Bajo la alfombra de Enrique Granados

49] Colegas y contrincantes (I). Otros pianistas en el comienzo de Granados

Maruxa Baliñas

viernes, 16 de noviembre de 2018
Enrique Granados en 1890 © Ilustración Musical Hispano Americana

Muchas veces se ha relacionado el triunfo de Ludwig van Beethoven como pianista en Viena hacia 1794-95 con el hecho de que no tenía apenas competencia. Todos los grandes pianistas que habían triunfado en los años anteriores habían fallecido o se habían ido a trabajar a Praga, París, Londres, etc. Al pobre Enrique Granados le pasaba exactamente lo contrario. Había muchos pianistas en Barcelona –y ya no digamos en París- en los años en los que estaba intentando asentar su carrera. Incluso en Madrid, donde la situación era un poco más fácil, tampoco consiguió situarse como él esperaba. Aunque Granados era un gran pianista, así lo reconoce la crítica desde su debut, y triunfó, pero no le fue fácil y tuvo siempre encima la sombra de Joaquín Malats y de Ricardo Viñes, que eran considerados superiores a él. Y eso si miramos la competencia local, porque como las comunicaciones con París eran fluídas, a Barcelona llegaban los grandes pianistas del momento con gran facilidad. No pretendo en estos artículos hacer un análisis sistemático de la situación, sino simplemente presentar a algunos de los pianistas que compitieron con Granados y en qué circunstancias.

Grandes estrellas

Aunque no tenemos datos concretos que nos indiquen si Granados frecuentaba los conciertos instrumentales durante su adolescencia y antes de irse a París, teóricamente pudo tener ocasión de admirar a algunos de los grandes pianistas del momento en Barcelona. En 1881 actuaron allí, con unos meses de diferencia, Anton Rubinstein* y Sophie Menter (1846-1918, alumna de Tausig, von Bülow y Liszt), quien fue la primera pianista femenina que impresionó a los barceloneses. Su actuación el 25 de noviembre de 1881 recibió una reseña entusiástica en La Vanguardia:

Vamos a dar cuenta, según ofrecimos, de la agradable fiesta que anteanoche tuvo lugar en la gran fábrica de pianos de los señores «Bernareggi, Gassó y Cía en honor de la eminente pianista Mme. Sofía Menter, otra de las notabilidades artísticas que de poco tiempo acá han visitado Barcelona, y que reconociendo el mérito del citado establecimiento por sus inmejorables pianos, se han ofrecido a tomar parte en un concierto.

Con ansia era esperado éste conociendo el público el mérito de la artista por el feliz éxito que sus anteriores en el teatro Principal habían alcanzado, de tal manera que desde primeras horas de la noche la calle de Poniente, punto donde se encuentra establecida la fábrica, viose invadida de gran número de personas que acudían a la atenta invitación recibida del activo gerente de la misma don José Gassó y Marti, y que al penetrar en el patio se viera agradablemente sorprendidas, no solo por el buen gusto que en el arreglo había presidido, sino por la magnífica luz eléctrica que despedían dos grandes lámparas allí colocadas.

Poco antes de las nueve comenzó el concierto, estando el salón completamente lleno y recibiendo la concurrencia a Mme. Menter con grandes aplausos al presentarse en el mismo. El programa que la notable pianista de la Real e Imperial Corte Austro-Húngara interpretó era muy escogido, figurando obras de autores como R. Schumann, Chopin, Henselt, Schubert y Liszt. Su ejecución limpia y acertada puso de nuevo en evidencia, así sus especiales condiciones de concertista como la bondad del piano en que fueron tocadas, que era excelente, de media cola, y cuya segura y perfecta afinación así como sus excelentes voces demostraron que la fama de la concertista y la de los pianos de dicha fábrica son con justicia adquiridas.

Todas las piezas fueron colmadas de aplausos al terminarlas Mme. Menter, especialmente la fantasía de Liszt sobre motivos del Don Giovanni de Mozart, en cuya ejecución desplegó cuantas condiciones pueden exigirse para que reconozcamos en ella al primer pianista-hembra. Durante largo rato no cesaron los llamamientos al salón para saludar a la heroína de la fiesta, retirándose más tarde los convidados, entre los que figuraban distinguidas familias de Barcelona, completamente satisfechos y agradeciendo al señor Gassó el haberles proporcionado nueva ocasión de recibir obsequios como los de admirar allí en un mismo año a Antonio Rubinstein, primeramente, y a Sofia Menter en aquellos momentos.

