Opinión

Acerca de las necedades y la ética de escribir sobre música

Enrique Sacau

jueves, 6 de septiembre de 2018
Burradas musicales © http://musicaenlosarenales.blogspot.com/

“La divulgación musical en España tiene pendientes tres revoluciones: ética, estética y técnica, y además en este orden descendente de importancia”. Eso me dijo hace veinte años un compositor español (al que no me atrevo a citar pues no recuerdo si fue la cosa off-the-record) y no entendí muy bien a qué se refería. ¿Cómo es posible, pensé yo con 20 años, que sea la ética más importante que la técnica investigadora y el saber presentar la información?

Con los años he cambiado de opinión y estoy de acuerdo con el veterano maestro. Unos días de viaje en coche por España escuchando Radio Clásica varias horas al día y la lectura de unas notas al programa de un concierto sinfónico me han recordado la gravedad del problema. 

Sin querer olvidar yo la suerte y la excepción que es tener un canal dedicado enteramente a la clásica, creo que hay que recordar a sus guionistas la dimensión ética de su misión divulgadora. 

Los presentadores de Radio Clásica, como los críticos, comentaristas y autores de notas al programa, no tienen que ser el mayor experto en la materia. No se exige que hayan hecho investigación primaria, ni que dominen técnicas historiográficas o de análisis musical, sino que se hayan molestado en ponerse al día. Deben ser divulgadores de información de calidad. Igual que no se puede salir en la tele para recomendar a los padres que no vacunen a sus hijos, o que no saldría a la luz un documental de naturaleza que no hablase del cambio climático, no se deberían contar historias de la música que se han probado inútiles o falsas. 

Se trata de una responsabilidad ética de un medio público y de un autor privado. Un ejemplo particularmente doloroso, por tratarse el autor de un querido amigo, es un programa de mano de finales de agosto que, a propósito de La consagración de la primavera, reza: 

La obra llegó al mundo en medio de un gran acto de propaganda: la turbamulta que se formó durante su estreno pasaría a representar el enfrentamiento entre artista y público, entre progresía y conservadurismo, entre lo visionario y lo social. No había tal intención en la cabeza de Stravinsky, que veía su trabajo como un paso más en la evolución de la tradición romántica rusa. Pero el paso fue tan grande que Stravinsky cruzó una línea sin retorno, abriendo nuevos horizontes a elementos como el ritmo.

Esto es, lamentablemente, una colección de sandeces que no se encuentra en ninguna biografía de Stravinsky publicada en los últimos 20 años, ni en historia de la música alguna. Se combinan lo inútil y lo falso. Si el autor se hubiera apenas molestado en leer Wikipedia, que es gratis, habría encontrado no solo la última versión de los hechos, que era su obligación ética comunicar de forma sucinta y sencilla (de ahí la tarea de divulgación), sino también varias referencias bibliográficas que le habrían permitido enterarse que la construcción de la recepción de la música de Stravinsky como un escándalo que marcó una época fue eso, un invento para promocionar al autor como rabiosamente moderno. Los análisis de la pieza, según explican los expertos analistas, tampoco hablan de “nuevos horizontes”. 

Me dirán algunos que exagero la importancia de estos textos y que las notas y la narración radiofónica no afectan la experiencia del concierto. Si bien no estoy de acuerdo, acepto por un momento la afirmación y me pregunto entonces para qué se publican y para qué se leen los guiones. Por qué se paga por el servicio (sin duda mi amigo cobró, por poco que fuera) cuando en Wikipedia se encuentra una respuesta mejor desde los tres puntos de vista: el ético, del estético y el técnico. El aspecto ético es claro: mientras uno ha cobrado por escribir lo primero que se le ha ocurrido, los autores de la famosa web se han dejado la piel con referencias y sin cobrar un duro. Es solo un ejemplo. 

Con Radio Clásica no sabría por dónde empezar: lamento no haber parado el coche para escribir los muchos rebuznos, pero el triste resumen es que no recuerdo un solo buen guión. La frase “obra escrita durante la transición entre el barroco y el clasicismo”, lamento informar, no significa nada y no hay por dónde cogerla. Que 36 años después de la publicación de Il Seicento de Lorenzo Bianconi (disponible en español desde 1986) Radio Clásica siga explicando las obras por estilos y, peor aún, se usen nombres de estilos para referirse a épocas (“durante el barroco”, dicen) es una tomadura de pelo.

Y ojo que ni siquiera pido que sepan de historia de la música. Si prefieren hablar de la interpretación, del color de los asientos o de cotilleos de conciertos, que lo hagan. Pero el tema que elijan tiene que tomarse un poco en serio porque de la educación somos responsables todos: no sólo los profesores ni los planes de estudio. Los empleados de la radio pública así como las orquestas y auditorios que encargan notas lo son también. Podemos equivocarnos, claro, pero para eso hay primero que intentar acertar. 

 

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