Reportajes

Piazzolla, Bach y Vivaldi mano a mano con el bandoneón

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 3 de octubre de 2018
Heinrich Band © Heinrich Band Museum Burg Linn Krefeld/Horst Klein

Primero fue el verbo. El alcalde de Krefeld, el socialdemócrata (SPD) Frank Meyer, inauguró oficialmente y con gran éxito de público este domingo 16 de septiembre de 2018 el 13º Festival de Bandoneón (va hasta el 12 de octubre) que organiza cada dos años esta ciudad de la Baja Renania. Fue el violonchelista, profesor de música y comerciante de instrumentos musicales Heinrich Band (1820-1861), nacido en el seno de una familia (con 16 hijos) de trabajadores (tejedores de seda) de Krefeld, quien tuvo la genial idea (entre 1844 y 1850) de transformar la concertina (inventada en la lejana Chemnitz, en Sajonia, por Carl Friedrich Uhlig), ampliando su espectro de tonalidades (con 88 botones en lugar de los 40 o 56 originales; lo que más tarde se denominaría Rheinische Tonlage, Registro Renano).

De aquella iluminación nacería hace casi 170 años el bandoneón o fuelle (fueye, como dicen en el Río de la Plata) que adquiriría ciudadanía internacional medio siglo después cuando desembarcaba en el puerto de Buenos Aires de la mano de algún marinero, viajero o emigrante de la época. Ni por asomo habría podido imaginar Band que su invención adquiriría un alcance de tal magnitud, convirtiéndose en el alma y el símbolo de un género musical que aún no había sido gestado en su época, sobreviviendo hasta la actualidad: el tango, cultivado por porteños y montevideanos desde finales del siglo XIX, así como por numerosos otros devotos en muchas partes del mundo desde comienzos del XX. 

Por su sonoridad y timbre inigualados, la gran mayoría de los bandoneonistas de nuestros días sigue todavía utilizando los modelos de las décadas de 1920 y 1930 del mítico lutier Alfred Arnold (sello AA), con 71 botones (38 para el registro agudo y 33 para el grave; en total 142 tonalidades), fabricados en Carlsfeld (Eibenstock), localidad (no lejos de Chemnitz) próxima a la frontera con la República Checa, en los valles cordilleranos de los montes Metálicos, en el estado federado alemán de Sajonia.

Hasta 1945 fueron exportados a Argentina y Uruguay más de 30.000 ejemplares de estos instrumentos que hicieron el milagro de transformar radicalmente al tango. Hacia finales del XIX éste genero era tocado con guitarra y flauta. A comienzos del XX experimentaría con el bandoneón un cambio total en su fisonomía, asumiría un carácter más temperamental, adusto, severo, cadencioso y apagado, abandonando su anterior talante retozón y bullanguero. Simplemente con este cambio fundamental de timbre sonoro, el tango pasaría a manifestarse de la forma quejumbrosa y sentimental con la que lo que conocemos hoy y que tan hondamente llega al alma del oyente o despierta la sensualidad del bailarín en el XXI.

Krefeld, urbe a orillas de la margen izquierda del Rin donde se fabrica aún hoy el 100% de las corbatas de seda que se producen en Alemania, rinde homenaje desde 1985 cada dos años a su dilecto e ingenioso hijo con esta Bienal del Bandoneón, asi como con exposiciones alusivas regulares.Lamentablemente, la municipalidad local no ha construido todavía un museo propio para este instrumento (lo planea para los próximos años), pero posee una interesante colección de bandoneones antiguos, entre ellos los de primera generación, que se exhibe provisionalmente en un castillo (Burg Linn), próximo a la ciudad. Un libro sobre la singular historia de Band, el bandoneón y su ciudad natal, Krefeld, escrito por la musicóloga Janine Krüger, será publicado a finales de este año por la editorial Klartext-Verlag, de Essen, y habremos de reseñarlo oportunamente.

Con entradas agotadas desde hacía semanas para todos los conciertos (hasta el 12 de octubre), la apertura de esta 13a. edición del Festival de Bandeneón de Krefeld no podía haber sido más auspiciosa, con la presentación (a sala colmada ) del Fabián Carbone Cuarteto (Julia Jeck, violín; Juliane Birkenholz, piano; Boris Franz, contrabajo; Fabián Carbone, bandoneón y dirección). El programa fue un sentido homenaje a Astor Piazzolla (1921–1992), en un recinto reservado para música de cámara (en el remozado edificio de una antigua fábrica de papeles pintados para paredes), con algunas de sus más celebradas composiciones (Adiós Nonino, Otoño porteño, Primavera porteña, Verano porteño, Milonga del Ángel) y otras menos tocadas, pero también entrañables (Zum, Vuelvo al sur). Sin duda, Piazzolla es el compositor y bandoneonista más popular, evocado y admirado en Europa desde la década de 1970. 

