Ópera y Teatro musical

Potencial barroco

Silvia Pujalte

jueves, 22 de noviembre de 2018
Jakub Józef Orliński © IMG Artists, 2018

El festival LIFE Victoria Barcelona 2018 sigue su andadura, que empezó a finales de septiembre y durará todavía hasta mediados de diciembre. Tras estupendo recital del barítono Simon Keenlyside y Malcolm Martineau en el Palau de la Música Catalana, reseñado aquí por Jorge Binaghi, el viernes 19 nos trasladamos a la sala Domènech i Montaner del Recinte Modernista Sant Pau, la sede principal del festival; era el turno de la voz menos habitual en los recitales de lied, la de contratenor. En este caso, Jakub Józef Orliński, un joven valor que dejó buenas impresiones. La voz menos habitual de los recitales de lied tiene su hábitat natural en la música barroca, tal vez por eso el programa era mixto; empezamos con Händel y Purcell y terminamos con Händel y Vivaldi (este ya fuera de programa) enmarcando mélodie y canción polaca. 

El aria inicial de Händel, Inumano Fratel ... Stille amore, nos permitió apreciar una voz con un timbre muy bonito y con muy buena técnica, una buena impresión que confirmaron las cuatro piezas de Purcell. Son un caso atípico de obras barrocas que se han ido infiltrando en los recitales de canción gracias a arreglos como los de Benjamin Britten, por ejemplo; en este caso, sin embargo, los arreglos eran del mismo pianista que acompañaba el contratenor, Michał Biel (también un joven valor de la misma edad que el cantante, veintisiete años). Un buen trabajo, tanto en estas obras como en el resto de adaptaciones, bien resuelto y bien interpretado. Las cuatro piezas, cuatro highlights con todo merecimiento, desde Sweeter than roses hasta Strike the viol, estuvieron entre los mejores momentos del recital. El reencuentro con el barroco al final del concierto, con Agitato da fiere tempeste y las dos propinas de Vivaldi (de las que no les puedo decir el nombre) confirmó el potencial del cantante.

Si algún pero se puede poner a la interpretación de estas obras es una cierta frialdad, contagiada al pianista; una frialdad que tal vez (sólo tal vez) no molesta cuando hablamos de música barroca pero sí afecta a la recepción de la canción. Como decía al principio, Orliński está empezando su carrera; una de las cosas que seguramente da la experiencia es la capacidad de pasar prácticamente en un instante de un estilo de canto donde la voz es el centro de todo a otro donde la voz se ha de poner al servicio de las palabras, y ya me perdonarán la simplificación. Las cinco mélodies de Reynaldo Hahn estaban menos interiorizadas que las piezas anteriores (significativamente, las partituras aparecían y desaparecían de las manos del cantante según cantara canción o ópera) y las delicadas, casi etéreas canciones de Hahn, À Chloris o L'heure exquise, por ejemplo, piden una sutileza y una vinculación con los poemas de las que, en mi opinión, carecieron. Todo llegará.

La segunda parte del programa estaba centrada en canciones de tres compositores polacos, un repertorio que sólo podemos escuchar en directo cuando nos visita un cantante polaco, como es el caso de Orliński o el de Piotr Beczala hace unos meses en el Palau de la Música. Así que cuando tengamos ocasión de catar canción polaca, celebremoslo! En este caso, los compositores elegidos eran Karol Szymanowski, Tadeusz Baird y Paweł Łukaszewski. De Szymanowski escuchamos las cuatro primeras de las Doce canciones de Kurpie, su último ciclo, publicado en 1934. Se trata de un ciclo de canciones de origen popular, muy atractivas por sus melodías alejadas de nuestra tradición y por su armonización sofisticada; un buen ejemplo de ello fue la tercera, Uwoz, mamo.

El bloque más logrado de esta parte del concierto dedicada a la canción fue el de Baird, los bellos Sonetos amorosos, interpretados, ahora sí, con más expresividad por Orliński y Biel. Cuatro de los magníficos sonetos de Shakespeare son el punto de partida de esta obra, compuesta originalmente para barítono y orquesta, que merece una mejor difusión; si me permiten el consejo, apunten el título para cuando tengan oportunidad de escucharlo. Este ciclo, escrito unos veinte años más tarde que el de Szymanowski, daba paso a la última canción, compuesta en 1992 por Łukaszewski; era la primera de un ciclo de tres que invitaba a escuchar las otras dos. Pero de esta canción otoñal, tan adecuada para una tarde lluviosa como aquella, pasamos nuevamente a la música de hace tres siglos, y de eso ya hemos hablado...

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