Discos

Nace el sello all that dust

Paco Yáñez
jueves, 27 de septiembre de 2018
Morton Feldman: For John Cage. Matthew Shlomowitz: Popular Contexts 7: Public Domain Music; Popular Contexts 8: Five soundscapes for a contemporary percussionist; Avant Muzak. Séverine Ballon: cloches fendues 1; paroles; cloches fendues 2; tunnel; reflets; cloches fendues 3; inconnaissance; tercet. Aisha Orazbayeva, violín. Séverine Ballon, violonchelo. Mark Knoop, piano. Håkon Stene, percusión. asamisimasa. Newton Armstrong, Siegbert Ernst y Mark Knoop, ingenieros de sonido. Siegbert Ernst y Mark Knoop, productores. Tres CDs DDD de 74:12 (Morton Feldman), 60:59 (Matthew Shlomowitz) y 64:42 (Séverine Ballon) minutos de duración grabados en Bremen (Alemania), Londres (Gran Bretaña) y Oslo (Noruega), los días 28 de julio de 2015, 6 y 7 de abril de 2017, y 27 y 28 de enero de 2018. all that dust ATD 1, ATD 2 y ATD 3
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Hoy, jueves 27 de septiembre, tiene lugar en Londres la presentación en sociedad de un nuevo sello discográfico, all that dust, cuyos tres primeros compactos en tan señalado día reseñamos, ocasión que aprovechamos para dar nuestra más calurosa bienvenida a una iniciativa siempre tan arriesgada como la de poner en pie una fonográfica dedicada a la música contemporánea; máxime, cuando su repertorio pretende abarcar desde los clásicos de la segunda mitad del siglo XX a los nuevos talentos del siglo XXI, incorporando propuestas que van más allá de lo que diríamos música culta, para abrir el catálogo de all that dust a la pluralidad estilística que preside el arte sonoro de nuestros días: tal es el caso de los compactos que hoy presentamos, así como de los dos archivos de descarga en línea, otra de las apuestas fundacionales de all that dust, sello impulsado por el compositor e intérprete de música electrónica Newton Armstrong, por la soprano Juliet Fraser y por el pianista y director Mark Knoop.

Morton Feldman (ATD 1)

Lanzar una discográfica con un primer compacto dedicado a Morton Feldman (Nueva York, 1926 - Búfalo, 1987) es toda una declaración de intenciones que esperamos tenga continuidad con más ediciones tanto del genio norteamericano como de otras de las personalidades artísticas más relevantes de nuestra contemporaneidad. No es que ande escaso el catálogo de Feldman de excelentes grabaciones discográficas, pero cuando una versión aporta nuevos sesgos y matices interpretativos, ésta siempre es bienvenida. Así sucede con el registro de For John Cage (1982) que hoy presentamos, a cargo de Aisha Orazbayeva, violín, y de Mark Knoop, piano, dúo que nos ofrece una interpretación netamente feldmaniana por su tan suspendido y matizado ataque, en línea con la suavidad y el delicado refinamiento dinámico que el neoyorquino pedía a los intérpretes de sus partituras postreras, de las que For John Cage es una de sus principales puertas de acceso, por lo que la podemos vincular directamente con otro de sus dúos, el prácticamente coetáneo Patterns in a Chromatic Field (1981), partitura de la que parece una extensión de sus patrones, con una tímbrica y unas texturas enrarecidas que pueden llegar a confundirnos en lo referido a qué tesitura de cuerda estamos realmente escuchando. Los requerimientos son, así pues, muy altos en cuanto a afinación, delicadeza y gestión de una microtonalidad que fragua en el violín pasajes prácticamente evanescentes de una belleza arrebatadora, además de mistéricos y extraños, vibrantes cual los contornos de las nubes pictóricas de Mark Rothko.

