Discos

Casa da Música: nuevos horizontes discográficos

Paco Yáñez

lunes, 6 de agosto de 2018
Georges Aperghis: Babil; Bloody Luna; Concerto for accordion and orchestra. Teodoro Anzellotti, acordeón. Victor Pereira, clarinete. Anssi Karttunen, violonchelo. Remix Ensemble Casa da Música. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Baldur Brönnimann y Peter Rundel, directores. Instituto Politécnico do Porto, ingeniería de sonido. Un CD DDD de 53:48 minutos de duración grabado en la Casa da Música de Oporto (Portugal), los días 14 de febrero, 22 de octubre y 1 de noviembre de 2016. Casa da Música CDM026.

Continuamos, una semana más, presentando las novedades discográficas que desde Oporto nos van llegando, por medio de las encomiables ediciones de Casa da Música. Si el pasado 18 de junio nos adentramos en el sutil universo de prestidigitaciones tímbricas alquitaradas por la surcoreana Unsuk Chin, registradas en un muy recomendable compacto grabado en vivo en el año 2014 (CDM024), en esta ocasión es al greco-francés Georges Aperghis (Atenas, 1945) a quien nos acercamos, con motivo de su residencia en el auditorio portuense a lo largo del 2016: año en el que los tres conciertos que aquí escuchamos fueron grabados, igualmente en directo, en la Sala Suggia, un escenario sobre el que hemos visto en persona a Aperghis en diversas ocasiones, y donde ha estrenado partituras tan impactantes como Le soldat inconnu (2013), obra tras cuya primera audición, el 27 de abril de 2014 en el festival Música e Revolução (conmemorando los cien años de la Primera Guerra Mundial), afirmábamos que en ella «Aperghis desciende a las trincheras para empaparse del horror que en ellas se respira; y es desde esa desolación humana, desde el olor a sangre, miembros amputados y tierra mezclada con pólvora, desde donde hace emerger al protagonista de su partitura para barítono y ensemble».

También en esta ocasión nos encontramos ante sendas primicias (aunque menos trágicas), siendo así que el valor de este disco se acrecienta por el hecho de que las dos primeras partituras se presentan en su primera grabación mundial, algo que confiere mayor sentido a una iniciativa discográfica que, como en anteriores lanzamientos de Casa da Música, pretende eludir las partituras fonográficamente más trilladas (tan manidas en versiones insustanciales), para ampliar los horizontes de nuestras discotecas, especialmente en el repertorio contemporáneo y actual: ámbito en el que se ubica el continuo de conciertos cuyas grabaciones hoy reseñamos, compuestos como lo fueron a lo largo de la última década del siglo XX y de las dos primeras del XXI. Como fuere que el orden de partituras en el disco es cronológico, con la más antigua de ellas, por tanto, comenzamos, con Babil (1996), obra para clarinete y quince instrumentistas que ocupa el segundo puesto dentro del catálogo de conciertos de Aperghis, tras Parenthèses (1977), concierto para percusión y ensemble. Babil es la pieza más convencional y menos sorprendente del compacto, plenamente insertada en algunas de las señas de identidad estilísticas del Aperghis del pasado siglo, como la teatral confrontación de elementos musicales dentro de un sentido dramatúrgico, la profusión de una escritura microtonal con la que desestabilizar las armonías tradicionales, o la intrincada transmisión de modos de ataque (aquí, destacadamente, el glissando) y secuencias rítmicas entre los instrumentistas: algo que en Babil refuerza la estructura de concierto, por medio de préstamos entre solista y ensemble, además de por el carácter -como señala Daniel Moreira en sus notas- tan virtuosístico de esta página.

Sintetizando todo ello, Babil se tiende en un solo movimiento de catorce minutos de duración dispuesto de forma ininterrumpida, aunque en su desarrollo son reconocibles diversas secciones descritas por Moreira y articuladas por medio de una sutil ondulación que liga a solista con ensemble a través de la microtonalidad y de los corales que compactan al conjunto; especialmente, en la que podríamos decir tercera sección del concierto. Por otra parte, el recorrido dinámico de Babil es toda una búsqueda de una serenidad finalmente alcanzada en los últimos compases de la partitura (marcados por Aperghis como 'Adagio'), muy meditativos en la parte solista sobre una textura primordialmente estática del ensemble; un ensemble que provenía de un arranque, catorce minutos antes, profusamente violento, con gestos percusivos y un abigarramiento de reminiscencias (que volverán a escucharse en el tercer concierto del disco) xenakianas. Esos contrastes entre lo más violento y un extatismo contemplativo («resignado», apunta Moreira) son expuestos de forma muy matizada y musical por Baldur Brönnimann al frente del Remix Ensemble Casa da Música, un conjunto cuyo Aperghis siempre me ha parecido expresivo y ejemplar. Dentro del conjunto portuense, uno de sus músicos más destacados es el estupendo Victor Pereira, clarinetista que en este compacto toca como solista, con unos resultados soberbios, redondeando una primera grabación mundial plenamente recomendable.

