Discos

Celebrar la vida desde la trompeta

Daniel Martínez Babiloni

miércoles, 19 de septiembre de 2018
Fraternitatem Bucinae. Trompetes de Silla. Luís González Martí. Juan Antonio Soriano Antón. Juan Bautista Silla Palazón. Conrado Gastaldo Vidal. Antonio Hernández Benavent. Vicente Valero Castells. Música para trompeta de Andrés Valero-Castells. NBM, 2017. CD grabado en el estudio del Conservatorio Superior de Música “Joaquín Rodrigo” de Valencia entre marzo de 2016 y octubre de 2017. Gregorio Giménez: técnico de sonido. Duración: 69`58’’

Si atendemos a los big data de la música valenciana encontramos un escenario impactante. Las estadísticas señalan que la mitad de los músicos de España son valencianos. Según estudios recientes, estas sociedades musicales incluso han sido resilientes a la dura crisis económica sufrida y un porcentaje significativo del PIB autonómico depende de ellas. De ahí que, tan dados a los grandes eventos como somos, miles de instrumentistas se dieran cita hace unos meses en el estadio de fútbol de Mestalla para intentar alcanzar varios récords Guinness. El propio Andrés Valero-Castells (1973) fue uno de los protagonistas del evento. Pero, no obstante, lo que subyace y mantiene tamaña grandilocuencia no es la perspectiva macro, sino un complejo entramado de relaciones personales que van desde el voluntariado a lo profesional, pasando por lo amistoso y lo familiar. Es, en definitiva, una forma de vida entorno a la música nutrida por la sarta de emociones que tan estrechos y dilatados vínculos generan.

El disco que aquí comentamos es buena muestra de ello y así lo indica su título: Fraternitatem bucinae. Trompetes de Silla. Una hermandad que tiene en común un instrumento, la trompeta, y un amparo: la Agrupació Musical “La Lírica” de Silla, una ciudad situada 10 km al sur de València que linda con la Albufera. “La Lírica” cumplió 150 años en 2017 y como tantas otras sociedades musicales del País Valenciano es cuna de músicos profesionales que pueblan orquestas y conservatorios de todo el mundo. A ella pertenecen los seis intérpretes de las piezas que contiene, además del compositor y los colaboradores Maite Alberola, Premio Lírico del Teatro Campoamor a la mejor cantante revelación en 2009, y el pianista Salvador Mestre.

Como otros trabajos discográficos de Valero-Castells (hace tiempo reseñamos Piano Works en MUNDOCLASICO.COM), éste resulta interesante por las circunstancias mencionadas, por su condición de recopilatorio y por el alto nivel interpretativo de los participantes. Los títulos incluidos no están distribuidos cronológicamente, sin embargo, el autor los separa en tres períodos que corresponden a sus inicios como músico (hasta 1995), a un momento de formación como compositor (dos títulos de 1999) y a su madurez (primera década del siglo XXI). Algunas de ellas son versiones acumulativas de obras anteriores, es decir, ni niegan, ni sustituyen a la primigenia, sino que incrementan el catálogo, o, por el contrario, son páginas que dan lugar a revisiones posteriores.

Esa es una de las características de la obra del trompetista de formación y compositor valenciano: volver constantemente sobre sí mismo, no para reinstrumentar sin más, sino para repensar tímbricamente cada pentagrama y acomodarlo a los nuevos medios. De ahí que en Romance del Duero (2011), original de 1999 para soprano y piano, la expresividad de Alberola sea enriquecida con un cálido fliscorno a cargo de Hernández Benavent. Un instrumento muy de banda, con remembranzas paternas para el compositor. El texto de la canción es de Gerardo Diego y su escritura nos acerca al Falla de las Siete canciones populares españolas, de melodía sencilla hábilmente combinada con una serie de progresiones armónicas que podemos encontrar en la música pop-rock, otra de las fuentes de Valero-Castells.

En esta línea de auto-reciclaje encontramos Solerianeta, para trompeta y piano (2009), interpretada con toda prestancia por González Martí. La modelización en ella de los elementos melódicos, armónicos y rítmicos del Fandango del Padre Soler, tamizados por la mirada de Carlos Surinach en Soleriana (1972), para banda sinfónica, supone una doble alusión personal: autobiográfica e intelectual. Por una parte, la de Surinach es una obra a la que Valero-Castells ha recurrido en diferentes fases de su trayectoria como músico y director de bandas. Por otra, deja traslucir sus desvelos intelectuales: el rastreo de la partitura clavecinística en la música contemporánea conforma una tesina presentada en 2004.

En la grabación también aparece el Concierto nº 1 para trompeta y orquesta de cuerda (1994), después para banda, aquí reducido a dúo con piano por Francisco José Valero, hermano del compositor. Es la página de mayor envergadura del disco; de concepción formal clásica (Allegro- Lento- Molto Allegro) y por tanto de amplio desarrollo temático y armónico. En el primer movimiento destaca cierto aroma a rag time sincopado y la espacialidad que genera el timbre velado por la sordina en un atisbo de lejanía. El segundo es una balada de delicadas texturas armónicas politonales y el tercero una exhibición. Todo ello es recogido con atención por Soriano Antón, a la trompeta, y Adolfo García, al piano.

Estas piezas son acompañadas por otras pertenecientes a la mencionada primera etapa, que denotan un interés por mantener el equilibrio formal y la coherencia temática: el quinteto neobarroco La Catedral (1991), el trío Tres piezas breves (1993) e Impromptu para trompeta sola (1995), en la imponente lectura de Silla Palazón. Tres piezas e Impromptu contienen ya el uso de motivos repetitivos que marcará la producción posterior del compositor. Imaginativa y desenfadada, a la vez que precisa, es la interpretación que hacen Gastaldo Vidal y Luis M. Sobrevela, trompeta y marimba, respectivamente, de Gabadafà (divertido acrónimo de sol-si b-re-fa#) de 1999.

Por último, encontramos dos cuartetos alejados en el tiempo en los que el conjunto da buena muestra de su abigarrada tímbrica, luce empaste y creatividad: Aquelarre (1992) y Sus scrofa (2010). Ambos se debaten entre lo descriptivo y lo onomatopéyico. Sus scrofa es música ceremonial dedicada a la tradicional matanza del cerdo (Sus scrofa domestica) cubierta por una pátina de hedonismo.

La última pista del CD, Himnyes (2016), es una especie de bonus track con electrónica, entre psicodélico y tecno, compuesto por Francisco José Valero e interpretado por Vicente Valero, hermanos de Andrés. Está dedico al padre de todos ellos. Una buena manera de cerrar y celebrar el círculo vital del que hablábamos al principio y, sobre todo, una fiesta para las Trompetas y “La Lírica” de Silla.

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