En esa línea de pictórico esfumado acústico avanza el violín de Aisha Orazbayeva, con una lectura de gran desarrollo y proliferación de matices gracias a un ataque especialmente aflautado que parece multiplicarse a través de los armónicos. Mark Knoop, músico de aquilatada trayectoria contemporánea en sellos como Hat Hut, æon, NMC, Wergo, o Kairos, es quien hace gravitar este nuevo registro sobre su piano, cuyo matizadísimo ataque considero base del ambiente creado: tan expandido y levitante. Ayuda, asimismo, una grabación que individualiza sobremanera a cada instrumentista, de forma que estos no se solapan y prácticamente se ubican de forma diferenciada en cada uno de nuestros altavoces, alcanzando una definición tímbrica muy perfilada. Aunque la discografía de For John Cage cuenta con sobresalientes lecturas -algunas de las cuales ya han pasado por las páginas de nuestro diario-, como las de Andreas Seidel y Steffen Schleiermacher (MDG 613 1524-2), Marc Sabat y Stephen Clarke (mode records 82/83), o Josje Ter Haar y John Snijders (Hat Hut 160), quizás ninguna había amortiguado de este modo el ataque, esfumados sus contornos de una forma tan delicada, por lo que, frente a las versiones citadas, de más musculosa articulación, ésta de Orazbayeva y Knoop resulta muy interesante, además de enormemente bella, al ofrecernos nuevos matices y planteamientos técnicos fruto de un conocimiento estilístico en profundidad de ese abismo musical que es último Feldman. Comparando la duración de esta nueva lectura con las tres antes citadas, habría que situarla en un tempo intermedio, con sus 74:12 minutos, muy cercana a la de Seidel y Schleiermacher (MDG), de 76:21 minutos de duración; mientras que los extremos vienen dados, en cuanto a morosidad, por Sabat y Clarke (mode records), con 81:56 minutos, llevándose la palma por celeridad Ter Haar y Snijders (Hat Hut), con tan sólo 69:13 minutos. Al reseñar, en marzo de 2017, la reedición de este último compacto, expresé mis preferencias, en lo que a For John Cage se refiere, por las versiones publicadas por MDG y Hat Hut; pues bien, a ambas tendría que sumar ahora este nuevo registro de all that dust, muy especialmente por su tan distinto enfoque y concepción del ataque, así como porque estamos ante una de las lecturas más ricas en su desarrollo, haciendo de un recorrido de patrones en ocasiones de muy limitada variación, todo un fértil campo de belleza musical. 

Matthew Shlomowitz (all that dust 2) 

El segundo compacto en el catálogo de all that dust está dedicado al compositor australiano Matthew Shlomowitz (Adelaida, 1975), que de la mano del ensemble noruego asamisimasa y del percusionista Håkon Stene se adentra en las músicas y en los sonidos ambientales que nos acompañan cada día en los espacios públicos. La idea de Shlomowitz es prestigiar dichos sonidos, incluyendo grabaciones de los mismos junto a la interpretación acústica en vivo. Tal es el caso de Popular Contexts 7: Public Domain Music (2014), una obra de 24 minutos de duración a la que se asoman toda clase de músicas y ambientes sonoros que habitualmente nos pasan desapercibidos; muchos de ellos, por su terrible banalidad o paupérrima calidad estética (si tal intención pasó por la mente de sus creadores, pues estamos, en la mayor parte de los casos, ante músicas puramente funcionales compuestas para llamar nuestra atención, u obnubilarla, por su naturaleza kitsch). Así, Shlomowitz toma músicas de centros internacionales de transporte para integrarlas en el reggae, sonidos de un parque a modo de jazz, una cantina convertida en funk, o el hilo musical de los centros comerciales directamente montado y convertido en objeto artístico en sí mismo, más que en la música ambiental que en sí supone lo que en los Estados Unidos se conoce (y ha patentado) como Muzak.

Dados los planteamientos sociales y estéticos que maneja Shlomowitz, de inmediato viene a nuestra mente la música del compositor, artista multimedia, youtuber y enfant terrible Johannes Kreidler: cabeza visible de ese movimiento tan pujante (como, en mi opinión, artísticamente paupérrimo) que es el Nuevo conceptualismo. Si al reseñar el monográfico de Kreidler en el sello Wergo (WER 6413 2) hablé en su día de resultados musicales extremadamente deficientes, lo mismo podría afirmar ahora de este disco de Matthew Shlomowitz que, a medida que avanza, va sumiendo a uno en la desazón y el hastío: tal es lo que sobreviene al escuchar los 22 minutos que dura Popular Contexts 8: Five soundscapes for a contemporary percussionist (2015), obra que, de nuevo, introduce sonoridades de lo más banal en diálogo con la percusión (de por sí, también simplona) de Håkon Stene. Y es que, precisamente, la debilidad del discurso instrumental es una de las mayores pobrezas de este compacto (y del Nuevo conceptualismo, en general). A las páginas de Mundoclasico.com se han asomado, a lo largo de los últimos años, numerosos compositores que a partir de las sonoridades cotidianas que nos rodean han alquitarado una música instrumental de enorme potencia, pensemos en Raphaël Cendo, en Ramón Souto, en Stefan Prins, en Esaias Järnegard, o en tantos otros (incluidas las compositoras que visitaron nuestras páginas hace tan sólo tres días, con motivo del concierto de Neopercusión en el Festival Vertixe Sonora). Nada tienen que ver, tales excelencias artístico-musicales, con estos Five soundscapes for a contemporary percussionist de tan superficiales planteamientos estéticos, en los que incluso se masacran algunas de las partituras más bellas de la historia, como un Prélude à l’après-midi d’un faune (1891-94) destrozado entre su interpretación a cargo de un organillo de baja estofa y los machacones ritmos de un percusionista que a lo que nos impele es a retirar el compacto del reproductor y a emplazar en su lugar el original debussyano (a poder ser, bajo la dirección de Sergiu Celibidache: una auténtica maravilla, al lado de esta patraña).