El siguiente concierto en el catálogo de Aperghis lo sería Le Reste du Temps (2003), obra para violonchelo, címbalo y ensemble. Sin embargo, no es tal la página que nos presenta en segundo lugar este compacto, sino Bloody Luna (2004), concierto para violonchelo y catorce instrumentistas en cuya gestación el auditorio portuense tuvo una mayor participación, pues el compositor ateniense lo escribió como encargo de la propia Casa da Música, donde se estrenó el 2 de febrero del año 2007, con Diego Masson al frente del Remix Ensemble y de la dedicataria de la obra como solista, la californiana Sonia Wieder-Atherton (violonchelista que previamente había estrenado en Marsella Le Reste du Temps). Estamos ante una obra basada en varios escritos de Leonardo da Vinci recogidos en sus Cuadernos de notas, todos ellos centrados en la relación establecida entre la Tierra y la Luna; de ahí, la profusa exploración de unas texturas acústicas que van de un registro agudísimo sul ponticello, que representa lo metálico y el frío, con sus características fluctuaciones internas y lo que parecen desplazamientos de masas astrales que evocan a un eclipse, a la sonoridad grave y rojiza que explicita el título de la obra (además de hacernos recordar aquella luna teñida de sangre que escuchamos en Wozzeck (1914-22) acompañando a la escena del asesinato de Marie: esa misma luna sanguinolenta que el mundo contempla esta noche de eclipse en la que escribo estas líneas). Bloody Luna es mucho más unitaria y contenida en lo expresivo que la genial ópera bergiana, centrado como lo está el concierto de Aperghis en el refinamiento del sonido instrumental y en sus cualidades matéricas, así como en la transubstanciación acústica de la atracción que une a nuestro planeta con su satélite: dramaturgia más que apropiada para ser musicalizada a través de la relación entre un solista en órbita en torno a la mayor masa del ensemble con el que se vincula armónica y gravitacionalmente.

Una de las buenas costumbres de Casa da Música es que su labor de producción, fundamentalmente por medio de encargos a los grandes astros del firmamento musical, no es flor (como en tantos otros auditorios) de un solo concierto, sino que dichas partituras se incorporan al repertorio y se vuelve posteriormente sobre ellas para (como en el caso de tantas piezas canónicas en las temporadas orquestales) explorar y explotar sus muchas posibilidades, dándolas a conocer de un modo más completo. Éste fue el caso del regreso de Bloody Luna a la órbita de la Sala Suggia, el 1 de noviembre de 2016, ocasión en la que se procedió a la primera grabación mundial del concierto: ésta que ahora escuchamos a cargo de Anssi Karttunen, como solista, y del Remix Ensemble dirigido por su titular, Peter Rundel. Es la suya una lectura perfectamente afín al sentido de la obra, con un punto de frialdad y distanciamiento, pero con una perfección técnica encomiable, ajustada a las leyes físicas explicitadas por Aperghis para hacer gravitar a sus astros y texturas musicales con tal nitidez (y afinación: impresionante, la de Karttunen) como la aquí escuchada.

