiezan a abrirse. El centro es impresionante y a quien guste de graves forzados, ficticios, exagerados (las imitaciones de Callas suelen producir estos resultados) su canto lo extasiará; a un servidor le causa rechazo y molestia auditiva. La intérprete es muy intensa, al menos en la escena final, donde pareció despertar de su letargo, y causó impresión (por supuesto, también alguien le dedicó un sonoro abucheo, absolutamente inmerecido).

Me parece que con estos mimbres no habrá aquí retorno de este Pirata en -por lo menos- otro medio siglo. Y tampoco sé si hace falta a menos que la Scala cuide más una serie de aspectos. Con esta reposición llega el reposo estival; la temporada retornará en septiembre hasta noviembre.

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