El argentino Carbone1 (por su brío, uno tiene la percepción de que auna en su persona a toda una línea de siete u ocho bandoneones) y su conjunto conformaron un marco de gran musicalidad, nervio y entrega al arranque del evento interpretando clásicos de la época previa y coetánea a la era piazzolliana: La última curda, de Aníbal Troilo (Pichuco) y Cátulo Castillo; Melancólico y Danzarín, ambos de Julián Plaza; Quejas de bandoneón, de Juan de Dios Filiberto; Corralera, de Anselmo Aieta; A Evaristo Carriego, de Eduardo Rovira; Mi bandoneón y yo, de Rubén Juarez y Julio Martín. Las ovaciones fueron tan estruendosas que el grupo completó esta velada de Piazzolla, entregando con mucho sentimiento Libertango y Oblivión a la fascinada platea.

El festival continuó el siguiente miércoles 19 de septiembre2 en un estilo más abstracto, intelectualizado y virtuosista del dúo del bandoneonista William Sabatier (Francia) y el guitarrista Friedemann Wuttke (Alemania), dedicado asimismo a Astor (Milonga, Adiós Nonino, Verano..., Primavera..., Five Tango Sensations), aunque también a algunos de los compositores que él admirara, entre otros, Johann Sebastian Bach (Air), Antonio Vivaldi (Largo) y Heitor Villa-Lobos (Étude No. 11), así como a una composición fundamental (y casi diría que ontológica) de la música típica rioplatense : Uno (título original: Si yo tuviera un corazón), de Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo, compuesto en 1943 (Uno busca lleno de esperanzas/ el camino que los sueños/ prometieron a sus ansias.// Sabe que la lucha es cruel y es mucha,/ pero lucha y se desangra/ por la fe que lo empecina.// (...).

La segunda parte estuvo consagrada por entero a la suite Five Tango Sensations (1989), para bandoneón y cuerdas (arreglada para guitarra), fruto de una colaboración de Piazzolla con el Cuarteto Kronos en Nueva York, de la que resultó ser su última grabación en estudio, algo así como una despedida musical de la vida (las cinco partes de la obra expresan de forma impresionante esas sensaciones, esos presagios: Asleep, Loving, Anxiety, Despertar y Fear), Tras un infarto cardíaco en 1973 y una operación de cuádruple bypass en 1988, Astor sufriría una lesión cerebral en París en 1990, a consecuencias de una trombosis, de la que no pudo recuperarse y fallecería el 4 de julio de 1992 en Buenos Aires. 

Todo parece muy espontáneo, improvisado y libre en esta presentación, pero no es así. Hasta las interjecciones propias (¡eeeehhhh!!!) por el esfuerzo de tocar sentado un instrumento nada facil y devorador de tanta energía como el bandoneón están pautadas en los arreglos. Sin embargo, para que algo llegue al corazón, como ocurrió esta tarde, necesariamente tiene que salir del corazón y los espectadores, embelesados por la consagración mostrada (hasta con sublime gestualidad facial) por Sabatier y Wuttke en sus interpretaciones, así lo percibían. La audiencia reclamaba bises y éstos vinieron con Chiquilín de Bachín (Piazzolla/Horacio Ferrer) y La última curda (A, Troilo/C.Castillo) tocados con gran sensibilidad. 

Todavía no he visto en este evento de Krefeld a ningún bandoneonista que toque de pie como Astor, con una pierna apoyada sobre una silla para sostener el fueye. Piazzolla odiaba tocar sentado, decía sentirse como un viejo carcamal con un acordeón en las manos, y propugnaba, en cambio, mantener una postura erguida, enhiesta y recia para insuflar más vigor físico y espiritual a su inconfundible estilo musical (con una fuerte y clara marcación del compás). 

El miércoles 26 de septiembre3 subieron al escenario (Studiobühne II) del mismo Kulturzentrum Fabrik Heeder, de Krefeld, el peruano Claudio Constantini (bandoneón) y el argentino Hernán Hock (guitarra eléctrica) con un programa ecléctico y, éste sí, pleno de improvisaciones. El repertorio iba desde el tango clásico: Niebla del riachuelo (1937), de Juan Carlos Cobián; Malena, de Homero Manzi y Lucio Demare (1941), uno de los más bellos de todos los tiempos: Malena canta el tango/ como ninguna/ y en cada verso pone su corazón;/ a yuyo del suburbio/ su voz perfuma,/ Malena tiene pena/ de bandoneón. (...); Pedacito de cielo (1942), de Enrique Mario Francini/Héctor Stamponi/Homero Expósito; y Danzarín (1956), de Julián Plaza). 

