Bajo la alfombra de Enrique Granados

47] Vale más una buena cupletista que todos los virtuosos del piano

Maruxa Baliñas

viernes, 2 de noviembre de 2018
Raymond Poincaré en Madrid © La corriente del Golfo

La fama de Granados en 1913 como compositor y pianista no admite discusión. Pero no está de más recordar uno de los conciertos que dió en ese año, el 8 de octubre de 1913, por la importancia de la ocasión y del público, y por la repercusión de este concierto en la fama y los honores que se le concedieron a Granados en Francia al año siguiente, incluyendo la Legión de Honor y varios conciertos y banquetes que le permiten dar a conocer su obra en París. La ocasión era de gala, el Primer ministro de Francia, Raymond Poincaré, iba a visitar al rey Alfonso XIII en Madrid, acompañado de una nutrida representación de políticos y representantes comerciales franceses, y ambos se trasladarían después a Cartagena, donde Poincaré iniciaría un 'viaje de estado' por el Mediterráneo. 

Raymond Poincaré (1860-1934) se convirtió en el noveno presidente de la República Francesa el 21 de enero de 1913. Desde el primer momento de su mandato se vió enfrentado a dos problemas de política exterior igualmente cruciales. Por un lado Alemania estaba desplazando a Francia como país hegemónico de la Europa Continental, sobre todo tras su alianza con Rusia: París seguía siendo la 'ciudad de la luz' en el aspecto cultural, pero políticamente era cada vez menos influyente. Por otro lado, el poder colonial de Francia en el Mediterráneo Oriental estaba seriamente amenazado, tanto por los movimientos independentistas como por la creciente influencia italiana en Siria y Líbano, que se unía al poderío económico de Gran Bretaña en esta zona. Poincaré tenía por tanto que elegir entre sus intereses 'continentales' y 'coloniales', enfrentarse al eje Alemania-Rusia o al eje italo-británico.

Poincaré optó por centrarse en los problemas del Mediterráneo, aunque esto implicara un cierto acercamiento a Alemania (lo que repercutió en los primeros momentos de la Guerra Mundial que estallaría en julio de 1914) y el 3 de octubre inicia una visita a España que incluye varios días de festejos en Madrid antes de dirigirse a Cartagena, donde Poincaré se embarca para visitar personalmente algunas de las colonias francesas en el Mediterráneo, incluyendo Marruecos, donde las posiciones de Francia y España eran de colaboración en algunos aspectos y de tensión disimulada en otros muchos. 

Lógicamente esta visita crea grandes expectativas, y la organización de los festejos con que se agasajará a Poincaré se convierte en el principal asunto de la política española, pasando por encima incluso de las elecciones parlamentarias. El Conde de Romanones, el presidente del Consejo de Ministros de España, llega a declarar a la prensa tras una reunión con el rey el 2 de octubre que -aunque se trataron diversos temas-: "En cuanto a la política interior, poco, porque [...] ahora es la visita del presidente de Francia lo que nos preocupa. Pasado el viaje, los asuntos políticos empezarán el desenvolvimiento que les es debido y que la opinión espera. En seguida que transcurra este breve paréntesis, esto es, que se marche Poincaré, pondré a la firma de Su Majestad el decreto de convocatoria de las Cortes". Y termina su intervención ante la prensa diciendo -segun recoge el periodista de ABC- "Y nada más -concluyó el presidente- Poincaré y sólo Poincaré"1

Existen muchas crónicas periodísticas de este concierto 'de gala', tanto en España como en Francia, pero me voy a remitir a Le Figaro (30/09/1913) describiendo los actos previstos, porque la posición del comentarista Guillén respecto a los dos conciertos programados, el 'de gala' en el Teatro Real y la 'fiesta española' del Teatro de la Zarzuela, es muy significativa de que en 1913, como ahora, no siempre era la música clásica lo más apreciado:

[…] En Madrid mismo, el programa incluye otras solemnidades artísticas, como la gala en el Teatro Real. Durante esta velada musical se escuchará a los eminentes virtuosos Granados y Fernández Bordas, bien conocidos en París, y la excelente Orquesta sinfónica (la Lamoreux madrileña) bajo la dirección del maestro Arbós, cuyo talento es tan apreciado en el extranjero. Se interpretarán las mejores obras españolas, entre ellas las Escenas andaluzas de Bretón.2 El esplendor de la sala, una de las más amplias y bellas de Europa, en contraste con el aspecto exterior del teatro, la magnificiencia del palco real, el lujo de los baños, resaltarán el brillo de esta fiesta. 

Pero el espectáculo teatral más agradable sin ninguna duda para los visitantes franceses será el que organizará, en honor de los consejeros y delegados comerciales parisinos, el ayuntamiento madrileño en el Teatro de la Zarzuela. Se dará una fiesta española que ofrecerá a los huéspedes franceses una magnífica representación de toda España en su diversidad de tipos, costumbres, danzas y cantos regionales tan variados. Se aplaudirá a la banda municipal de Madrid en las composiciones más populares, a las dos primeras estrellas más famosas en la actualidad, la gitana Pastora Imperio y la encantadora bailarina La Argentinita, además de a los mejores coros y grupos de baile de Andalucía, de Aragón, de Cataluña, de Valencia, países vascos y de Galicia. [...] A la variedad de los trajes sobre el escenario se unirá el aspecto de la propia sala con los palcos adornados con mantones de Manila y tapices de Goya y coronados de mantillas españolas, porque todas las espectadoras llevarán el elegante tocado nacional. 

Al día siguiente, Le Figaro3 comenta principalmente la parte social del concierto del Teatro Real, los asistentes, la decoración, y los discursos y actividades realizadas por el rey, Poincaré y los cortesanos, pero también dice que: "La representación incluyó un concierto ejecutado por la Orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la dirección del maestro Arbós, con el concurso de los señores Bordas y Granados. La ejecución fue perfecta. [...] En programa los maestros españoles Pérez Casas, Bretón, Arbós, Albéniz, y los maestros franceses Saint-Saëns, Berlioz, Chabrier y Debussy." Guillén, el cronista de Le Figaro, no acertó del todo con los autores interpretado.

El programa completo del concierto incluyó en la primera parte El aprendiz de brujo de Dukas; 'A mi tierra' de la Suite murciana de Pérez Casas; el Rondó caprichoso para violín y orquesta de Saint-Saëns (solista, Fernández Bordas); y Marcha húngara de la Condenación de Fausto de Berlioz. En la segunda parte sonaron La procesión del Rocío de Turina; el Concierto nº 5 para piano y orquesta de Saint-Saëns (solista, Granados); y España de Chabrier. En la tercera parte se incluyó el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy; la serenata En la Alhambra de Bretón; el Tango para violín y orquesta de Arbós (solista, Fernández Bordas); y dos obras de Abéniz: El Puerto y Catalonia 

Pero lo más importante ya había ocurrido unas horas antes: aprovechando el viaje a Toledo, Alfonso XIII, Poincaré, Romanones y otros destacados políticos franceses y españoles de la comitiva habían hablado del tema de Marruecos. Y aunque antes del viaje algunos esperaban que se llegase a un tratado formal: "el resultado de la visita presidencial no será el tratado formal que algunos esperaban, pero por lo menos una entente moral, una intimidad, como la han calificado los dos jefes de Estado, también eficaz porque se traducirá en medidas prácticas" Y gran parte de la prensa europea analizó esta visita de Poincaré desde perspectivas políticas muy variadas. 

Notas

1. ABC. 3/10/1913. Madrid, año 9, nº 3032, pp 12-13

2. Le Figaro. 30/09/1913. París, año 59,  nº 273, p 2

3. Le Figaro. 9/10/1913. París, año 59,  nº 282, p 2

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.