Estados Unidos

Una fantástica sinfonía fantástica

Gustavo Gabriel Otero

lunes, 5 de noviembre de 2018
Nueva York, lunes, 15 de octubre de 2018. Carnegie Hall. Isaac Stern Auditorium / Ronald O. Perelman Stage. Orchestre Révolutionnaire et Romantique. Simon Callow (narrador), Ashley Riches (bajo-barítono), Michael Spyres (tenor), National Youth Choir of Scotland. Dirección del Coro: Christopher Bell. Obras: Hector Berlioz: Sinfonía Fantástica, op. 14 y Lélio, o el retorno a la vida, op. 14 bis. Dirección musical: Sir John Eliot Gardiner.
Gardiner en el Carnegie Hall © Sthephanie Berger, 2018

La emblemática sala del Carnegie Hall -inaugurada en 1891 y desde 1960 propiedad de la ciudad de Nueva York- es por antonomasia la sala de conciertos de la gran manzana. Por su escenario pasaron desde María Callas a los Beatles, de Louis Armstrong a Plácido Domingo, de Jessye Norman a Liza Minnelli. Su programación alterna grandes orquestas, música de cámara, recitales, pop, jazz y música étnica, en una parábola que va del barroco al estreno mundial. En este caso se presentó la Orchestre Révolutionnaire et Romantique que fundó sir John Eliot Gardiner en 1989 en dos programas monográficos dedicados a Héctor Berlioz.

En el segundo de ellos se ofreció un doble programa formado por la Sinfonía Fantástica (o episodios de la vida de un artista) y Lélio o el retorno a la vida, que corresponden a los opus 14 y 14 bis de la obra del emblemático compositor francés. 

No es común encontrar un programa de concierto en el cual la ejecución de la Sinfonía Fantástica y de Lélio se ofrezca en forma conjunta como lo dispuso el auto. A esto se suma la utilización de instrumentos de la época del compositor, lo cual le dio al programa mayor interés con el agregado de una batuta de fuste y una orquesta especializada en el período.

El maestro Gardiner -uno de los pocos mitos vivientes de la dirección orquestal- condujo a la orquesta resaltando con refinamiento cada acorde de la Sinfonía Fantástica con amplio conocimiento del estilo, con tiempos vivaces y excelencia interpretativa, donde cada sección derrochó sutileza, lirismo, y fuerza.

Rêveries-Passions sonó espectral, el segundo movimiento -un Bal- fue concebido por Gardiner casi como un mini-concierto para cuatro arpas (fueron dispuestas por delante del director) y trompeta. El tercer movimiento resultó de asombrosa perfección mientras que los dos últimos sonaron espectrales y terroríficos. El uso del figle u oficleido y del serpentón le da a la composición un carácter más burlesco que cuando se usan simplemente los instrumentos modernos. El famoso Dies irae sonó inquietante o como proveniente de otro mundo. En todo momento se lucieron las cuerdas por su extraordinario empaste, la precisión de los vientos y las maderas y la perfecta percusión. 

Los aspectos positivos se reiteraron en la segunda parte, a pesar de la menor calidad musical de la obra, que igualmente se escucha con notable interés por su forma distinta y ser expresión de un manifiesto artístico donde lo musical y lo intelectual van de la mano. 

En Lelio el actor Simon Callow ofició de narrador con los textos traducidos al inglés -el idioma de la mayoría de la concurrencia- aunque hubiese sido preferible el original francés y proyectar sobretítulos. Fue muy ajustada la intervención del National Youth Choir of Scotland Mientras que las voces del bajo-barítono Ashley Riches y del tenor Michael Spyres en sus breves intervenciones tuvieron buena proyección, adecuada intencionalidad y adecuado estilo francés. 

Así pasaron la conjunción de monólogos, el tema de la idea fija ya utilizado en la Fantástica, la balada del pescador de Goethe, el coro de sombras, de la felicidad y de los bandidos (en francés), el arpa solista y hasta el piano a cuatro manos para culminar con una fantasía sobre La tempestad de Shakespeare cantada en italiano.

En suma: una noche con una fantástica versión de la Sinfonía Fantástica de Berlioz y su poco habitual complemento, Lelio.

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