Por último, con su casi media hora de duración, el Concerto for accordion and orchestra (2015) es la partitura más extensa de este compacto, así como, en mi opinión, la más moderna y lograda de las tres. De nuevo, estamos ante un encargo de Casa da Música, aquí conjuntamente con el festival muniqués Musica Viva: colaboración entre ambas instituciones que ya ha deparado proteicos frutos en el pasado, y que más deparará en las próximas temporadas (de lo cual daremos cuenta en su momento). Tal y como nos recuerda Daniel Moreira, dos obras coetáneas en el catálogo de Aperghis tenían como (co)protagonista al acordeón: Tingel Tangel (1990) y Jojo (1990). Un cuarto de siglo después, Aperghis coloca a Teodoro Anzellotti frente a la Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música para proceder a un ejercicio de mimetismo que es característico de la música culta a lo largo de las últimas décadas: la creación de un metainstrumento. En este caso, tal lo sería la propia orquesta, una OSPCM convertida en un gran acordeón con todos sus fuelles, mecanismos y registros, puestos a respirar de forma conjunta con o contra el solista. Quizás es por ello que los suspendidos acordes, acusadamente cromáticos, de los primeros compases, nos puedan recordar a un compositor tan importante en la estética de Aperghis como Olivier Messiaen, prolijo autor para ese acordeón a gran escala que es el órgano, e impronta que reaparecerá en los compases más extáticos del concierto. Mientras, en lo más aguerrido y polirrítmico del mismo (destacadamente, en unos metales de gran dramatismo y virulencia), es imposible no pensar en otro greco-francés, como Iannis Xenakis: presencia que dota de enjundia y músculo a la partitura, así como realza los pasajes más rotundos...

...pero el Concierto para acordeón y orquesta es una pieza compleja en la que confluyen más influencias, como las anteriores, sustanciosas y enriquecedoras: tal es la del Ligeti micropolifónico, cuyas técnicas de ataque y densas estructuras cromáticas escuchamos, señaladamente, en los contrabajos, cimentando con su tono grave y microtonal un edificio más profusamente dado a iridiscencias y crepitaciones acústicas en los registros medios y agudos; entre ellos, los de un acordeón que ejerce de articulador y activador de las diferentes secciones orquestales desde su centralidad estructural, espoleando y desestabilizando cualquier atisbo de unificación: una búsqueda de la pluralidad, a través de la hibridación y del mestizaje estilístico, que se va depurando en los últimos compases de la obra, ya con el acordeón solo tras haberse despojado del marasmo orquestal: un acordeón progresivamente acallado hasta permanecer silente después de unos últimos agudos tremolados a modo de auténtico estertor.

Ni que decir tiene que para que toda esta construcción musical se presente así de completa y definida, la interpretación a través de la cual nos llega este concierto es de muy alto nivel. Lo es, como siempre, en Teodoro Anzellotti, uno de los mejores acordeonistas de las últimas décadas, que desgrana con un virtuosismo acongojante su parte solista, sin descanso, infatigable, ya en lo más concentrado de su exigente partitura, ya en un diálogo y desafío sonoro a la orquesta tan logrado que, como antes señalábamos, la OSPCM acaba convertida en un nuevo instrumento a caballo entre el acordeón y el órgano, con sonoridades en muchos compases fascinantes. Pocos directores, en la actualidad, más apropiados para conducir tal festín sonoro que un Peter Rundel de nuevo al frente a la OSPCM, demostrando, también en disco compacto, los habituales intercambios de batutas entre el Remix y la OSPCM, algo sólo posible cuando se tiene a dos maestros tan afines con el repertorio actual sobre el podio de ambas titularidades. Ello ha deparado el enorme crecimiento que en la interpretación de la música de nuestro tiempo ha experimentado la orquesta portuense desde que asumiese su titularidad Baldur Brönnimann: mejora de la que este Concierto para acordeón es una evidencia palmaria, con una contundencia y un paralelo refinamiento orquestal muy a destacar, en el que la OSPCM es capaz de ir desgranando esas influencias en el aparato estilístico de Georges Aperghis con la solvencia de quien ha interpretado y comprendido las alfaguaras estéticas que nutren tan bella página.

Como en anteriores compactos producidos por Casa da Música, las grabaciones vuelven a estar a cargo del Instituto Politécnico do Porto, siendo la calidad de sonido muy buena a todos los efectos. Por lo que a la edición se refiere, se presenta con notas en portugués e inglés a cargo del compositor Daniel Moreira. Fotografías y biografía de Georges Aperghis, además del listado completo de los músicos de las formaciones residentes en Casa da Música y de diversas fotos del soberbio auditorio diseñado por Rem Koolhaas, completan un disco que nos vuelve a demostrar cómo manejar una producción fonográfica en el siglo XXI, sin caer en tópicos y lugares comunes, abriendo de par en par esos nuevos horizontes musicales que desde Portugal, en nuestra reseña de hoy, nos conectan con Francia y con Grecia: con esa Europa que somos y queremos seguir siendo.

Este disco ha sido enviado para su recensión por la Casa da Música de Oporto.

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