Más adelante vino un apartado dedicado al nuevo tango (Oblivión, así como Jeanne y Paul, de Piazzolla, una composición pensada para el filme El último tango en París (1972), sexto y escandaloso opus de Bernardo Bertolucci, que finalmente no fue aceptada por el cineasta italiano, quien se decantaría por la versión de Leandro Gato Barbieri, para desencanto, frustración e ira de Astor). Toda esta mixtura fue alternada con jazz y música de Broadway (In a sentimental mood, de Duke Ellington; Little Waltz, de Ron Carter; Softly as in a morning sunrise, del musical The New Moon, de Sigmund Romberg y Oscar Hammerstein). 

Finalmente el recital fue cerrado con Milonga del Retiro, una composición del propio Claudio Constantini dedicada al parque del Retiro, de Madrid (capital en la que reside actualmente este músico nacido en Lima), con elementos que evocan el candombe y la milonga (afrorioplatenses), el tango del 900, el del '40 y el apiazzolado. Ambos músicos mostraban gran compenetración, musicalidad y lirismo en su labor. Los asistentes que llenaban la sala hasta la bandera aplaudian a rabiar, no paraban de ovacionar al dúo, pataleaban estruendosamente sobre el piso como niños caprichosos, hasta que Constantini y Hock lograron calmar a medias la euforia con Volver, de Carlos Gardel/Alfredo Le Pera, y con Danzarín, de Julián Plaza. Las tres primeras veladas que presenciamos del Festival de Bandoneón de Krefeld fueron únicas y memorables. Más de la serie en octubre.

Notas

Krefeld, domingo 16 de septiembre de 2018. Kulturzentrum Fabrik Heeder/Studiobühne I. 13. Bandoneon Festival Krefeld. Fabián Carbone Cuarteto. Anibal Troilo/Cátulo Castillo, La última curda. Astor Piazzolla, Otoño Porteño, Primavera porteña, Verano porteño, Vuelvo al sur (Fernando Pino Solanas), Adiós Nonino, Los sueños, Milonga del Ángel. Julián Plaza, Melancólico, Danzarín. Osvaldo Pugliese, Zum. Juan de Dios Filiberto, Quejas de bandoneón. Anselmo Aieta, Corralera. Eduardo Rovira, A Evaristo Carriego. Rubén Juarez/Julio Martín, Mi bandoneón y yo. Fabián Carbone Cuarteto: Julia Jech (violín), Juliane Birkenholz (piano), Boris Franz (contrabajo), Fabián Carbone (bandoneón y dirección). Inauguración del 13º Festival de Bandoneón por el alcalde de Krefeld, Frank Meyer. 100% del aforo.

Krefeld, miércoles 19 de septiembre de 2018. Kulturzentrum Fabrik Heede/Studiobühne I. 13. Bandoneon Festival Krefeld (https://www.krefeld.de/de/inhalt/bandoneon-festival-2018-mit-sieben-konzerten/). William Sabatier (Francia), Bandoneón. Friedmann Wuttke (Alemania), Guitarra. Astor Piazzolla, Introducción, Milonga, Adiós Nonino, Verano porteño, Primavera porteña, Five Tango Sensations. Heitor Villa-Lobos, Étude número 11. Mariano Mores, Uno. Johann Sebastian Bach, Air. Antonio Vivaldi, Largo. 100% del aforo.

Krefeld, miércoles 26 de septiembre de 2018. Kulturzentrum Fabrik Heede/Studiobühne II. 13. Bandoneon Festival Krefeld. Claudio Constantini (bandoneón) & Hernán Hock (guitarra eléctrica). Juan Carlos Cobián/Enrique Cadícamo, Niebla del riachuelo. Ron Carter, Little Waltz. Sigmund Romberg – Oscar Hammerstein, Softly as in morning sunrise (de la opereta The New Moon). Lucio Demare/Homero Manzi, Malena. Enrique Mario Francini/Héctor Stamponi, Pedacito de cielo. Bill Evans, Interplay. Astor Piazzolla, Oblivión, Jean y Paul. Duke Ellington, In a sentimental mood. Julián Plaza, Danzarín. Claudio Constantini, Milonga del Retiro. 100% del aforo.

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