Francia

Estreno importante, fecha especial

Jorge Binaghi

lunes, 29 de octubre de 2018
París, domingo, 14 de octubre de 2018. Opéra de Paris, Palais Garnier. Bérénice (Creación mundial, 29 de septiembre). Libreto y música de M. Jarrell sobre la tragedia homónima de Racine). Dirección escénica: Claus Guth. Escenografía: Christian Schmidt. Vestuario: Chr. Schmidt y Linda Redlin. Luces: Fabrice Kebour. Video: Rocafilm. Intérpretes: Bo Skovhus (Tito), Barbara Hannigan (Berenice), Ivan Ludlow (Antíoco), Alastair Miles (Paulino), Julien Behr (Arsace), y Rina Schenfeld (Phenice). Orquesta y coro (grabado: maestro: Alessandro Di Stefano) de la Opéra de Paris. Director: Philippe Jordan
Bérénice de M. Jarrell © Monika Rittershaus, 2018

Creo una política acertada en una conmemoración como los 350 años de la Opéra proponer contemporáneamente en una sala un icono de la casa como Les Huguenots y en la otra el estreno de una nueva obra, y, siguiendo la tradición, sobre un texto de uno de los clásicos franceses por antonomasia que ha inspirado otras óperas en el pasado. 

Sobre todo si se trata de algo más que un título para ‘cumplir’ con un éxito ‘discreto’. No sé, no soy astrólogo y no estoy seguro de no equivocarme en un terreno tan resbaladizo como la creación de una ópera contemporánea, si esta Bérénice tendrá largo recorrido o no. Lo que sí me parece es una propuesta honesta, creíble, aceptable e interesante. Seguramente pasa mejor la segunda parte (se da sin intervalos porque dura noventa minutos aproximadamente, y no se notan) en la que hay más ‘enfrentamientos’ o si se quiere acción dramática. 

En La clemenza di Tito el libreto recoge en una frase todo el problema que expone Racine ‘Berenice partí’. Aquí estamos ante una de esas tragedias morales entre deber público y pasiones privadas (legítimas en este caso, lo que hace todo más insoportable y arduo). 

Jarrell ha trabajado con gran libertad de espíritu sin atenerse a una escuela o un modo de composición, y con la complicidad de Jordan, que dirigió extraordinariamente a la orquesta, su música adquirió calidad y color dramático. Supongo que el hecho de que adaptara él mismo el texto de Racine también tiene algo -positivo- que ver. No entendí muy bien su decisión de que el personaje de la confidente de la protagonista sea un rol hablado y en hebreo para recordar la procedencia de la soberana y remarcar su calidad de ‘diversa’, ‘extranjera’ en la orgullosa Roma que exige -a través de quiénes lo sabemos, qué iba a exigir el pueblo romano- a su soberano que tome por esposa a ‘una de las nuestras’ (o más bien, de las suyas… cualquier recuerdo de un célebre film sobre la mafia no es casual).

Era la quinta y penúltima representación y el teatro estaba lleno, nadie marchó y al final hubo mucho aplauso (el compositor no se presentó ante el público) para todos los intérpretes, que se lo merecieron. Pero vayamos por partes. 

Guth estuvo -una vez no es costumbre como dicen en Francia- comedido; los trajes eran intemporales pero no molestaban y el espacio escénico eran tres habitaciones que comunicaban entre sí: las de los extremos para Tito y su secretario y para Berenice y Phenice; en el medio y pasando de unos a otros están Antíoco y Arbace y luego todos interactúan en el cuarto central. Un verdadero ‘huis clos’ con las voces del pueblo que llegan de bastidores y grabadas (buena intervención, aunque corta, del coro). Buenas luces, interpretaciones sensatas que no esquivan excesos físicos por el dolor que sienten los personajes (por la misma razón , Paulino apenas manifiesta sentimientos -el burócrata del poder, que no reconoce épocas- y Phénice sólo algo más por ser la voz que expresa la ‘sabiduría’ de un pueblo milenario). Miles cumple aquí, en Paulino, su mejor actuación, la que mejor le va a su voz y características. No conocía a Schenfeld, pero me pareció una actriz notable de voz sumamente persuasiva. Bien en el rol menor de Arsace Behr. 

Queda el triángulo amoroso. Ludow es el tercero en discordia y aunque estuvo muy bien al principio lo encontré algo descontrolado vocalmente. La pareja protagonista-antagonista son Berenice y Tito. Naturalmente, siguiendo también una buena tradición, Jarrell escribió pensando en las voces de que iba a disponer, en particular para los roles centrales. Y acertó plenamente con un pero. De sobras conocidas son las dotes histriónicas y vocales de Hannigan, que habrá terminado exhausta por el desafío vocal y actoral. Pero sus famosos agudos, sobreagudos y filados (todos magníficos) hicieron que su parte fuera la menos inteligible aun leyendo los títulos (y no se trata de una cantante que no domine la lengua en que canta, por lo que pienso que eso se debió a la tesitura del rol).

Hacía mucho que no oía a Skovhus, pero lo encontré pletórico como actor y cantante. Es cierto que aquí no hay una línea de canto que mantener y que hay frases declamadas, pero la voz parece mantener su vigor con un color ligeramente más opaco. Y si su canto fue muy bueno, su sufriente Tito expresado con todo el cuerpo fue memorable. 

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