Así pues, ni Shlomowitz se sitúa al nivel de los compositores actuales antes citados, en lo instrumental, ni es capaz, tomando los sonidos del mundo que nos rodean, de llegar a las suelas de los zapatos de los grandes creadores cuando estos salen a las calles para traerse de vuelta esa misma realidad sonora y componer joyas como el Roaratorio: An Irish Circus on Finnegans Wake (1979) de John Cage, una obra que comparte sonoridades con las de Matthew Shlomowitz, como esos llantos de bebé presentes tanto Roaratorio en como en Popular Contexts 7. Ahora bien, tan sólo unos segundos del Roaratorio contienen más música y aliento poético que el popurrí hiperactivo de Royalty Free al completo: última pieza de Five soundscapes for a contemporary percussionist y epítome por antonomasia del pastiche kreidleriano al apelmazar de forma caótica sonoridades tan cutres, intentando -afirma Shlomowitz- ennoblecerlas...

...es algo en lo que insiste la última de las obras recogidas en este compacto (aunque primera en ser compuesta), Avant Muzak (2010): una propuesta que ya anticipaba por dónde irían los tiros de los Popular Contexts shlomowitzianos. En ella, el compositor australiano tira de archivos musicales ambientales de tal pobreza estética, que constituyen todo un homenaje a lo hortera. A lo digital se le suma un ensemble asamisimasa que prácticamente remeda dichas músicas pregrabadas, con lo que el conjunto resulta tan prescindible como lamentable. Por mucho que Laura Tunbridge, en sus esforzadas notas al compacto, se empeñe en hablar de desmitificación, de progresión motívica, o de simplificación, el compacto de Matthew Shlomowitz no alcanza ni el más mínimo interés musical, siendo sus propuestas, como las de Johannes Kreidler, de una vacuidad que en poco tiempo (si uno no se equivoca de cabo a rabo: tradición en el error predictivo que cuenta con tan ilustre nómina de críticos a lo largo de la historia) será pura anécdota y olvido. En todo caso, y dado que all that dust ha sumado a sus primeros lanzamientos éste que es debate estético central (manda bemoles) en la música centroeuropea, de ello hemos tenido que dejar constancia, aunque escuchar este disco no haya resultado, precisamente, un placer.

Séverine Ballon (all that dust 3)

Afortunadamente, con la música de calidad nos reconcilia el tercer y último compacto de esta primera hornada de all that dust, un disco protagonizado por Séverine Ballon (Angers, 1980), violonchelista y compositora francesa que el 12 de noviembre de 2016 ofreció, en el marco del IV Festival Internacional de Creación Musical Contemporánea Vertixe Sonora, un recital que en su momento califiqué -y me reafirmo- como uno de los mejores conciertos de cuantos hemos disfrutado en Galicia en los últimos años. En aquella cita pudimos escuchar una página de la propia Ballon, inconnaissance (2016), partitura para violonchelo que decía entonces nos concentraba en un suspiro sonoro de la mayor poesía, a través de una belleza en proceso de desmaterialización. Estamos ante una pieza que se articula por medio de armónicos atacados con los dedos a ambos lados del arco, en un planteamiento netamente microtonal al tiempo que polifónico, pues son muchas las capas que resuenan simultáneamente por la pulsión coordinada de la cuerda a ambos lados de unas cerdas que se deslizan sobre la misma con extrema delicadeza en unos rangos muy limitados: prisma en el que se deshilvanan la luz y sus colores, sometidos al tamiz del recuerdo, pues sostiene Ballon que la pieza fue compuesta dos días después de visitar una exposición de pintura, como modo de fijar en la memoria sus ecos visuales, cual recorrido imaginario por las galerías de lo evocado. El hecho de rozar el arco en el entorno del diapasón, así como la proliferación de armónicos y la sutilidad de las dinámicas, crea una sensación de levedad que se realza por el hecho de que el material sonoro pareciera el de una melodía progresivamente evaporada.

