Argentina

Sólo las voces: 'Las Estaciones' de Haydn en Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

martes, 6 de noviembre de 2018
Buenos Aires, viernes, 2 de noviembre de 2018. Teatro Colón. Joseph Haydn: Die Jahreszeiten (Las Estaciones). Oratorio en cuatro partes. Texto de Gottfried vanwieten inspirado en el poema 'Les saisons' de James Thomson. Solistas: Daniela Tabernig (Hanna), Carlos Ullán (Lucas), Hernán Iturralde (Simón). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección musical: Carmen Moral.
Carmen Moral © Ara Gürel

En una temporada que incluye específicamente un abono de conciertos sinfónico-corales en el cual se ofreció el Stabat Mater y la Petite Messe Solennelle de Rossini además de la Messa da Requiem de Verdi, esta versión del oratorio Las Estaciones (Die Jahreszeiten) debería haber sido programado en ese Ciclo y no en los abonos de ópera; máxime teniendo en cuenta que la temporada lírica oficial sólo incluye siete títulos. 

Ofrecido en la historia del Colón sólo en dos oportunidades (1939, con Kleiber, y en 1964, con Louis Soltesz) y alguna esporádica vez más por otras entidades musicales en otros ámbitos, la vuelta a la vida de la obra resultó, finalmente, una correcta decisión de programación aunque reiteramos debió haberse ofrecido fuera de los abonos de ópera. 

Esta obra de madurez de Haydn se trata de un oratorio secular que se plantea como una sucesión de escenas de la vida campestre y precisamente del paso de las estaciones: comenzando por la primavera y finalizando con el invierno. Tres personajes se alternan con el coro en los distintos números que no tienen específicamente un hilo argumental.

La versión, con su más y con sus menos, fue muy correcta teniendo su punto más alto en los solistas y dentro de ellos a la soprano Daniela Tabernig y en el más bajo la anodina dirección musical de la maestra peruana Carmen Moral.

Tres de los mejores cantantes de nuestro medio encarnaron a Hanna, Simón y Lucas y en ello la dirección artística acertó plenamente. La soprano Daniela Tabernig aportó su bellísimo registro lírico, su sutileza en la búsqueda de claroscuros expresivos y su depurada línea de canto, además de su potencia y su exquisita presencia escénica. El tenor Carlos Ullán es un especialista en ese repertorio y se lució por su compenetración y homogeneidad en el registro. El barítono Hernán Iturralde aportó aplomo expresivo, belleza vocal, dicción inmaculada y perfecta intencionalidad en el decir.

Buena labor cumplió el Coro Estable aunque se podría pedir un poco más de adaptación al estilo. Es cierto que un coro de ópera debe poder abordar un repertorio que abarca más de 400 años e innumerables estilos; pero cuando la mayoría de sus actuaciones se centra en un repertorio que sólo va de la mitad del siglo XIX a principios del siglo XX se hace difícil abordar una obra no operística de alrededor de 1800.

La directora peruana Carmen Moral ofreció una lectura básica de la obra con gestualidad imprecisa que redundó en una versión plana y con varios desajustes. Sin dudas una falla notoria de programación. Dentro de este contexto la orquesta respondió razonablemente y es dable mencionar la labor en el clave de Manuel De Olaso.

En suma: una obra que se escucha con simpatía y de cuya interpretación sólo sobresalieron los tres solistas vocales.

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