Italia

¿Otro gran maestro italiano?

Jorge Binaghi

martes, 6 de noviembre de 2018
Milán, miércoles, 28 de noviembre de 2018. Teatro alla Scala. Wagner: Idilio de Sigfrido. Rachmaninov: La isla de los muertos. Debussy: Preludio a la siesta de un fauno. Scriabin: Poema del éxtasis. Orquesta Filarmónica de la Scala. Dirección: Lorenzo Viotti. Temporada sinfónica.
Lorenzo Viotti © Teatro alla Scala, 2018

De paso rápido por Milán pude asistir al primero de los  tres conciertos (mismo programa, y al parecer siempre con muy buena presencia de público. Me descubro) con los que se presentaba ‘formalmente’ en la sala del Piermarini (había trabajado en gira en el extranjera con la Orquesta de la Academia del Teatro) el jovencísimo (28 años) Viotti. Que hace honor a su apellido y tal vez incluso le de mayor lustre. Sólo se me ocurre de su generación, y con algunos años más, el nombre de Michele Mariotti, que como él se ocupa de ópera y conciertos, para hacer esos inútiles e inevitables parangones… 

El caso es que este muchacho tiene un aplomo y seriedad (puede ser que esto último, pese a su apostura, lo preserve de las tentaciones del marketing) increíbles, y al parecer ha sintonizado con los no siempre fáciles profesores de la orquesta escalígera de un modo formidable. Hay sonrisas, complicidad, entre ellos (en particular parecía feliz con uno de los chelos y con las violas), comparte el éxito (nunca había visto en cada obra que el director señalara tanto a los solistas con más responsabilidad. El primer violín hasta parecía confundido), pero también un trabajo profundo que se revela en una mirada, en un gesto imperceptible (es muy reservado, pero no inexpresivo; al contrario, la sonrisa de entusiasmo que exhibe o el modo de lanzar el tronco en los momentos más ‘arrebatadores’ no sólo confirman su juventud sino más bien un talante frente a la música que merece destacarse). Dirigió las dos obras más ‘breves’ sin batuta y las diversas entradas al principio del Wagner fueron clarísimas, así como el fraseo de la obra de Debussy resultó quizás menos sensual de lo que podía esperarse porque reservó al contraste entre la flauta y el grupo de cuerdas una tónica muy marcada no exenta de ironía en estos últimos que le dio a la célebre página una frescura nueva (también en el uso de los silencios demostró su dominio). La partitura, salvo quizás en Scriabin, le sirvió sólo de apoyo, y así logró una traducción memorable, de acuerdo con el ‘relato’ que Rachmaninov realizó de un cuadro simbolista (el homónimo de Arnold Böcklin) con un crescendo y una inquietud angustiante (excelente la trompa solista).

Lo mismo ocurrió con la obra de Scriabin, autor con el que yo tengo mis dificultades -obviamente la culpa es de mis limitaciones- que tuvo una traducción paroxística sin casi respiro salvo un breve momento antes del final (curioso éxtasis por cierto para un autor ‘espiritual’) y que como por sí misma causa efecto -una de las cualidades de Viotti es no buscarlo en absoluto- fue una clausura brillante muy aplaudida (incluso por el propio Riccardo Chailly que estuvo presente en todo el concierto. No es poco compartir honores con él y con Mehta entre otros entre las batutas de este ciclo). Es raro que no haya ofrecido un bis. En todo caso, ya el programa propuesto revela la clase. No buscó un éxito fácil con alguna obra larga muy conocida o de alguien muy conocido usando algún ‘relleno’ y/o algún concierto para instrumento solista y orquesta. Y la forma del ‘poema sinfónico’ no es precisamente la más popular ni la que garantiza el éxito más fácil. Se dice que pronto volverá al Teatro, al parecer para dirigir una ópera, y de ser posible allí habrá que estar. Entretanto, y no sólo porque haya sido vencedor del concurso de Cadaqués, aconsejo no perderlo de vista. Como otra de sus ‘originalidades’ hay que citar que, además del obligado estudio del piano, los otros instrumentos en que se ha especializado son…la percusión…..y…el canto. Una figura muy interesante, sin lugar a dudas.

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