Las dependencias del establecimiento producían no solo el agradable efecto de siempre, sino mayor aun porque en todas había sido instalada la luz eléctrica, de que hemos hablado, por la Sociedad Española de Electricidad consiguiéndolo en un plazo de poquísimos días merced al celo y entusiasmo que, animan a las inteligentes personas que se encuentran hoy al frente de la misma. Plácemes merecen, y en esta nueva ocasión de hacerlo no debemos escaseárselos en manera alguna.

Ya el concierto había terminado y la mayoría de los concurrentes hallábanse fuera, cuando el señor Gassó, en el concepto de gerente del establecimiento, obsequió a Mme. Menter, a varias personas distinguidas y de su amistad particular y a los representantes de la prensa local diaria con una cena perfectamente servida por el acreditado Restaurant Martin, en cuyo desempeño estuvo a la altura en que como primer establecimiento en su clase ha sabido colocarse. El menú no pudo ser mejor combinado.

Próximamente cincuenta serian el número de personas que se sentaron a la mesa, teniendo Mme. Menter a su derecha al estimable Cónsul general de Alemania en esta plaza, monsieur Richard Lindau, y a su izquierda al reputado crítico musical del colega decano, señor Fargas y Soler. El señor Gassó, vis a vis de la pianista, estaba muy bien acompañado entre dos bellas damas. Las horas discurrieron sin advertirlo en medio de la mayor animación y armonía, deseando todos llegase el momento de los brindis, siendo el primero del señor Gassó, que en frases oportunas y bien sentidas dio a Mme. Menter las gracias por la honra que con su presencia había dispensado al establecimiento que con tanto acierto dirige, sin olvidar un recuerdo para el famoso Rubinstein, cuyo nombre, a escitacion [sic, promovido por] del citado señor Fargas y Soler, figurará en una gran lápida colocada en el salón de conciertos de la fábrica, unido al de la pianista reina de la fiesta a que asistíamos.

Elocuentemente, y en idioma castellano para que la mayoría de los presentes le entendieran, brindó Mr. Lindau a nombre de Mme. Menter, manifestando que sus compromisos con la Casa Erard le habían privado de tocar los pianos de la fábrica de Bernareggi, Gassó y Cía. en sus anteriores conciertos, siendo muy aplaudido; también el señor Saco del Valle, secretario particular del señor Vidal y Llimona, usó de la palabra lo propio que el señor Xifra, ingeniero de la Sociedad Española de Electricidad. A nombre de la prensa hízolo nuestro compañero del Diario señor Boñigas, con mucho acierto, siguiéndole los señores Roca y Roca, Riera y Bertrán y otro que no recordamos de los de la prensa, así como el conocido fabricante de papel señor Font que dirigió en alemán un caluroso brindis a la autora de la velada musical.

Las dos y media de la madrugada eran cuando nos retiramos de aquel clásico centro de la música, donde en varias ocasiones hemos podido admirar a los notables artistas que Barcelona ha albergado, y haciendo votos porque nuestro estimado amigo el señor Gassó y Martí continúe recibiendo para su fábrica felicitaciones y elogios tan autorizados como los que últimamente le han prodigado con tanta justicia Sofía Menter y Antonio Rubinstein.—F. F.*

En diciembre de 1882 se presentó en el Teatro Principal, y no era su primera visita a la ciudad, el pianista francés M. Planté (1839-1934), quien volvió en 1889

CONCIERTO PLANTÉ. Atraído por el justo renombre que en el mundo musical goza Mr. Planté como pianista, un tan numeroso como escogido público llenó ayer tarde [17 de mayo de 1889] por completo, el espacioso salón del restaurant del Parque, afanoso de oír las melodías que arrancara al piano que la casa Erard puso a disposición del distinguido pianista. Constituía el programa que éste ejecutó números de compositores tan conocidos como Beethoven, Mozart, Chopin, Rossini, Rubinstein. etc.

No haremos la presentación de quien al ser conocido universalmente como gran pianista, no la necesita, o huiremos igualmente de toda comparación entre su modo de ejecutar y el de otros pianistas que gozan de justa fama también y hemos tenido ocasión de oír. Solamente diremos que vemos en Mr. Planté una manera propia que al ejecutar hace que sólo se parezca a sí mismo y que las notas que arranca a las cuerdas cautivan tanto por su nitidez como por el melódico sentimiento de que van impregnadas.

