Discos

De la ópera al musical

Raúl González Arévalo

viernes, 2 de noviembre de 2018
Renée Fleming: Broadway. Canciones de Guettel ("The Light in the Piazza" de Fable), Hammerstein (“Something Wonderful” de The King and I), Sondheim (“Children Will Listen” de Into The Woods; “The Glamorous Life” de A Little Night Music), Rodgers y Hammerstein (“Wonderful Guy” y “Loneliness of Evening” de South Pacific; “The Sound of Music” de The Sound of Music), Pasek y Paul (“So big/So small” de Dear Evan Hansen), Tesori y Crawley (“Lay Down Your Head” de Violet), Porter (“Down in the Depths” de Red, Hot and Blue), Kander y Ebb (“Love and Love Alone/Winter” de The Visit), Bock y Harnick (“Dear Friend” de She Loves Me), Yeston (“Unusual Way” de Nine), Wilsson (“Till There Was You” de The Music Man), Lloyd Webber y Black (“Tell Me on a Sunday” de Song and Dance), Sting (“August Winds” de The Last Ship), Kern y Hammerstein (“All The Things Your Are” de Very Warm for May). Renée Fleming, soprano. Leslie Odom Jr., tenor. BBC Concert Orchestra. Rob Fisher, director. Un CD (DDD) de 65 minutos de duración. Grabado en Power Studio NYC, Nueva York (EEUU) y Abbey Road Studio, Londres (Reino Unido) en enero y mayo de 2018. DECCA 483 4215. Distribuidor en España: Universal

Tras el anuncio de que Renée Fleming abandonaba la ópera representada, los medios de comunicación, especialmente los americanos, se hicieron eco inmediatamente de su decisión de volver a pasar por las tablas de Broadway con Carousel en abril de este año. La presencia de la soprano que ha encarnado el ideal lírico americano de las últimas décadas se convirtió en el acontecimiento de la temporada, con el cachet que aportaba precisamente su estatus de mito de la lírica. 

En realidad, se trataba de una vuelta a los orígenes, una música que siempre ha tenido cerca. De hecho, aunque Estados Unidos es prácticamente la única potencia actual en la que la creación operística sigue viva, si hay un género genuinamente americano ese es, precisamente, el musical. De modo que se podría considerar que la Fleming está prestando(se) un homenaje con obras genuinamente americanas. En realidad, tampoco es nada raro, si tenemos en cuenta el rosario de recitales de canción latina o napolitana que parecen paso obligado para tenores iberoamericanos e italianos. Aunque con una diferencia importante: en esas grabaciones los cantantes “tenorean” la música, distorsionando su estilo y su naturaleza. Y un punto en común: las discográficas suelen editar esos álbumes como productos más ligeros, menos serios, y no suelen incluir las letras. Aquí tampoco. Pero, de la misma manera que imagino a los no hispanoparlantes echándolas de menos, por más que el inglés sea la primera lengua extranjera hablada se podría cuidar la cuestión y ofrecer los textos en inglés para otros oyentes. Como explicación, solo se me ocurre pensar en expectativas de ventas realmente bajas en Europa por el programa, a pesar del tirón de la diva.  

Probablemente algunos se sorprendan al ver que la gran Renée, en la mayoría de las ocasiones, deja de lado la impostación lírica propia de la ópera para cantar con una voz natural, acorde con el estilo que requieren la mayoría de las canciones. El resultado es mucho más auténtico que cuando, por ejemplo, Samuel Ramey o Thomas Hampson, han cantado y grabado el mismo repertorio. Con todo, cuando comparte pista con Leslie Odom Jr. en la canción de Into The Woods, la diferencia vocal y de técnica se hace valer, quedando un tanto desequilibrado el resultado final. Pero se trata de una cuestión puntual, en la mayoría de ocasiones hay una adhesión prácticamente total a las necesidades del género, la dicción es inmaculada y el fraseo y el acento tienen una intención dramática apropiada, incluyendo el sentido absolutamente edulcorado de algunos números . Por otra parte, el resultado también suena equilibrado porque hay nuevos arreglos orquestales, más suntuosos que los originales, probablemente más acordes con su voz, de modo que no resulte excesivamente opulenta en un contexto instrumental más sencillo. Personalmente encuentro más logrados los números cuanto menos artificio, vocal y musical, presentan. 

Eso sí, por más que la voz de la Fleming siga siendo un instrumento glorioso, y la aligere e ilumine para prestarla a Sor Maria, el encanto y la sencillez genuina de Julie Andrews sigue siendo absolutamente inalcanzable en The Sound of Music.

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