España - Cataluña

El 'otro' Rinaldo

Jorge Binaghi

jueves, 9 de agosto de 2018
Peralada, lunes, 6 de agosto de 2018. Església del Carme. Rinaldo (estreno: Londres, 6 de abril de 1731). Libreto de G. Rossi, y música de Georg F. Haendel. Intépretes: Xavier Sabata (Rinaldo), Núria Rial (Almirena/Sirena), Juan Sancho (Goffredo), Mary-Ellen Nesi (Armida), Hillary Summers (Argante) y Josep-Ramon Olivé (Mago cristiano/Araldo). Dirección artística y concepción escénica: Xavier Sabata. Vespres d’Arnadí. Director: Dani Espasa.

Es el estreno en el Festival de la segunda versión puesta a punto por el autor veinte años después de la primera (que, francamente, me parece superior, y no sólo por el personaje de Eustazio, ausente en ésta, sino por los cambios de registros, en particular el de Argante), que no sólo es el estreno en Peralada sino que parece serlo en Cataluña y no sé (no he tenido tiempo de comprobarlo) si en España. Desde luego interesante por el hecho en sí mismo, pero lo dicho: me quedo con la primera.

La ‘concepción escénica’ de Sabata, artista en residencia este año (ofrecerá un espectáculo de cabaret el próximo día 12 de agosto) se limitó a marcar entradas y salidas y algunas actitudes de los solistas (las propias, como suele, fueron un tanto ‘vehementes’ y no me parecieron particularmente felices).

Hubo mucho que admirar en la labor de Rial, que ha evolucionado muy favorablemente desde las primeras veces en que la oí en Bruselas junto a Jaroussky. El timbre se ha hecho más carnoso, la emisión ha perdido la rigidez, y las ornamentaciones y agilidades son excelentes (por ser la más conocida de las arias de la ópera y de Haendel hay que citar sus variaciones y trinos en ‘Lascia ch’io pianga’, sin duda el mejor momento de la noche, pero sus otras intervenciones fueron igualmente acertadas)-

Lo mismo puede decirse de una especialista reconocida como Nesi, a la que sólo ahora veía por primera vez. Una auténtica voz de mezzo, con gran estilo y técnica (sólo al final el volumen pareció levemente disminuido) y una gesticulación muy apropiada para su vehemente Armida, aparte de dominio absoluto de las agilidades. No sólo sobresalió en las ‘arias de furor’, que parecen ser su especialidad, también destacó muchísimo en los recitativos, e hizo maravillas en el extenso del segundo acto.

Sancho está muy bien en este repertorio y aunque la voz no es particularmente bella y presenta algo más que reflejos de nasalidad tiene una respiración y un canto de coloratura ideales para Goffredo (al parecer cada uno iba vestido de un modo no sé si personal o sugerido por el dramaturgo, pero no he acabado de entender su atildada indumentaria con pajarita incluida). Y creo que gana en la versión de tenor.

Lástima que lo que se gana con él se pierde con el registro elegido para Argante, privado de su primer aria además. Lo que en el caso concreto fue una feliz idea ya que Summers sigue pareciéndome un caso típico de fama que me deja perplejo. Tal vez su intervención fue menos deficiente que en su terrible ‘Tisbe’ de La cenerentola rossiniana en Salzburgo, pero ahí están la falta total de timbre, los graves afónicos, unos agudos cortos y extraños (‘Di Sion nell’alta sede’, especialmente en el ataque, fue un ejemplo palpable de lo que ocurrió en toda la obra).

Lamenté que el rol del mago cristiano fuera corto, ya que fuera de su aria y algunos recitativos habría deseado que el ascendente Olivé se luciera más (ah, si él hubiera sido Argante…).

Y, claro, el protagonista. Como se sabe, Sabata tiene mucha notoriedad y un público fidelísimo particularmente aquí, en su tierra. Sin duda es musical, posee buena respiración, pero en eso para mí se acaba lo positivo. El timbre, cuando lo hay, no es precisamente bello, la extensión en ambos extremos no es fulminante, la proyección es escasa (o lo es el volumen, o ambos). Sobre su actuación ya me he expresado.

Nota muy positiva la dirección de Espasa: buenos tiempos, apropiado volumen, excelente batuta. El conjunto que contribuyó a crear en 2005 no puede competir sin duda con los mayores especialistas en el barroco pero se defiende bien aunque le faltan más matices, más empaste, y aunque la afinación no sea la de una orquesta ‘moderna’ hubo momentos ligeramente ‘extraños’. La iglesia estaba llena y la reacción del público fue buena.

De paso, digamos que de todas las manifestaciones (hablo sólo de la lírica ya que este Festival tiene múltiples aspectos) ésta, la semiescenificada Acis y Galatea (no sé si dos Haendel no son muchos ya que con él se acabó la representación del barroco), y la nueva producción de La flauta mágica (de la que me ocuparé en la próxima nota), junto con los recitales de Camarena (transmitido por TV2 y por lo que pude apreciar sensacional) y el de Bros y Evangelisti para celebrar los 25 años del debut del tenor en el Festival, han sido lo que yo entiendo por un Festival. El Requiem verdiano con el que se inauguró era casi obligado ya que se trataba de un homenaje a la recientemente desaparecida Carme Mateu, a quien se debe la existencia del Festival.

Pero el concierto de Kaufmann (al parecer pésimamente dirigido por un maestro alemán sólo conocido por estos acompañamientos en los conciertos del tenor,  y desparejo en sus partes- siempre al parecer, muy superior la alemana) y la representación en concierto de Thais de Massenet con Domingo (que aún no había cometido el error de dirigir en Bayreuth) y Ermonela Jaho en los roles centrales, muy bien recibida, que fueron las dos contribuciones del Teatro Real de Madrid con su coro y orquesta -mucho mejor dirigidas por Fournillier- acababan de verse en la capital del reino. Y no me parece que eso sea muy propio de la idea de un Festival, al menos la que algunos tenemos, y más si se tiene en cuenta que hace un año habíamos tenido en el Liceu la misma obra con el mismo protagonista y director y algunas de las secundarias y siempre en concierto.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.