Las restantes siete partituras incluidas en este compacto, todas ellas escritas por la violonchelista, compositora e investigadora francesa, nos abisman, igualmente, a la interioridad de un sonido que conoce en el instrumento de Séverine Ballon matices insospechados. Texturas, ruidos y alturas referenciadas a los sistemas armónicos tradicionales se funden en páginas que, asimismo, abren en canal sus pentagramas para dejar paso a la improvisación, inyectando así fuerza y atavismo a una escritura que, aunque por momentos parezca una masa informe y rugosa, se organiza internamente por medio de estructuras históricamente referenciadas que a Ballon llegan de primera mano tras los muchos avatares y retorcimientos a los que éstas fueron sometidas en la transición del siglo XX al XXI: ámbito temporal de referencia para la francesa como intérprete. En algunas de estas piezas (compuestas entre los años 2016 y 2018), dichos fondos rugosos sirven de paisaje en la distancia para una figura principal en primer plano, como esas campanas en las que Ballon convierte al violonchelo, por medio de una cuerda al aire que es trasunto de un badajo: así lo escuchamos en las tres cloches fendues aquí reunidas. En otras páginas, el violonchelo alcanza una gravedad realmente impactante, como en tunnel, una partitura en la que pensaremos estar escuchando un contrabajo por la cavernosa oscuridad de las texturas sintetizadas, dando forma musical a ese túnel al que su título nos remite. Mientras, obras como tercet resultan más omnicomprensivas de lo que el violonchelo es en su totalidad, convirtiéndose en un estudio del instrumento desde las técnicas contemporáneas de una perfección endiablada, algo que podríamos decir, igualmente, de las interpretaciones realizadas por Séverine Ballon de sus propias obras; unas lecturas que, si no supiésemos de que instrumento se trata, difícilmente afirmaríamos estar ante un violonchelo: tal es la reinvención del mismo efectuada por Ballon en este compacto.

Por lo que a las grabaciones se refiere, todas ellas son magníficas a todos los niveles, sin nada que objetar. El formato escogido por all that dust para sus discos es similar al de sellos como Kairos, si bien sin libretos, incorporando las notas en el interior del cartón, al estilo Hat Hut. Así pues, textos escuetos, en esta primera hornada a cargo de la profesora de la Universidad de Oxford Laura Tunbridge, que lleva a cabo una introducción general a cada uno de los discos, sin mayor profundización en las respectivas partituras.

Además de estos tres compactos que hoy presentamos, all that dust nos ofrece en su página web la posibilidad de descargar contenidos digitales de gran interés (desde luego, muy superior al del compacto de Matthew Shlomowitz, por lo que es una pena que no hayan lanzado discos físicos con tales grabaciones). El primero de estos archivos para descarga (all that dust ATD 4) es la serialista Philomel (1964), partitura para soprano y sintetizador que se ha convertido en una de las piezas más representativas del compositor norteamericano Milton Babbitt (Filadelfia, 1916 - Princeton, 2011). A pesar de su importancia, Philomel es una obra raramente grabada, por lo que nos tenemos que remitir al registro de la soprano Bethany Beardslee publicado por New World Records (80466-2). Lo ofrecido en este archivo de all that dust por la soprano Juliet Fraser, una de las fundadoras del sello, nada tiene que envidiar, destacando su calidad técnica, coordinación con la electrónica (y gran definición de la misma), así como un estilo con dejes muy teatrales y una reverberación electrónica de su canto que resulta tan dialéctica con la voz en vivo como sugerente.

Estrictamente coetánea de Philomel es La fabbrica illuminata (1964), partitura también para voz y electrónica de Luigi Nono (Venecia, 1924-1990) de la cual disponíamos de una grabación histórica en el sello Wergo (WER 6038-2) con la soprano Carla Henius como solista. Este nuevo registro (all that dust ATD 5) tiene a la mezzo británica Loré Lixenberg como voz principal, si bien magníficamente rodeada desde la electrónica por las voces pregrabadas en la banda magnética, en esta edición de all that dust con un plus de espacialización que se agradece, siendo su calidad técnica muy a destacar. En buena medida, ello se refuerza si escuchamos con auriculares tanto este registro como Philomel, pues ambas mezclas fueron concebidas para escucha con cascos. En el caso de los archivos de descarga, los textos para las obras se encuentran disponibles en la web de all that dust (accesible desde esta misma reseña), sumándose a los escritos de Laura Tunbridge textos de Juliet Fraser y Loré Lixenberg sobre su relación con cada una de las partituras por ellas aquí grabadas.

Todo ello conforma, como acabamos de ver, una muy interesante, completa y valiente apuesta por la música contemporánea y actual que esperamos tenga la continuidad que merece, ampliando el catálogo de all that dust en el futuro con algunos de los compositores e intérpretes más trascendentes de nuestro tiempo, pues el resto, habría que decir aquí, es ya no sólo silencio, sino polvo.

Estos discos han sido enviados para su recensión por all that dust 

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