Tanto en las piezas a piano solo como en las que le acompañó la ajustada orquesta que dirigió el maestro Goula*, fue Mr. Planté muy aplaudido, distinguiéndose especialmente en la primera parte, en la Romanza de Mozart y en la ejecución del Andante Spianato y Polonesa de Chopin, en el que con tal destreza superó las dificultades de ejecución e hizo filigranas tales que le valieron frenéticos bravos y aplausos del público.

Todos los números de la segunda parte fueron también muy aplaudidos y especialmente la Marcha fúnebre de Chopin y la Danza húngara de Porahanis, que tuvo que repetir para acallar las palmadas que resonaron en el salón.

Terminado el programa correspondió monsieur Planté, con galantería suma, a las demostraciones de que acababa de ser objeto, despidiéndose con un hermoso valz de Rubinstein y con la dificilísima Tarantela de Gottschalk que verdaderamente arrebató al público que por largo rato le aclamó.

La concurrencia, entre la cual se admiraban las más distinguidas damas y hermosas jóvenes de nuestra sociedad, se lamentaba con voz unánime de que este concierto fuera el único y no el primero de una serie*.

Francis Planté (1839-1934) se convirtió en alumno de Marmontel en París en 1849 y pocos meses después, con sólo once años, ganó el Primer premio de piano. Fue contratado por el violinista Alard para su trío junto al violonchelista Franchomme. En 1853 vuelve al Conservatorio de París para estudiar armonía con Bazin. En 1854 debuta en la Sala Pleyel de París, pero poco después se retira durante diez años para estudiar. Desde 1864 se convierte en uno de los grandes pianistas franceses. Realizó arreglos para piano, que se hicieron populares, de música de Gluck y Mozart. Después de 1918 se convierte en uno de los grandes intérpretes de Ravel, Debussy y Albéniz.

Estrellas de la misma galaxia

Mucho más preocupante para Granados debía ser la competencia local, que -como antes indiqué- era abundante. Quien dominaba el piano local a comienzos de la década de 1880 era “el reputado concertista Don Delfín Armengol” (fundador de la Sociedad Barcelonesa de Conciertos), aunque también eran importantes el Sr. Picó, quien además componía; y “el joven pianista señor [Francisco] Dordal”, quien también publicó algunas piezas de salón para piano. En París en 1882 estaba triunfando Pujol, un pianista formado en el conservatorio de París, quien sin embargo actuaba poco en Barcelona a juzgar por lo que dice La Vanguardia. Se destaca de él su uso de los pedales del piano, sus interpretaciones de Chopin y Beethoven y por supuesto sus composiciones propias, de las que sin embargo no se analiza nada.

Pero si nos ceñimos a la cronología de Granados, quizá deberíamos empezar con Mario Calado (Barcelona, 1863-1926). Si Granados actuó el 11 de abril de 1890 en la Sala Erard de Barcelona en uno de sus primeros conciertos públicos, y obtuvo una buena crítica en La Vanguardia, Calado consiguió lo mismo dos meses antes, en febrero, y hasta los primeros años del siglo XX son frecuentes las alusiones a Vidiella, Calado y Granados -como una trilogía- cuando se habla de los alumnos más destacados de J. B. Pujol, o de los principales pianistas de Barcelona.

Las primeras referencias que encontré de Mario Calado son de 1882 y 1883, de sus años como alumno en el Conservatorio de París:

De una correspondencia de Paris, copiamos los siguientes párrafos que, por referirse á un paisano nuestro, trascribimos con gusto:

«Hoy he tenido el gusto-de oír por primera vez al joven pianista catalán don Mario Calado, hijo de Barcelona. Ha tocado en el concierto Pasdeloup, y aquí le he conocido como artista. Hacía poco más ó menos un año que había ganado el primer premio del Conservatorio de Música, y puede decirse que la sesión de hoy ha sido la consagración popular del premio académico. Mr. Pasdeloup no prodiga sus confianzas artísticas, y cuando alguna especialidad se las pide, toma precauciones que le saquen de cuidado con respecto al resultado que la audición podrá dar. Así es que ya era una gran ventaja poderse presentar al inteligente auditorio de los famosos conciertos. El señor Calado ha tocado una polka en mi bemol de Chopin ante un numeroso público sorprendido de que un joven imberbe que apenas tiene 20 años se atreviese a pedirle su parecer. El resultado ha sido satisfactorio. Por tres o cuatro veces, durante la pieza, el público apenas ha podido contener su entusiasmo, y al terminar, ha prorrumpido en fragorosos aplausos que ensordecían. El mismo Pasdeloup aplaudía vivamente, como también muchos músicos de orquesta.

