Argentina

Correcto Pelléas et Mélisande en Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

viernes, 7 de septiembre de 2018
Buenos Aires, viernes, 31 de agosto de 2018. Teatro Colón. Claude Debussy: Pelléas et Mélisande. Ópera en cinco actos, libreto basado en el drama homónimo de Maurice Maeterlinck. Gustavo Tambascio (1948-2018), dirección original del proyecto, Susana Gómez, dirección escénica. Nicolás Boni, escenografía. Jesús Rui, vestuario. José Luis Fiorruccio, iluminación. Giuseppe Filianotti (Pelléas), Verónica Cangemi (Mélisande), David Maze (Golaud), Lucas Debevec Mayer (Arkel), Adriana Mastrangelo (Geneviève), Marianella Nervi Fadol (Yniold), Alejo Laclau (Médico), Cristian De Marco (Pastor). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección musical: Enrique Arturo Diemecke
Tambascio: Pelléas y Melisande © Máximo Parpagnoli, 2018

Con el objetivo, o la excusa, de celebrar el centenario de Claude Debussy volvió al escenario del Teatro Colón, en nueva puesta en escena, su única ópera Pelléas et Mélisande a siete años de su última reposición. No obstante los ríos de tinta escritos a favor, la obra continúa sin estar entre las favoritas del público, la helada respuesta en el final de cada parte -sumado al notorio éxodo de gran parte de los espectadores de las localidades más caras- vuelve a demostrarlo a pesar de la valiosa versión orquestal, la excelencia de la parte visual, la corrección de la faz vocal y los cuidados pero no convincentes aspectos teatrales. 

El maestro Enrique Arturo Diemecke a cargo de la concertación logró una versión refinada de la obra sin perjuicio de algunos momentos menos afortunados o alguna falta de sincronización.

Quizás el punto más alto fue la faz visual por la creatividad de los distintos marcos escénicos ideados por Nicolás Boni con el aporte de la iluminación de José Luis Fiorruccio, aunque lo teatral no estuvo a la misma altura. La idea original del fallecido Gustavo Tambascio se enfocó en dos aspectos principales que fueron respetados por la que resultó la directora escénica: el paso del tiempo y el acento sobre la figura de Golaud. El vestuario de Jesús Rui fue funcional a la idea rectora de la puesta y los movimientos escénicos de Susana Gómez no parecieron un aporte fundamental aunque nada resultó fuera de lugar o transgresor. Quizás los intentos de Arkel de propasarse con Geneviève en la tercera escena del primer acto o con Mélisande en la primera escena del cuarto acto sean lo más claramente diferente en la concepción escénica. El paso del tiempo con la ambientación en distintos momentos históricos de las escenas no molestó pero, finalmente, no aportó demasiado. 

La ópera comienza con una figura enorme de la que se ve el torso, la cabeza y uno de los brazos, lo primero que se piensa es en el Tristán e Isolda ideado por Harry Kupfer que se vio el mes pasado con su ángel omnipresente. Afortunadamente no fue así ya que cada escena tuvo un marco diferente y la enorme estatua probablemente no sea más que una casualidad. La sala del castillo se ambienta a fines de siglo XIX y la segunda escena del tercer acto transcurre en una ciudad bombardeada en lo que aparenta ser la Segunda Guerra Mundial con el herido Golaud que es atendido en un hospital de campaña al aire libre. La escena de la torre, al comienzo del acto III, transcurre como si dos amantes se comunicasen desde las ventanas de dos modernos edificios vecinos mientras en el fondo del escenario una pareja encarna los deseos no concretados de los amantes. Aparecen el bosque o el mar y cada una de las trece escenas tiene una ambientación diferente. En el final una enorme mano sirve de cama para la muerte de Mélisande y con la caída de un velo se vuelve a ver la enorme figura del principio que con cambios había aparecido en varias escenas. 

Con todo lo mejor fue el diseño escenográfico de Nicolás Boni por momentos casi cinematográfico con elementos corpóreos, proyecciones y velos, bruma, agua, oscuridad y una paleta de colores con recurrencia a los grises, los negros o el gris azulado en total concordancia con la música.

En lo puramente vocal el elenco resultó eficaz. La obra necesita cantantes con línea de canto exquisita, francés inmaculado, gran resistencia vocal y conocimiento del estilo. No se dieron, lamentablemente, todas estas condiciones en los roles principales. Como ejemplo de dicción francesa sólo cabe decir que el nombre de Golaud fue pronunciado de manera diferente por cada uno de los protagonistas y que la mejor pronunciación estuvo a cargo de Geneviève y los personajes menores del médico y del pastor. 

Verónica Cangemi en su primer acercamiento a Mélisande mostró profesionalidad y buena preparación mientras que Giuseppe Filianotti compuso en Pelléas de esmerada corrección.

El Golaud de David Maze fue centro de la acción conforme la puesta y el artista se destacó tanto por su canto como por su involucramiento escénico.

Con muy buen volumen pero con emisión afectada y no natural el rey Arkel de Lucas Debevec Mayer. 

Muy en estilo Marianella Nervi Fadol como Yniold, un lujo Adriana Mastrángelo como Geneviève, Adecuado el médico de Alejo Laclau y con perfecta emisión Cristian De Marco en las pocas frases del pastor. Correcto el Coro Estable en sus breves intervenciones. 

En suma: buen homenaje a Debussy con un correcto Pelléas et Mélisande.

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