El público ha hecho salir dos veces al joven artista, cubriéndole de bravos y aplausos. No es fácil juzgar a un pianista por la audición de una sola pieza; y por esto no he formado todavía juicio de él. Pero lo que se ve enseguida es que toca con gran agilidad, con muchísima elegancia, con una destreza sorprendente, y mucho dominio del piano y de la obra que ejecuta. Sin embargo, quizá el dominio que tiene de la obra es más bien literal que sentimental. A pesar de esto, que no sería extraño, tratándose de un joven que aun no ha llegado a la edad de sentir profunda y filosóficamente las concepciones musicales; a pesar de esto, repito, por la sola y breve audición de hoy no formo concepto definitivo, y entretanto saludo en él a un ejecutor que ya es un prodigio por su edad, y que si como es de suponer, progresa, está destinado a suceder a los primeros maestros pianistas*.

Según leemos en los periódicos de París, nuestro compatriota el distinguido pianista don Mario Calado, alumno premiado en el Conservatorio de aquella capital, acaba de obtener un señalado triunfo en el concierto que dio últimamente en la Sala Erard [de París]. El señor Calado mereció por oposición la plaza de alumno del Conservatorio y es en la actualidad uno de los más aventajados pianistas en la capital de la nación vecina. Nuestros plácemes al señor Calado, y nuestro deseo sería poder aplaudirlo pronto en alguno de los teatros o salas de concierto de Barcelona*.

Justo siete años después está actuando en Barcelona y a partir de este momento la carrera de Calado es muy similar a la de Granados. Calado es algo mayor y está más asentado en Barcelona, pero ambos se presentan en las mismas salas, con programas semejantes y un éxito también similar.

Próximamente se darán dos conciertos en los salones de la Sucursal Erard. El primero lo dará el distinguido pianista señor Calado, tomando parte el profesor de arpa señor Navona y cinco arpistas y otra artista de violín. En al segundo concierto tomará parte el inteligente profesor de piano señor Vidiella*.

Y dos meses después, nuevo éxito de Calado en la misma sala en la que se presentará Enrique Granados el 11 de abril de ese mismo año

EN LA SALA ERARD. Velada very select la que se dio anoche en la Sucursal Erard [sábado 8 de febrero a las 21.00], organizada por el distinguido pianista don Mario Calado con el concurso de los señores don Dionisio Fernández, Obradors y Cuyas.

El señor Calado ejecutó en la primera parte con la pulcritud que le distingue una Sonata de Weber, un Nocturno de Field, un Menuet de Schubert, y dos romanzas de Mendelssohn, dando muestras de agilísima digitación en la Sonata apassianata de Beethoven.

A continuación revelose el señor Fernández como un verdadero virtuose con el violín con la preciosa Legende de Viewawski [Wienawski] y una mazurca de concierto de Zarzycki en la primera parte, dejando oír los Aires bohemios, de Sarasate en la segunda.

La señorita Diligeon dijo de un modo acabado y a fuer de verdadero artista el Ave María de Luzzi y una romanza de Carmen.

Finalizó el concierto con el famoso trémolo de Gottschalck ejecutado por el señor Calado con notabilísima agilidad y perfecto colorido. Con esta pieza dio pruebas el distinguido pianista de dominar por completo las mayores dificultades.

Como en todas las veladas que da la casa Erard, la concurrencia fue numerosa y selecta habiendo hecho los honores de la casa con su proverbial galantería, Mr. Diligeon y su simpática hija*.

Mario Calado estudió con Juan Bautista Pujol y en 1879 se trasladó a París para estudiar en el Conservatorio con G. Mathias. En 1881 ganó el Primer premio del Conservatorio y debutó en la Sala Erard de París. Dio giras de conciertos por Europa y América, antes de instalarse en Barcelona en 1887, donde fue muy activo entre 1887 y 1895. Siguió haciendo giras por América del Sur y dio conciertos en diversas ciudades españolas. En 1895 se retiró como concertista y se dedicó exclusivamente a la enseñanza.

Claro que no todos eran competidores, algunos también se retiraban como le pasó a Roberto Goberna (Barcelona, 1858-1934) en 1889:

El reputado profesor de piano don Roberto Goberna, que dejará de tocar desde el mes próximo el piano del café Colón, ha organizado para su despedida un concierto en el que tomarán parte varios artistas y cuyo programa lo constituirán exclusivamente piezas del señor Goberna. Dicho concierto se verificará el día 28 del actual, destinándose el producto a beneficio de Puigcercós*.

Nombres, sólo nombres

Y por si estos pianistas que he ido citando no fueran suficientes, habría que hacer un apartado más, el de aquellos pianistas de los que nada sabemos, que actúan un día y desaparecen. Los conciertos en favor de los habitantes de Puigcercós son un auténtico vivero de estas figuras. Como se trataba de conciertos benéficos, organizados por las más variadas agrupaciones y particulares, el nivel de exigencia exigido a los participantes era mucho menor que en un concierto comercial. Ya vimos que de este modo -en un concierto colectivo benéfico para Puigcercós- apareció en el Teatro Novedades de Barcelona el joven Granados en lo que pudo ser su primera actuación pública a la vuelta de París.

Y así leemos el nombre de “don Ricardo Perera, que ejecutó con maestría en el piano cedido gratuitamente por el señor Diligeon, representante de la casa Erard, la preciosa Melodía húngara, de Liszt*.

En el concierto que Granados dio el 11 de abril de 1890 en la Sala Erard fue acompañado por Trinidad Bonald*, de quien nada más sabemos.

La señorita Bonald secundó perfectamente al señor Granados en la ejecución a dos pianos de la Suite Algerienne de Saint-Saëns y la Tarantelle de Heller*.

Personas recién llegadas de París y competentes en música, nos hablan con elogio del joven pianista hijo de Barcelona Juan Oliart Irla, que hace pocos meses se trasladó á aquella capital para continuar sus estudios en el piano. Con frecuencia se le oye en los salones del Gran Hotel Central, de España y América (56, rué Lafayette), siendo objeto de grandes aplausos por parte de las familias distinguidas españolas y americanas que se hospedan en dicho Hotel. Oliart Irla es aún un niño, pues cuenta dieciocho años de edad, y si trabaja con asiduidad llegará a hacerse una reputación de primer orden*.

Otro nombre esta serie podría ser el de Matías Miquel, de quien las referencias son sumamente escasas. Pero, a juzgar por lo que publicó La ilustración musical, era un pianista de cierta importancia.

Nuestro paisano el pianista-concertista Matías Miquel dio el día 4 del corriente [junio de 1890] su concierto de despedida en el teatro del Ateneo de la capital de Rumania; asistió todo lo más selecto de la corte y de la buena sociedad y nuestro artista consiguió un verdadero triunfo. En el mismo día apareció en el periódico oficial de Bucarest un decreto nombrándole caballero de la Corona de Rumania*.

De Matías Miquel sólo he averiguado que era un pianista muy activo en el marco de la Sociedad Española de Conciertos en París y seguramente en la colonia hispano-americana de esta ciudad, y que colaboró con el pianista vasco Jesús de Santesteban (n. 1866).

Notas

1. La Vanguardia, 23 de febrero de 1881, p 4. “ERARD. El piano Erard de que Mr. Rubinstein [Antonio] se sirvió para sus conciertos en los teatros Principal y del Liceo hállase de manifiesto y en venta también en el concurrido establecimiento de música de don Pedro Tintorer, sito en la calle de Fernando, 31”

2. La Vanguardia, 26 de noviembre de 1881, p 7

3. Juan Goula (San Feliu de Guixols, 1843 - Buenos Aires, 1917)

4. La Vanguardia, 18 de mayo de 1889, p 3

5. La Vanguardia jueves, 20 abril 1882, p 3

6. La Vanguardia, 9 de febrero de 1883, p 2

7. La Vanguardia, 24 de diciembre de 1889, p 3

8. La Vanguardia, 9 de febrero de 1890, p 2

9. La Vanguardia, 17 de octubre de 1889 p 3

10. La Vanguardia, 20 de octubre de 1889, p 3

11. La Vanguardia, 15 de mayo de 1890, p 7

12. La Vanguardia, 12 de abril de 1890

12. Ilustración musical hispano-americana. 8/12/1889, n.º 46, p 6]

13. Ilustración musical hispano-americana. 30/6/1890, n.º 59, página 6]

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